Aventuras en la India británica y Afganistán

Making Of 174
Making Of 174

Análisis del potencial didáctico de The Man Who Would Be King (El hombre que pudo reinar, John Huston, 1975) para trabajar el imperialismo colonial en 4º de la ESO (Geografía e Historia) y 1º de Bachillerato (Historia del Mundo Contemporáneo).

 

 

FICHA

Dirección: John Huston
Nacionalidad y Año de producción: Inglaterra y Estados Unidos, 1975
Duración: 129 min.
Interpretación: Sean Connery (Daniel Dravot), Michael Caine (Peachy Carnehan), Christopher Plummer (Rudyard Kipling), Saeed Jaffrey (Billy Fish), Larbi Doghmi (Ootah), Jack May (Comisionado de distrito), Karroom Ben Bouih (Kafu Selim), Mohammad Shamsi (Babu), Albert Moses (Ghulam), Shakira Caine (Roxanne)
Producción: John Foreman
Guion: John Huston y Gladys Hill, a partir de la historia de Rudyard Kipling
Música: Maurice Jarre
Fotografía: Oswald Morris
Montaje: Russell Lloyd
Diseño de producción: Alexandre Trauner
Dirección artística: Tony Inglis
Vestuario: Edith Head
Productora: Persky-Bright Productions y Devon Pictures

SINOPSIS

Lahore (Punjab, India Británica), 1887-1888. Peachy Carnehan llega maltrecho a la redacción de The Northern Star, donde trabaja Kipling. La acción retrocede entonces a su primer encuentro en 1885-1886, cuando Peachy le robó el reloj a Kipling en la estación y al darse cuenta de que era un hermano masón (por el colgante con la escuadra, el compás y el ojo) se metió en su compartimento para devolvérselo. Ambos conectan enseguida y el granuja le pide que transmita un mensaje a su amigo Daniel Dravot, que pasará en ocho días por Marwar Junction, enlace en el que Kipling tiene que hacer trasbordo sin falta, ya que va a Jodhpore (este tramo se completó en 1885, lo que permite precisar la cronología de la diégesis). El día convenido, Dravot le confiesa que van a sobornar al rajah de Degumber diciendo que son corresponsales de The Northern Star. Kipling los denuncia para protegerlos y son interceptados en la frontera.

Tras una elipsis indeterminada, Carnehan y Dravot se presentan en la redacción del periódico en plena noche declarando que quieren convertirse en reyes de Kafiristán para saquearlo. Kipling les advierte de los riesgos: nadie ha ido allí desde Alejandro Magno y una expedición que lo intentó recientemente nunca regresó; a pesar de todo, firman un contrato en el que se comprometen a no tomar alcohol ni tener relaciones con mujeres hasta conseguirlo. Los dos parten del mercado de Lahore, con una caravana comercial, disfrazados de un sacerdote loco (Danny) y su sirviente (Peachy). Kipling entrega a Dravot el colgante de su reloj como amuleto. Tras pasar el Khyber se separan del grupo, cruzan el río Pushtukan agarrados a pieles de cabra infladas y engañan a cinco afganos para hacerse con sus mulas. Mientras atraviesan el Hindu Kush un desprendimiento les corta el paso, pero un oportuno alud lo recompone milagrosamente.

Ya en Kafiristán, ofrecen a Ootah, el jefe de Er-Heb sus servicios (traen 20 rifles) para vencer a todos sus enemigos. Un gurkha apodado Billy Fish (el único superviviente de la expedición que nunca regresó) ejerce como su intérprete y los ayudará a adiestrar para el combate a los hombres de Er-Heb y de todas las tribus que vayan derrotando. Enseguida prescinden de Ootah, al que los suyos cortan la cabeza (la emplean para jugar al polo, según costumbre local).

En plena batalla una flecha alcanza a Danny que salva la vida gracias a la bandolera de cuero oculta bajo el uniforme. Los nativos lo adoran como a un dios, el hijo de Sikander, que es como llaman a Alejandro Magno. Carnehan propone aprovechar el equívoco para facilitar la conquista, pero Kafu Selim, el gran sacerdote de Kafiristán, envía una delegación para llevarlos a la ciudad de Sikander, donde intenta comprobar la naturaleza divina de Danny; en el momento preciso, el colgante del reloj de Kipling les salvará la vida (el ojo coincide con la imagen del dios de Sikander). Dravot es coronado y le entregan el tesoro que dejó Alejandro Magno.

Los dos amigos planean abandonar Kafiristán en verano; mientras, Danny administra justicia y Peachy dirige la construcción de un puente. Pero el nuevo rey decide quedarse y tomar esposa (Roxana) para perpetuar su dinastía. Durante la ceremonia, Roxana muerde a Danny y la herida pone en evidencia su naturaleza humana. Los indígenas atacan: Billy Fish muere en pleno combate y Danny, obligado a cruzar el puente recién construido, se precipita al vacío cuando cortan las amarras de sujeción cantando el himno militar The Son of God Goes Forth to War (Reginald Heber, 1812).

La acción regresa a 1887-1888. Peachy termina su relato: él fue crucificado pero sobrevivió todo un día y lo dejaron marchar. Finalmente entrega a Kipling la cabeza coronada de Danny

 

Actualmente la lógica de la economía y la empresa lo controla todo, incluyendo, como no, el ámbito educativo: desde la evaluación por competencias impuesta por la OCDE hasta el controvertido enfoque temático en Historia de la LOMLOE, pasando por las técnicas de marketing desplegadas por las metodologías didácticas más innovadoras; cambios todos acordes con la priorización del «saber hacer» sobre el «comprender». Parece que se quiere inculcar en los jóvenes la consigna de reemplazar «¿por qué?» por «puesto que…», tal y como se predica en Alphaville, la ciudad distópica de Godard (Alphaville, une étrange aventure de Lemmy Caution, Lemmy contra Alphaville, 1965). La utilización en el aula del cine de reconstrucción histórica posee cuatro virtudes fundamentales que pueden contribuir a superar esta rémora:

a) Ofrece una representación de los rasgos distintivos (visuales, sonoros e ideológicos) de un determinado periodo (a través de sucesos históricos o ficticios) más envolvente que la que nos proporcionan la pintura, la fotografía o la novela.

b) Favorece la identificación de los alumnos con los personajes de la película a través de la empatía, lo cual propicia la comprensión de determinadas actitudes, fruto de la lógica de otras épocas y mentalidades, que hoy les pueden parecer absurdas o simplemente incomprensibles.

c) Implica de lleno la idea de proceso, capital en la disciplina de la Historia, a través de una doble dimensión temporal: la de la producción de la película y la de la diégesis que en ella se desarrolla (puede ser triple si el filme se basa en un texto literario escrito en un momento intermedio).

d) Proporciona una visión particular de los hechos históricos que debe ser objeto de análisis, diálogo y debate en el aula, en relación con la información aportada por el profesor, el libro de texto de la materia y otros documentos.

Propuesta didáctica

Si aplicamos a El hombre que pudo reinar el marco teórico sobre el planteamiento historiográfico de las películas diseñado por Hueso (1991, pp. 13-24) enseguida convendremos que se trata de una novelización de tradición romántica (es la adaptación de un relato homónimo de Kipling) en la que se enfatizan los matices aventureros (espíritu promovido por las exploraciones geográficas colonialistas), aunque se mantiene en todo momento el equilibrio entre ficción e Historia, a diferencia de lo que sucede con otro tipo de cine que incurre incluso en planteamientos fantásticos. Ambos factores hacen que el filme que nos ocupa resulte especialmente apropiado para Secundaria Obligatoria y Bachillerato.

El relato literario vio la luz en 1888, integrado en la compilación de cuentos de Rudyard Kipling (1865-1936) The Phantom Rickshaw and Other Eerie Tales, y la película de Huston se estrenó en 1975 (la versión definitiva del guion es de noviembre de 1974)¹, coincidiendo con la recta final de la descolonización, con un Imperio Británico de las Indias (Raj británico) escindido: la India, Pakistán y Birmania eran independientes y soberanas desde 1947, y la India permanecía plenamente integrada en la Commonwealth (Birmania se había salido en 1948 y Pakistán en 1972), asociación de estados independientes vinculados con Inglaterra y entre sí por intereses comunes derivados de su condición de antiguas colonias.

Inevitablemente, por tanto, existen diferencias, alteraciones, contrastes, etc. entre una y otra obra fruto del diferente momento en que fueron concebidas, lo cual permitirá volver sobre la película en diferentes momentos del curso (fundamentalmente al abordar la descolonización).

En cualquier caso recomiendo una cierta prudencia a la hora de trabajar con el texto literario en el aula. The Man Who Would Be King es un relato ambiguo y complejo. La película de Huston en cambio es más clara y directa, ya desde un punto de vista estrictamente narrativo2, además generalmente en ella aparecen sobredimensionados los aspectos históricos más interesantes.

El devenir de los protagonistas de El hombre que pudo reinar permite analizar en profundidad los factores (científico, político, económico, demográfico y cultural) y las fases (exploración geográfica, conquista, organización colonial y explotación económica) del imperialismo colonial, cuya edad dorada transcurre entre 1870 y 1914. No es posible vincular las consecuencias del imperialismo en sentido estricto con la empresa de los personajes (debido a su fracaso), aunque sí con el escenario del que parten: la India británica.

El hecho de que el análisis de los factores o causas que animaron a las metrópolis europeas a conquistar y explotar territorios lejanos permita ya adelantar en buena medida lo que implicaron las fases de la colonización, e incluso sus consecuencias, nos ha movido a articular todos estos aspectos bajo un único epígrafe: «Los factores del imperialismo a través de El hombre que pudo reinar».

La estructura analítica será la misma para cada uno de los cinco factores apuntados: breve referencia del factor a nivel genérico, estudio más amplio en relación con el contexto histórico y geográfico de la película (Imperio británico, la India y Afganistán en la segunda mitad del siglo XIX) y aspectos de la película en los que se observa de forma más clara y aprovechable.

Los factores del imperialismo a través de El hombre que pudo reinar

Como ya se ha comentado, el filme de Huston posee un enorme potencial didáctico que aquí vamos a analizar a través de cinco núcleos temáticos que se corresponden con los factores tradicionales del imperialismo.

  • Científico

El gusto por la exploración y la aventura provocó la aparición de numerosas Sociedades Geográficas en la segunda mitad del siglo XIX. La exploración es la primera fase del colonialismo, ya que permite determinar si interesa conquistar un territorio.

El explorador más famoso de la época fue David Livingstone, que comenzó su andadura por África del Sur como médico misionero en 1840 y en pocos años se convirtió en un personaje habitual de la prensa de toda Europa y América. En 1857 publicó por encargo de la Real Sociedad Geográfica británica un libro que recogía todas sus experiencias y descubrimientos (Missionary Travels and Researches in South Africa), que en 1861 conoció una versión en clave divulgativa (A Popular Account of Missionary Travels in South Africa). Sus dos siguientes viajes al continente africano ya los haría como explorador profesional, el segundo para encontrar el nacimiento del Nilo por encargo de la Real Sociedad Geográfica en 1865; fue entonces cuando se le perdió la pista durante años y The New York Herald organizó una expedición comandada por el periodista Henry M. Stanley, que lo halló en 1871.

Las exploraciones científicas tuvieron un importante desarrollo en la India a lo largo de todo el siglo XIX. En 1767 se había creado una agencia encargada de cartografiar y topografiar el territorio (Survey of India) para consolidar las posesiones de la Compañía Británica de las Indias Orientales, que a principios del siglo XIX dominaba ya gran parte del territorio de lo que a partir de 1858 sería el Raj Británico. En los años treinta y cuarenta se desarrolló el meticuloso trabajo de topógrafos como William Lambton y Sir George Everest. Los oficiales de la Survey emplearon a nativos entrenados para explorar las regiones más allá de la frontera de la India británica (pundits).

El camino a Kafiristán. «Kipling’s Punjab». Pinney, T. (Ed.) (1986). Kipling’s India: Uncollected Sketches 1884–88. McMillan.

Kafiristán (en árabe «Tierra de los infieles») era una región al este de Afganistán (hoy la provincia de Nuristán) fronteriza con la India británica, de la que la separaba la cordillera del Hindu Kush, con picos de más de 5.000 metros. Las altas montañas se cubren de nieve en invierno y en primavera el deshielo provoca repentinas crecidas de los ríos de la cuenca del Indo, como el Kabul. Estas barreras naturales permitieron a los kafirs permanecer refractarios al Islam casi hasta el siglo XX, a pesar de encontrarse en la zona privilegiada de la expansión musulmana3.

Desde la segunda mitad del siglo XIX se multiplicaron las expediciones que partían de la India británica para documentar la zona limítrofe con Kafiristán. La penetración efectiva resultaba muy complicada, ya que además de las barreras naturales y la posibilidad de toparse con tribus guerreras existían importantes restricciones del gobierno para moverse por tierras afganas, de ahí que gran parte de los exploradores fueran oficiales y sus expediciones se realizaran en el marco de las guerras anglo-afganas (a las que más adelante nos referiremos), como la del mayor H. C. Tanner: «una expedición científica plagada de peligros y aventuras al interior de las montañas donde habitan los «infieles vestidos de negro» («Sia-posh Kafirs»), al norte de Jalalabad», según el diario londinense The Times del 1 de agosto de 1879 (Schuyler, 1966, p. 54). Aunque no faltaron los aventureros que agudizaron su ingenio para sortear todas estas trabas, como el geógrafo de la Survey of India William S. McNair, que atravesó la frontera disfrazado de médico musulmán acompañado de dos pundits.

Actualmente se considera que la primera expedición que penetró en Kafiristán fue la del coronel Lockhart (1885-1886), aunque sus hallazgos no se publicaron hasta 1889; y el primer estudio sistemático lo llevó a cabo el médico y político Sir George Scott Robertson durante la década siguiente.

El mayor reto del viaje: la cordillera del Hindu Kush

En el relato de Kipling, Carnehan y Dravot consultan A Personal Narrative of a Journey to the Source of the River Oxus, by the Route of the Indus, Kabul, and Badakhshan (1841), del reconocido militar y explorador John Wood, así como sendos trabajos sin identificar de los oficiales Henry W. Bellew y Henry G. Raverty (expertos en las lenguas y la cultura afganas), algunos mapas y la voz «Kafiristán» de la Enciclopedia Británica (Kipling, 2003, pp. 45-46). Las informaciones sobre los kafirs que aparecían en este tipo de documentos procedían de testimonios indirectos de exploradores nativos e insistían en su apariencia europea (los consideraba descendientes de las tropas de Alejandro Magno) y la belleza de sus mujeres, su creencia en un solo dios (aunque adoraban a diferentes ídolos) y su condición de tribus guerreras hospitalarias con los visitantes. De estos documentos en la película solo aparecen el enorme mapa que consulta Kipling y la Enciclopedia Británica, en la que Carnehan lee (23’ 53”):

Kafiristán: 10.000 millas cuadradas de territorio. Terreno montañoso. Religión desconocida. Población desconocida. Conquistado el 328 a. C. por Alejandro. Según el historiador griego Herodoto derrotó al ejército del rey Oxiartes, con la hija de este rey, Roxana, seguidamente se desposó.

El viaje de los dos amigos, que cruzan ilegalmente la frontera disfrazados (como McNair), aparece muy sobredimensionado con respecto al relato, y se desarrolla en tres episodios memorables: cruce del río Pushtukan (nombre inventado por los guionistas), encuentro con los cinco afganos, y el más grandioso de todos, el paso del Hindu Kush, del que salen con vida gracias a su sentido del humor (se burlan de su propio destino). Un viaje pues de cientos de kilómetros a pie, en camello y en mula, atravesando ríos y montañas, parangonable a los del propio Livingstone.

Danny y Peachy disfrazados como un sacerdote loco y su criado.
  • Político

Según la lógica imperialista tener colonias proporcionaba prestigio y convertía en gran potencia al estado que las poseía. Se desarrolló así la idea de que las grandes potencias debían tener territorios por todo el mundo. Inglaterra fue el único estado europeo que consiguió configurar un imperio colonial en sentido estricto, con una presencia notable en todos los continentes. Su principal eje de expansión se desarrolló entre el sur y el norte de África (de El Cabo a El Cairo) y la enfrentó con Francia, pero la compra de las acciones del canal de Suez al pachá de Egipto gracias a una rápida maniobra del primer ministro conservador Benjamin Disraeli en 1875 permitió a Inglaterra controlar la ruta más corta hacia la India, su colonia más preciada. Así se abrieron para ella las puertas de un nuevo eje de expansión a través de Asia central, escenario en el que ya chocaba con la Rusia zarista, en busca de una salida al mar, en una competición conocida popularmente como «Gran Juego» («Great Game»). Una célebre caricatura publicada por la revista humorística londinense Punch en 1878 muestra al emir afgano Sher Ali Khan acorralado por un oso («Rusia») y un león («Inglaterra») sobre la siguiente petición: «Save me from my friends». Afganistán tuvo una situación política muy inestable durante la mayor parte del siglo XIX, sometido a constantes enfrentamientos familiares y tribales4; de hecho se podía considerar más una expresión geográfica que un estado hasta la llegada al poder de Abdur Rahman Khan en 1880, quien entre 1895 y 1896 lograría además someter a Kafiristán, cambiando su emblemático nombre de «Tierra de los infieles» por el de «Tierra de la luz» (Nuristán).

Viñeta cómica inglesa de 1878 sobre la situación de Afganistán.

Inglaterra se enfrentó con los afganos en tres guerras entre 1839 y 1919. En el curso de la segunda (1878-1880), el gobierno conservador pensó seriamente en la posibilidad de partir Afganistán para poder controlarlo fácilmente, y los militares, encabezados por el mayor general Frederick Sleigh Roberts5, avalaban esta política intervencionista frente al enemigo ruso. En 1880 el mayor R. Gordon dirigía una carta al editor de The Times manifestando la necesidad de entablar relaciones amistosas con Kafiristán, un pueblo afín a los europeos (descendiente de las tropas de Alejandro Magno) que, al ser maltratado y despreciado por sus vecinos musulmanes, podría resultar un valioso aliado bajo la protección de Inglaterra, ya que le proporcionaría un ejército de miles de valientes guerreros (tras la formación militar adecuada) para defender la zona de sus enemigos afganos y rusos (Schuyler, 1966, pp. 40-42).

Frederick S. Roberts en 1883.

Rusia llegó a alcanzar un acuerdo con Inglaterra sobre la definición de una frontera norte con Afganistán en 1884, pero su expansión hacia el sureste al año siguiente provocó una fuerte crisis diplomática (incidente de Panjdeh). Roberts, ahora comandante en jefe de la India, consideraba el Hindu Kush como el principal escenario estratégico y era partidario de potenciar las comunicaciones con las tribus fronterizas, de acuerdo con la máxima de que «no hay mejores instrumentos civilizadores que las carreteras y las vías del ferrocarril» (Barthorp, 1986, p. 98). En 1893, el año de su cese como comandante en jefe, se consiguió ampliar el extremo oeste de la India trazando una línea, la «Durand Line» (apellido del Secretario de Asuntos Exteriores de la India que la pactó con el emir afgano), que dividía a las incontrolables tribus pastunes.

En el relato literario de Kipling se proporcionan algunas claves sobre este contexto geopolítico. Dravot explica sobre uno de los mapas de la redacción que conocen el camino hasta Jagdallak (paso que atraviesa la cordillera del Hindu Kush hacia Kabul), donde lucharon con el ejército de Roberts, entonces mayor general, durante la segunda guerra anglo-afgana (Kipling, 2003, p. 46). Como ya se ha comentado, Wood, Bellew y Raverty, autores de los otros documentos que los dos aventureros consultan, eran militares, lo cual demuestra el interés del gobierno inglés por el estudio geográfico de cara a la posible incorporación de nuevos territorios, misión encomendada a oficiales adecuadamente formados. Sobre el texto de Bellew en concreto se especifica que está contenido en una carpeta de la inteligencia británica, del United Services Institute (Kipling, 2003, p. 46). Pero la referencia más explícita aparece cuando, tras insistir en la condición racial de los kafirshan nacido para ser ingleses»), Dravot exclama: «¡Doscientos cincuenta mil hombres, listos para hacer picadillo el flanco derecho de Rusia cuando intente atacar la India!» (Kipling, 2003, p. 76), en relación a sus planes sobre el ejército que están formando, planteamiento afín con las intenciones de Roberts y Gordon.

No debemos olvidar que la diégesis del relato tiene como marco, aunque no se mencione explícitamente, el periodo 1882-1887, durante el que Kipling trabajó como editor ayudante en la Gaceta Civil y Militar (Civil and Militar Gazette) de Lahore, capital del Punjab (provincia fronteriza con una permanente acumulación de tropas), al regresar a la India con dieciséis años (Kipling había nacido en Bombay pero lo mandaron a formarse a Londres). En 1885 ingresó en una logia masónica (antes de tener la edad preceptiva) y visitó la frontera noroeste (Peshawar y el paso Khyber)6.

El paso Khyber, escenario de la segunda guerra anglo-afgana años atrás.

En la película la voice over de Carnehan evoca la importancia estratégica como paso fronterizo del Khyber (28’ 04”): «La última vez que Danny y yo habíamos atravesado el paso Khyber fue combatiendo metro por metro. El general Bobs [apodo de Roberts] luego nos llamó héroes. Pero eso fue hace años y los tiempos han cambiado». Billy Fish explica que vino con la expedición del coronel Robertson (inventada por los guionistas) (44’ 37”), es decir, con un oficial al frente de una expedición geográfica.

Tanto en el relato como en la película, los personajes explican a Kipling que quieren ser reyes de Kafiristán: su plan es valerse de su experiencia militar para ampliar los dominios del primer rey que encuentren y luego reemplazarlo.

Más adelante Dravot expresa su interés por integrarse en el Imperio británico, aunque en este caso existe una diferencia sustancial entre el texto literario y el fílmico. En el primero el personaje explica: «cuando todo estuviera bajo control [militar] me arrodillaría y le ofrecería mi corona, esta que llevo ahora, a la reina Victoria, y ella diría: «Levantaos, sir Daniel Dravot»» (Kipling, 2003, p. 77); mientras en el segundo, tras contarle a Peachy que quiere fundar una nueva dinastía, es decir, casarse, manifiesta: (1h. 38’ 18”): «Yo construiré un país, con su himno y su bandera. Trataré de igual a igual a virreyes, reyes, príncipes... y el día que haya cumplido mi misión me presentaré ante la reina, no me arrodillaré porque seré su igual, y ella dirá: «Te ruego que aceptes la Orden de la Liga como prueba de mi estima, primo». Y me la pondrá ella misma».

La diferencia es clara: en el texto literario se plantea la incorporación de una colonia al Imperio británico; en la película, da la sensación de que Dravot está hablando de la inclusión de Kafiristán como estado autónomo en una organización del tipo de la Commonwealth.

  • Económico

Los países europeos necesitaban encontrar materias primas para proseguir su desarrollo económico. Las colonias eran además nuevos y exclusivos mercados en los que vender sus productos.

La presencia inglesa en la India data del siglo XVI, cuando se formó la Compañía de las Indias Orientales (1600), corporación privada integrada por un grupo de burgueses que consiguió permisos de la Corona para realizar operaciones comerciales entre la India y Europa. El triunfo de la Revolución Industrial en la segunda mitad del siglo XVIII potenció el interés por el territorio, ya que proporcionaba infinidad de materias primas, entre las que destacaban el té, la seda y muy especialmente el algodón, necesario para el sector textil (el primero en desarrollarse). Las materias primas eran trasladadas a la metrópoli para transformarse en productos elaborados, una parte de los cuales volvía a la colonia, sellando su perpetua dependencia (pacto colonial que impedía el desarrollo del sector secundario). La India fue pues la principal colonia de explotación británica, de ahí el interés mostrado por su conservación y el miedo ante una posible invasión rusa. En la segunda mitad del siglo XIX era conocida como «la joya de la corona de la reina Victoria» («the jewel in Queen Victoria’s crown»), que fue nombrada en 1876 «emperatriz de la India» por iniciativa de Disraeli. En ese momento la India formaba parte de una extensa red comercial que recorría todos los continentes sustentada en la exportación de capitales (la mitad de las inversiones británicas en el exterior).

Kafiristán podría haber sido también una colonia de explotación británica, aunque las barreras naturales y la climatología harían muy complicado instaurar una línea de suministros estable, así como el intercambio propio del contrato colonial.

En la carta del mayor R. Gordon (Schuyler, 1966, pp. 40-42) antes mencionada se esgrime como una razón adicional para «acercarse» a los kafirs la riqueza de la zona, en la que predominan las valiosas antigüedades griegas y los recursos minerales (rubíes), agrícolas (vid) y forestales. Aunque Gordon no lo mencione explícitamente habría que destacar también el oro de las montañas: según el relato, en un sitio llamado Shu había tanto «como sebo en la carne de cordero» (Kipling, 2003, p. 67).

En la película de Huston las antigüedades tienen un protagonismo casi absoluto a través del tesoro de Sikandergul (ciudad de Alejandro Magno) (1h. 26’ 31”), que incluye todo tipo de joyas y utensilios de oro y piedras preciosas, así como cofres llenos de gemas sin tallar. Dos rubíes gigantes llaman poderosamente la atención de Carnehan y Dravot, que enseguida planifican la cuestión del reparto y el traslado del tesoro, momento especialmente interesante a nivel didáctico porque posee un carácter metonímico, desvelando cómo se podría organizar la explotación de Kafiristán a gran escala y de forma estable (1h. 30’ 14”):

Carnehan: Tenemos bastantes mulas, gracias a Dios, y soldados que lo defiendan si es preciso.
Dravot: ¿En qué mes estamos?
Carnehan: En enero, me parece, o quizá en febrero… marzo, abril, mayo, junio… cuatro meses de monzón de invierno y…
Dravot: ¡Cuatro meses! ¿Qué haremos mientras tanto?
Carnehan: Contar nuestro tesoro, dividirlo por dos… no te olvidaremos, Billy…; y dividirlo por los años que nos quedan.

Danny y Peachy inmersos en el tesoro de Sikander.
Dos rubíes que quitan el hipo.

Otros recursos como la agricultura y la ganadería aparecen en la película de forma indirecta, a través de la bebida alcohólica que Ootah les ofrece en Er-Heb, seguramente vino (51’ 11”), y los conflictos entre los nativos de la región que Dravot resuelve dictando leyes (1h 31’ 18”): un hombre ha acaparado todo el ganado de su pueblo porque su mujer le es infiel reiteradamente y cada vez que esto sucede el implicado debe pagarle una multa de 6 vacas (según costumbre kafir); un nativo pide permiso para atacar a otro pueblo porque al suyo se le han incendiado las reservas de grano.

Aunque relato y película coinciden en la intención de los protagonistas (ser reyes de Kafiristán) y la estrategia diseñada para lograrlo, existe una diferencia de matiz entre ambos que afecta de lleno al factor que ahora nos ocupa. Mientras en el texto literario Dravot apunta: «Después subvertiremos a ese rey, nos apoderaremos de su trono y haremos una dinastía» (Kipling, 2003, pp. 44-45), en la película el personaje dice (20’ 50”): «Le quitaremos el trono y saquearemos el país de punta a punta». El hecho de resaltar el factor económico presentando el expolio como la única razón de ser del imperialismo está en clara consonancia con la mentalidad de los años setenta del pasado siglo, pero es incompatible con la de los súbditos británicos de finales del siglo XIX.

  • Demográfico

El imperialismo coincidió con un crecimiento explosivo de la población (transición demográfica). Muchos países aliviaron sus problemas de sobrepoblación y paro enviando gente a sus colonias, donde escaseaba la mano de obra europea. Entre 1848 y 1911 la población inglesa pasó de 27 a 42,5 millones y se generaron 17 millones de emigrantes (Fernández, 2006, p. 277). La mayoría de ellos se dirigieron a los dominios autogobernados de Canadá, Australia y Nueva Zelanda o a los EE.UU. Otros probaron suerte en la India, que entre 1859 y 1865 incrementó notablemente su población británica, fundamentalmente colonos agrícolas, misioneros y empleados de la administración (Harper, 1999, p. 78). La mayoría de los oficiales del Ejército Indio tenían poco prestigio social (hasta 1872 era necesario pagar para entrar en el ejército británico, salvo en tiempos de guerra o para ir a la India) (Mitchell, 2009, p. 277).

La imagen de la Inglaterra Victoriana (1837-1901) como una fase de prosperidad económica estable debe ser matizada. Entre 1875 y 1894 se frenó en seco la expansión y la tasa de crecimiento bajó al 1,5%, lo que suponía un descenso del nivel de vida al quedar por debajo del crecimiento de la población, además la hegemonía británica comenzó a verse amenazada (Fernández, 2006, pp. 270-271). Durante este periodo se incrementó el número y la influencia de los defensores del factor demográfico (Harper, 1999, p. 76). Incluso detrás de la fase de mayor expansión económica (1850-1870) se oculta una sociedad en la que un porcentaje escandalosamente elevado de personas vivía en una situación lamentable: según un estudio de 1867, 6,5 millones no llegaban a las 100 libras de ingresos anuales (Fernández, 2006, p. 277).

A finales del siglo XIX la India era la colonia más extensa del Imperio británico, ya que incluía los territorios de tres países actuales: Paquistán, la India y Bangladesh; además en 1886 se incorporó Birmania. Según Krishnan la población de la India cuando empezó su actividad la Compañía de las Indias Orientales era de unos 100 millones de habitantes, manteniéndose más o menos estable hasta la segunda mitad del siglo XIX, periodo en el que se produjo un crecimiento explosivo: el censo de 1881 contabiliza nada menos que 255 millones (Krishnan, 2010), estimulado por el desarrollo de la industria moderna y la unificación política, que también impulsaron el proceso de urbanización y el crecimiento de las ciudades, tanto de los tradicionales núcleos portuarios del comercio colonial (Calcuta, Bombay, Madras y Karachi) como de otros nuevos surgidos de la expansión del ferrocarril (Jamalpur, Waltair y Bareilly).

La India superpoblada y saturada de finales del XIX.

En lo que respecta a Kafiristán, el territorio no ofrecía muchas posibilidades como colonia para recibir población, ya que era extremadamente árido y montañoso, quedaba incomunicado durante el invierno y estaba poblado por tribus guerreras.

Kafiristán, la tierra prometida… para conquistar y explotar.

En plena transición demográfica, nuestros dos aventureros habían buscado fortuna en la emigración a la India, recalando temporalmente en el ejército durante la segunda guerra anglo-afgana, después se quedaron sin oficio (la segunda guerra anglo-afgana supuso una presión enorme para la economía inglesa por lo que tras ella se disolvieron varios regimientos). Hay dos momentos en la película en los que el diálogo refleja especialmente bien el factor demográfico. Tras ser interceptados en la frontera, el gobernador dice a los dos granujas que deberían haber regresado a Inglaterra tras terminar el servicio, a lo cual Carnehan replica (17’ 30”): «¿Y trabajar de qué, de porteros en un restaurante, recibiendo propinas de los paisanos por buscarles un taxi una vez que tienen la tripa llena?» (alude pues a la falta de oportunidades y al paro de la metrópoli). Justo antes de confesarle a Kipling que quieren ser reyes en Kafiristán, Dravot explica: «Hemos viajado por toda la India. Conocemos sus ciudades, sus junglas, sus cárceles, sus montañas. Y hemos decidido que no es un país lo bastante grande para nosotros». Kipling indica irónicamente que eso es lo que les dijo el gobernador. Entonces Carnehan apuntala: «Por tanto, nos vamos a otro lugar, donde hay menos gente y hay más porvenir». En el relato los personajes mencionan las profesiones que han desempeñado: soldados, marineros, cajistas, fotógrafos, correctores de pruebas, predicadores, corresponsales, caldereros, maquinistas y subcontratistas (Kipling, 2003, pp. 42-43).

  • Cultural

Los europeos consideraban que su civilización era la única válida y tenían el deber moral de hacerla llegar a los habitantes de las colonias, para ellos claramente inferiores («misión civilizadora»). Gran Bretaña, apoyada en su condición de superpotencia económica, fue una de las principales metrópolis que contribuyó a la difusión de esta tesis, derivada del darwinismo social.

Como ya se ha comentado, la India estuvo durante largo tiempo administrada por una compañía privada, la Compañía Británica de las Indias Orientales, pero tras la rebelión de los cipayos (1857-1858) el parlamento decidió que la Corona asumiera el control y la India fuera gobernada por un virrey y administrada por un cuerpo de funcionarios civiles. A partir de ese momento se intensificó la unificación del subcontinente mediante el desarrollo de los medios de comunicación y transporte (ferrocarril, tendido telegráfico, prensa, etc.), el establecimiento de centros educativos al estilo europeo (la Universidad de Calcuta se fundó en 1857) y la estrecha regulación del tránsito de los productos comerciales. El inglés se transformó en el vínculo frente a la maraña de lenguas indígenas y la aplicación de los códigos occidentales debilitó la rígida estructura de castas. Las ciudades crecieron y en ellas emergió una influyente burguesía (Fernández, 2006, p. 300). En cualquier caso, el 40% de la extensión de la colonia continuó bajo el control de 500 príncipes nativos que formaron estados dependientes del Raj británico.

La India era, a ojos de los ingleses, una colonia de explotación poblada por gentes de costumbres censurables, tales como mentir, robar o maltratar a las mujeres, con un escaso sentido de la higiene. Los misioneros fomentaron la animadversión hacia las tradiciones ligadas al hinduismo, especialmente a través de la condena del suttee (práctica que consistía en quemar a la viuda viva en la pira funeraria de su esposo)7, convirtiéndolas en símbolo de la barbarie indígena. Durante su estancia en la India Kipling sintió una enorme simpatía hacia los nativos, pero consideraba que para ganarse su confianza había que «tratarlos como a niños o potrillos» y que los ingleses sólo debían enseñarles cosas útiles, como la construcción de vías férreas (Gilmour, 2003, pp. 77 y 106). Estas opiniones reflejan a la perfección la idea imperante de la necesaria y permanente supervisión británica. Uno de los mejores ejemplos es la integración de los nativos de diferentes etnias (gurkhas, marathas, sij, etc.) en el ejército. Los gurkhas habían demostrado tempranamente su valentía en diversos enfrentamientos contra la Compañía de las Indias Orientales hasta que, tras ser definitivamente derrotados en 1816, fueron reclutados como mercenarios en regimientos específicos. Su actuación al servicio de los ingleses durante la rebelión de los cipayos resultó decisiva, pasando a ser integrados en el Ejército Indio Británico en 1858.

El trato discriminatorio y la explotación económica de los nativos por parte de los ingleses propiciaron el desarrollo de un movimiento nacionalista en torno a figuras como Ranade o Pherozestah Mehta, que se canalizó a través de asociaciones de clase media en las grandes ciudades. Sus actividades culminaron con la formación del Congreso Nacional Indio en 1885, partido político que reclamaba la transformación de la colonia en un dominio autogobernado como Canadá, Australia o Nueva Zelanda. Kipling siempre sintió una enorme animadversión hacia el Congreso. A los veinte años pensaba que solo representaba a unos pocos híbridos formados en la universidad (Gilmour, 2003, p. 85).

El filme de Huston se abre con un prólogo sobre el mercado de Lahore que resume a la perfección la visión peyorativa hacia los indios a la que nos acabamos de referir: primero aparecen artesanos y comerciantes trabajando en unas condiciones impropias para un europeo, para a continuación dar paso a los rituales hinduistas que más horrorizaban a los británicos (un hombre hipnotiza a una cobra, otro se mete dos escorpiones en la boca, una mujer bebe agua hirviendo, un niño se acerca dos serpientes a la cara).

Uno de los «horribles» rituales del mercado de Lahore.

Tras la secuencia de los créditos se ofrece, en clara contraposición, un compendio de los principales avances civilizadores introducidos en la India: medios de comunicación (redacción de The Northern Star) y de transporte (el ferrocarril) y, de forma indirecta, la educación (las universidades), ya que el nativo que se sube al vagón en el que viajan Kipling y Carnehan se presenta como «Clutterbury Das, examen de ingreso en la Universidad de Calcuta, 1863; escritor de correspondencia para los analfabetos» (08’ 39”). Carnehan lo interrumpe: «Cállese», dejando clara su superioridad. El personaje enseguida empieza a comer sandía haciendo mucho ruido y escupiendo las pepitas al suelo. Un horrorizado Carnehan lo tira del vagón en marcha bajo la acusación de haberle robado el reloj a Kipling (aunque el verdadero ladrón fue él mismo el nativo lleva esa condición en su sangre y por lo tanto nadie dudará de su culpabilidad).

Esta visión peyorativa se hace también extensiva a los gobernantes de los principados nativos: los protagonistas quieren sobornar al rajah de Degumber (el mismo nombre ficticio aparece en el relato), que llenó a su suegra de pimientos, la colgó de una viga y la mató a palos, tal y como explica Dravot a Kipling en Marwar Junction (14’ 06”). En el relato se trata de la viuda del padre del rajah (Kipling, 2003, p. 32), lo cual convierte el asesinato en una especie de versión renovada y burlesca del suttee.

En Kafiristán Carnehan y Dravot intentan aplicar las mismas prácticas que los ingleses utilizaron en la India para colonizarla. Al llegar frente a las puertas de Er-Heb con su primer prisionero los indígenas los reciben con una lluvia de flechas porque piensan que son diablos; el gurkha enseguida les aclara que «son muy ignorantes» (45’ 08”). Carnehan pide ver al jefe local para empezar a instruirlo. Ootah está escondido, es un cobarde, y cuando finalmente se hace visible Dravot indica a Billy Fish que le haga creer que han caído del cielo. Ootah pregunta si son dioses y Carnehan le espeta: «Dioses no, somos ingleses que es casi lo mismo» (47’ 16”). Aunque el gurkha se había valido de su formación occidental para mantener una posición preferente entre los kafirs, al llegar Dravot y Carnehan se pone enseguida a su servicio (el hecho de que los tres pertenezcan al ejército favorece esta inmediata reconversión). Su inferioridad frente a los protagonistas queda patente en dos momentos de la película: Billy cree, como los kafirs, que Dravot es de naturaleza divina cuando la flecha que impacta en su pecho no acaba con su vida, hasta que el mismo Dravot le aclara: «se clavó en la bandolera, no fue un milagro, Billy» (1h. 08’ 18”); durante los preparativos de la boda, afirma que hay malos presagios porque «han abierto a los pájaros, están verdes por dentro y huelen mal»; en esta ocasión es Carnehan el que aporta la explicación racional: «les habrán cortado el bazo, lo verde es la bilis» (1h. 42’ 33”).

Tras ser descubierto el engaño, Carnehan libera a Billy Fish de sus obligaciones militares y lo invita a huir, pero él renuncia: «¡Soy soldado de a pie, no de caballería; el soldado Machendra Bahadur Gurung les desea buena suerte!» (1h. 55’ 46”) desenvaina su kukri (cuchillo largo curvo gurkha) y se lanza a combatir en solitario. Este comportamiento reviste un significado que va más allá de la mera lealtad, ya que de escapar el gurkha habría renunciado a una parte esencial de sí mismo, la identidad cultural adquirida al servicio de los ingleses (Brill, 1997, p. 36). En el relato de Kipling Billy Fish es el jefe del único poblado que permanece fiel a los protagonistas cuando son desenmascarados, por lo que esta faceta se difumina considerablemente. En la película se rinde pues un merecido homenaje al relevante papel que jugaron los gurkhas al servicio de los ingleses durante las dos guerras mundiales y posteriormente en el marco de la Commonwealth. Todavía hoy el emblema del regimiento The Royal Gurkha Rifles, compuesto por dos kukris cruzados bajo la corona británica, refleja la misma sumisión cultural.

Billy Fish avanza blandiendo su kukri hacia una muerte segura.
Emblema de The Royal Gurkha Rifles (RGR), actual regimiento del Ejército de Infantería Británico formado en 1994.

La materialización de la empresa civilizadora aparece en dos secuencias de la película: la del adiestramiento militar de los kafirs (53’ 57”) y la de los juicios que preside Dravot como rey (1h. 31’ 17”), que sirven, además, para ilustrar las fases del imperialismo posteriores a la exploración: conquista en el caso de la primera y organización colonial en ambas. El puente de cuerda cuya construcción dirige Carnehan, modesto equivalente a la red de ferrocarriles de la India, adquiere además carácter metonímico. En el relato el personaje cuenta que enseñaba a los indígenas «a tender puentes de cuerda sobre los barrancos que dividen el país de un modo terrible» (Kipling, 2003, p. 73). Esta importancia concedida a las comunicaciones coincide con la máxima de Roberts de que no hay mejores civilizadores que las vías de comunicación. En la película Dravot sentencia, tras informar a su amigo de que tomará esposa (1h. 38’ 13”): «El puente que estamos construyendo es el primero entre muchos, que unirán mis territorios».

Dravot administra justicia
La construcción del puente de cuerda

El puente de cuerda funciona además como una metáfora de la inestabilidad y la endeblez de cualquier empresa civilizadora: se sabe bien cuando empieza pero no cuando termina ni hasta donde debe o puede llegar; es decir, se tambalea en todo momento. Quizás por menospreciar las costumbres de los kafirs o por incumplir el contrato que firmaron en la redacción (según Carnehan), la empresa de los protagonistas se desploma estrepitosamente. El relato y la película lo expresan con la misma poderosa imagen: los nativos cortan las cuerdas del puente y Danny cae al vacío.

La caída de Dravot.

En definitiva, El hombre que pudo reinar permite abrir un intenso debate sobre los límites de la empresa civilizadora occidental (Kipling optó por los kafirs por ser muy parecidos a los europeos) que incorpore incluso la mirada irónica sobre el asunto que se desprende de algunos comentarios de los protagonistas: «A distinto país, distintas costumbres. No debemos tener prejuicios» dice Dravot a su atónito compañero cuando Ootah les ofrece a sus propias hijas para que se diviertan (52’ 24”), mientras que a continuación es Dravot el que se horroriza ante la imagen de los kafirs jugando al polo con la cabeza del prisionero y Carnehan el que lo apacigua pronunciando la misma máxima (53’ 51”). La película busca la complicidad del espectador de 1975 con este comentario casi paródico sobre el multiculturalismo, fenómeno impulsado y homologado por la Commonwealth a través del respeto a las culturas de los distintos países (antiguas colonias británicas) que formaban parte de la organización8. Expresado en forma de refrán: «De aquellos polvos vienen estos lodos».

 

Notas

1.- En realidad se trata de un proyecto al que John Huston llevaba dándole vueltas desde 1952 (Huston, 1998, p. 455), aplazado en diversas ocasiones por diferentes motivos (inicialmente Clark Gable y Humphrey Bogart iban a ser la pareja protagonista), concebido y desarrollado según los cánones del cine clásico de aventuras. Estrenada finalmente en Inglaterra y EE.UU. coincidiendo con las navidades de 1975 (en España en pleno verano de 1976), la película tuvo un discreto éxito comercial (a pesar de su intensa campaña de promoción), sobre todo si comparamos su coste (8 millones de dólares) con su recaudación (11) (Cook, 2002, pp. 326-327). No en vano, el filme más taquillero de ese año fue Jaws (Tiburón, Steven Spielberg, 1975), título dirigido a un público joven que desarrolla una concepción del espectáculo y el entretenimiento radicalmente diferente y que además se promocionó con unas novedosas estrategias mercantiles que marcarían un camino a seguir en Hollywood.

2.- Aunque el desarrollo espaciotemporal del relato literario es lineal y la película comienza por el final, estrategia muy explotada por el cine para captar la atención del espectador desde los primeros minutos, en el primero el estilo se ve afectado por el mal estado físico y psíquico de Carnehan, mientras en la segunda se le trasladan los hechos al espectador a través de una «cámara invisible», rasgo esencial del cine de Huston: «Se trata de poner la cámara al servicio de la historia, adaptarla como un guante a sus necesidades, ya sean las del cine negro, el cine de aventuras, el cine de acción o simple y sencillamente el cine de las emociones. La música, la iluminación, el color, el sonido están pensados para apoyar y potenciar la historia que es, siempre, el elemento fundamental» (Vidal, 2006, p. 38).

3.- El adjetivo «kāfir» en árabe significa «infiel». El inglés lo incorporó tal cual (plural: «kafirs») y en su variante «kafiri» (plural: «kafiris»), pero en castellano no existe ninguno de los dos, aunque sí el vocablo «cafre» (derivado de «kāfir» a través del portugués «cáfer[e]»), originalmente aplicado a los habitantes de la Cafrería (British Kaffraria), antigua colonia inglesa de Sudáfrica. Con el tiempo, y debido a las características asociadas a estos indígenas, en castellano pasó a emplearse «cafre» con las acepciones de «salvaje y cruel» y «zafio y rústico» en un sentido coloquial, según lo recoge el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. En la película se emplea el gentilicio «kafiri/is» tanto la versión original inglesa como en el doblaje castellano.

4.- En esta coyuntura se desarrollan las aventuras de Josiah Harlan, mercenario norteamericano obsesionado con Alejandro Magno que llegó a comandar un ejército de miles de hombres, adiestrados por él mismo de acuerdo con lo aprendido al servicio de la Compañía de las Indias Orientales, y a conquistar el título de Príncipe de Ghor, del que fue desposeído por Inglaterra al inicio de la primera guerra anglo-afgana (1839). Actualmente se considera que aventureros como Harlan o el ya mencionado McNair fueron una importante fuente de inspiración para Kipling.

5.- Este prestigioso militar admirado por Kipling proponía articular una segunda frontera, la «frontera científica» («Scientific Frontier»), más hacia el interior de Afganistán (desde Kashmir hasta Kandahar), necesaria para estrechar lazos con los afganos y hacer frente a los rusos (Johnson, 2003, pp. 710-714).

6.- El relato se publicó cuando ya había sido transferido a otro periódico, El Pionero (The Pioneer) de Allahabad, casi al otro extremo norte de la India, donde permaneció hasta 1889 (luego abandonó definitivamente la colonia).

7.- El suttee fue tempranamente ilegalizado por los británicos en 1829, aunque siguió celebrándose de forma clandestina, sobre todo en los estados nativos, tal y como recogió Julio Verne en los capítulos doce y trece de La vuelta al mundo en 80 días (Le Tour du monde en quatre-vingts jours, 1872-1873). La joven princesa de la novela (audazmente rescatada por Picaporte) iba obligada, pero no siempre era así, tal y como recogió Kipling en su poema El último suttee (The Last Suttee, 1899).

8.- El «polo macabro» cobra un especial sentido a este respecto si lo ponemos en relación con la X edición de los British Commonwealth Games (cuatrienales), celebrada en 1974, cuya canción oficial Join Together (Steve Allen) alentaba a la unión de las diferentes razas a través de la risa y el deporte:
«We’ve got to join together, [Tenemos que unirnos,]
let our laughter fill the air. [dejar que nuestra risa invada la atmósfera.]
It’s time for every race and creed [Ha llegado el momento de que cada raza y cada credo]
to throw away their every care. [se deshagan de sus preocupaciones.]
Let sport unite us all as one (…) [Hagamos que el deporte nos una a todos]». .

 

Referencias
  • Barthorp, M. (1986). The North-West Frontier. Britih India and Afghanistan. A Pictorial History 1839-1947. New Orchard Editions.
  • Brill, L. (1997). John Huston’s Filmmaking. Cambridge University Press.
  • Cook, D.A. (2002). Lost Illusions. American Cinema in the Shadow of Watergate and Vietnam, 1970-1979 en C. Harpole (Ed.), History of the American Cinema, vol. 9. University of California Press.
  • Fernández, A. (2006). Historia Universal: Edad Contemporánea, vol. IV. Vicens Vives.
  • Gilmour, D. (2003). La vida imperial de Rudyard Kipling. La larga retirada. Seix Barral.
  • Harper, M. (1999). British Migration and the Peopling of the Empire en A. Porter (Ed.), The Nineteenth Century, The Oxford History of the British Empire, vol. III (pp. 75-87). Oxford University Press.
  • Hueso, A. (1991). Planteamientos historiográficos en el cine histórico. Film-Historia, I(1), 13-24. https://revistes.ub.edu/index.php/filmhistoria/article/view/12150/14902
  • Huston, J. (1998). Memorias. Espasa Calpe.
  • Johnson, J. A. (2003). Russians at the Gate of India? Planning the Defense of India, 1885-1900. The Journal of Military History, 67(3), 697-743. www.researchgate.net/publication/236720497_Russians_at_the_Gates_of_India_Planning_the_Defense_of_India_1885-1900
  • Kipling, R. (2003). El hombre que quiso ser rey. Al final del camino (pp. 26-96). Destino.
  • Krishnan, P. (2010). Glimpses of Indian Historical Demography. B.R. Publishing Corporation.
  • Mitchell, S. (2009). Daily Life in Victorian England. Greenwood Press.
  • Schuyler, J. (1966). An Annotated Bibliography of Nuristan (Kafiristan) and the Kalash Kafirs of Chitral. Part One. En Historisk-filosofiske Meddelel-ser, 41(3). http://publ.royalacademy.dk/books/237/1443?lang=en
  • Vidal, N. (2006). La cámara invisible. Nosferatu. Revista de cine, 51, 37-42. http://hdl.handle.net/10251/41441

 

 

Foto del avatar

Autor: Santiago García Ochoa

Doctor en Historia del Arte (Universidade de Santiago de Compostela) y profesor de Educación Secundaria (IES Manuel Chamoso Lamas), actividad que compagina con sus investigaciones centradas en el cine español (Carlos Saura), la relación del automóvil con la cultura del siglo XX, el desarrollo metodológico de una iconología fílmica y la didáctica del cine.