Besos y burlas

Artículo publicado en el número 93 de la revista Making Of
Artículo publicado en el número 93 de la revista Making Of

Repaso a una serie de filmes donde se retratan relaciones de amor-odio entre alumnos y profesores. Entre los filmes comentados contamos con Canción de juventud, Un rayo de luz, Los cuatrocientos golpes, If..., El ángel azul o Amarcord.


Dorothea Wieck fue una actriz alemana de renombre, que trabajó en muchísimas películas y series de televisión hasta los años setenta. En una de sus primeras películas, titulada precisamente Valencia, compartía cartel con María de Albaicín, una bailaora gitana que había sido modelo de Zuloaga y que se casó en Francia con el actor Aimé Simon Gérard, por lo que se presentaba con el nombre afrancesado de María Dalbaicín (no debe confundirse con la bailaora homónima con la que se casó el torero catalán Joaquín Bernardó). La cinta recuerda vivamente la película La niña de tus ojos (1998), de Fernando Trueba, en la que Penélope Cruz interpretaba el personaje de una actriz, Macarena Granada (¿como no ver un precedente en María de Albaicín?), que marcha a rodar una película en la Alemania hitleriana.

En 1931, Dorothea Wieck protagonizó una de las primeras películas de cine sonoro que trataban la homosexualidad: Mädchen in Uniform (Muchachas de uniforme), realizada por la directora Léontine Schlesinger (después Léontine Sagan). Al morir la madre de la joven Manuela von Meinhard (Herta Thiele), ingresa en un colegio mayor de la ciudad prusiana de Postdam, donde recibe las cariñosas atenciones de la profesora Elizabeth von Bernburg (Dorothea Wieck) (la proliferación de “von” en los apellidos alude a la presencia de familias de ascendencia noble en el contexto). Surge el amor entre las dos. Elisabeth da las buenas noches a las jovencitas en la sala dormitorio del internado con un beso en la frente. A la joven Manuela, sin embargo, la besa en los labios en cuadro (!). Cuando se entera la rígida directora, toma medidas disciplinarias, que llevan a la joven a un intento de suicidio, de la que la salvan finalmente las compañeras (también de ascendencia noble). La película tuvo que tener una buena acogida, porque dos años después se estrenaba Anna und Elisabeth protagonizada también por Dorothea Wieck y Herta Thiele.

El cine había encontrado un filón en las historias sobre relaciones entre estudiantes y profesores, una serie que se alarga hasta el subgéneros de fraternidades de universitarios norteamericanos, generalmente identificadas con tres letras griegas. El ambiente de un colegio mayor o el de un gymnasium, que en los sistemas educativos centro-europeos anteriores a la Segunda Guerra Mundial están más próximos a nuestros grados que a la Secundaria, proporcionaba abundante material para narrar historias de relaciones amor-odio entre docentes y discentes. Cabe recordar que el sistema universitario, desde su fundación o mejor desde la refundación burguesa de finales del s. XV (Universidad de Barcelona, Universidad de Valencia), se pensó como una institución de estudiantes agrupados en colegios menores y mayores, frecuentemente reservados a la nobleza, pero no de modo exclusivo.

El cine pronto convirtió los colegios mayores en escenarios de relaciones de dominación (a veces como una prolongación de la dialéctica hegeliana del amo y el esclavo, en la que el esclavo se convierte amo y el amo esclavo) y de iniciación sexual, más o menos explícita según los requerimientos de la producción o las limitaciones de la censura. Así, por ejemplo, de la mencionada Mädchen in Uniform se rodó una adaptación en México en 1951, estrenada con el título Muchachas de uniforme y dirigida por el prolífico Alfredo B. Crevenna, y en la que las protagonistas, curiosamente no mexicanas de origen, se denominan Lucila (Marga López, argentina) y Manuela Medina (Irasema Milián, brasileña de origen polaco). Crevenna fue un director muy activo, que realizó más de 150 películas, generalmente dramas alrededor de relaciones personales problemáticas y con las estrellas de la época.

En 1958 fue rodada una segunda versión en Alemania de Mädchen in Uniform, bajo la dirección de Géza von Radványi. Tenía el mismo título en alemán que la película de 1931 y aquí se tituló Corrupción en el internado. Lilli Palmer, una actriz de origen prusiano, y una muy joven Romy Schneider, que era vienesa, encarnaban respectivamente los papeles de Elisabeth y Manuela. Al final, Manuela yace en la cama muy grave, con un gesto de gran satisfacción en el rostro. No sabemos si se salvará o morirá, para pagar su comportamiento. En la cinta, Romy Schneider se presenta muy alejada de la melindrosa Sissi, que consiguió convertirse en uno de los productos cinematográficos más eficaz para falsear la historia. A diferencia del personaje de la Schneider, la emperatriz Elisabeth fue más bien una mujer inestable y problemática, que cuando murió por el ataque del anarquista Luigi Lucheni, no recibía el apoyo popular que nos hizo creer Hollywood.

Naturalmente, secuencias como el beso entre Lilli Palmer y Romy Schneider no podían ser rodadas en España (¡ni proyectadas!), sometida entonces al control férreo de la dictadura y la iglesia, y donde se producían películas de evidente carga ideológica reaccionaria como, por citar tres cintas del mismo año, ¿Dónde vas Alfonso XII?, El Cristo de los faroles o Las chicas de la Cruz Roja. Aquí, las películas sobre colegios de jovencitas se realizaron dentro del género musical y para la promoción de sus protagonistas, como Canción de juventud (1962), dirigida por realizador Luis Lucia y protagonizada por Rocío Dúrcal. El director ya había rodado Un rayo de luz (1960) para promocionar a la niña Marisol, cinta en la que también encontramos secuencias de una escuela femenina de élite.

Tampoco Hollywood, sometido en aquella época al Código Hayes (que establecía que las películas debían respetar el carácter sagrado del matrimonio y del hogar tradicional), podía tratar de las relaciones lésbicas en una institución educativa, aunque el tema de la homosexualidad era sutilmente sugerido, por ejemplo, en la densa La gata sobre el tejado de zinc, dirigida por Richard Brooks el mismo año de 1958, que revive el mismo ambiente problemático, denso y agobiante de otros dramas de Tennesse Williams, lo que se suele llamar un Tennesse.

Pero no todas las relaciones de docentes/discentes, dentro del subgénero de películas de internados, tienen la calidez de la relación entre Elisabeth y Manuela. Hay otra serie de películas que ilustran más bien una relación problemática o de indisciplina. Es el caso de la célebre Les quatre cents coups (Los cuatrocientos golpes, 1959), sobre todo en la parte final, y Der Junge Törless (El joven Törless), del director Volker Schlöndorff, un realizador que ha filmado muchas adaptaciones literarias.

El joven Törless es una novela de Robert Musil, que, como otras obras suyas como El hombre sin atributos, reconstruye la atmósfera decadente y opresiva de los imperios centroeuropeos a principios del siglo XX. Fue precisamente en Viena, la capital “imperial y real” del Imperio Austro-húngaro (la ciudad que Robert Musil irónicamente llama “kakania”, por las iniciales “K. und K.”, de kaiserlich und königlich, es decir , “imperial y real”, que se encuentran en los escudos de la ciudad), donde, bajo el gobierno del emperador decadente Francisco José I (el viudo de Sissi), encontramos los movimientos pioneros del siglo XX, tanto filosóficos (L. Wittgenstein, el Círculo de Viena), políticos (socialdemocracia, antisemitismo, sionismo), estéticos (el Sezessionsstil) o literarios (Musil, Kraus), sin olvidar figuras como S. Freud o Willy Bilder (siguiendo la tesis de Janik y Toulmin, 1973).

Tambien sobre colegios mayores encontramos If... (1968), dirigida por Lindsay Anderson y protagonizada por Malcolm McDowell (Mick), poco antes de participar en la memorable A Clockwork Orange (La naranja mecánica, 1971) de Stanley Kubrick. If..., que toma su nombre del célebre poema de Rudyard Kipling, presenta una historia de rebeldía sin esperanza que en cierto sentido recuerda también la novela de Salinger The Catcher in the Rye.

En el límite de las relaciones problemáticas con la institución o simplemente abordando la indisciplina encontramos una serie de secuencias en las que el docente se presenta como una especie de “tirano burlado”. El modelo de este subgénero es, sin duda, el profesor Unrat. Heinrich Mann publicó su novela Professor Unrat oder Das Ende eines Tyrannen (Profesor Unrat o El fin de un tirano) en 1905. El protagonista es Immanuel Raat, un profesor de 57 años del Gymnasium de una ciudad portuaria del norte de Alemania, que no se identifica en el texto, pero que bien podría tratarse de Lübeck, de donde procedía la familia Mann.

Al protagonista, los estudiantes le dicen despectivamente “Unrat” (basura). Incluso, avanzada la novela, su mujer, la artista Rosa Fröhlich (Fröhlich significa alegre: la alegre Rosa) también se dirige a él con el diminutivo “Unratchen”, Unratito, como traduce la versión castellana (Mann 1962), o, más bien, Basurita o Basurilla. De hecho, el mismo narrador de la novela se refiere a su protagonista como Unrat, y no como Raat, y de ahí el título de la novela.

Los estudiantes se enfrentan al “tirano” (como reza el subtítulo del libro) gritando su apodo a su paso o afirmando ostensiblemente que “huele a basura”. El profesor cifra su felicidad en localizar el provocador, “probar” o “demostrar” (“beweisen”) que ha lanzado su insulto y “cogerlo” o “pescarlo” (“fassen”), es decir, dañar definitivamente su trayectoria académica. Se vanagloria de haberlo hecho incluso con varias generaciones de algunas familias.

La novela comienza, precisamente, con el conflicto entre “Unrat” y tres estudiantes: Lohmann, von Erztum y Kieselack. El profesor manda a sus estudiantes realizar una composición sobre el acto I, escena 10, del drama de Friedrich Schiller Die Jungfrau von Orleans (La doncella de Orleans). Los estudiantes mencionados tienen una actitud hostil y eso desencadena el enfrentamiento con el profesor. Castigados los jóvenes y recluidos en el oscuro guardarropa de la clase (el “kabuff”), Unrat descubrirá entre los cuadernos de Lohmann un poema dirigido a la artista Rosa Fröhlich. Para poder castigar a sus estudiantes, Unrat buscará afanosamente a la artista. Finalmente la localizará en un tugurio, Der Blaue Engel (El ángel azul). De manera imprevista, Unrat se enamora ciegamente de la artista. Se casarán. Él se somete cada vez más al arbitrio de esta femme fatale, que incluso le ha ocultado que tenía una hija, que anhela una vida muy lujosa, fuerza a Unrat a endeudarse para proporcionársela y mantiene un comportamiento manifiestamente adúltero. Unrat abandona la docencia y convierte su nueva casa en un lugar de juego y placer, que escandaliza a la ciudad septentrional y provinciana. Dos años después, retorna Lohmann y se desencadena el enfrentamiento definitivo entre Unrat y Rosa.

Entre 1929 y 1930 se rodó la versión cinematográfica, titulada como el tugurio Der Blaue Engel. Fue dirigida por Josef von Sternberg (la única película que realizó en Alemania, cf. Sánchez Biosca, 1990). Tanto el director como el novelista colaboraron en el guión del filme, que firman Carl Zuckmayer, Karl Vollmöller y Robert Liebmann. La película prescinde de la segunda parte de la novela, a saber, la conversión en una referencia escandalosa en la ciudad de la casa del profesor (en la película de apellido Rath e interpretado por Emil Jannings) y su esposa (que en el filme toma el nombre de Lola Lola y fue encarnada por una magnífica Marlene Dietrich), y resume el proceso de sumisión de Unrat convirtiéndolo en payaso al servicio del número de ilusionismo del director de la compañía de artistas, Kiepert (Kurt Gerron, quien, años después tuvo que dirigir el documental propagandístico nazi sobre el campo de exterminio de Theresienstadt, uno de los episodios de ocultamiento de la realidad histórica por parte del cine más dramáticos). El director de la compañía fuerza a Unrat a actuar cuando la compañía vuelve a su ciudad, cinco años después de que dejara la docencia por la artista Lola Lola. El día de la representación, Unrat está enajenado. El ilusionista le increpa y el público se burla. Unrat, que actúa caracterizado de payaso (un tema que resuena hasta Balada triste de trompeta de Álex de la Iglesia), abandona el local y pasea por las callejuelas. Finalmente muere aferrado a la mesa del profesor en el aula del Gymnasium.

Según Sigfried Kracauer, el éxito de la película prefiguraba el ascenso del nazismo por el “franco sadismo” que mostraba: “Las masas se sienten irresistiblemente atraídas por el espectáculo de la tortura y de la humillación, y Sternberg especuló con su tendencia sádica haciendo que Lola Lola destruyera no sólo al propio Jannings [el profesor Unrat], sino todo su ambiente.” (Kracauer 1985: 204). En definitiva, Kracauer considera a Unrat como un filisteo que, en lugar de hacerse adulto, “se compromete en un proceso de regresión consumado con ostentosa autocompasión.” (ibid., p. 205). El resto de personajes prefiguran lo que pasará muy poco tiempo después. Los estudiantes se comportan como lo harán las juventudes hitlerianas y el bedel del Gymnasium (Hans Roth) o el payaso (Reinhold Bernt), siempre silenciosos, anuncian la pasividad de una parte de la población bajo el régimen totalitario, los “bystanders” de la Solución Final, en expresión del historiador Raul Hilberg (Traverso 1998: 189). De todos modos, el silencio del payaso puede tener otra explicación, que se comentará más adelante.

La versión cinematográfica se ve obligada a resumir el enfrentamiento de Unrat y sus estudiantes. El tema que desencadena la insubordinación ya no será una composición sobre Schiller, sino el célebre monólogo de Hamlet. Hay que precisar que, en la novela, el profesor Unrat imparte clases de literatura, latín y griego. Incluso compone en su habitación un estudio sobre Homero. Cuando se casa, Rosa le pide que le enseñe latín y, más tarde, griego, ya que resulta más difícil. En la película, Unrat imparte inglés. Este cambio se explica, probablemente, porque se rodaron simultáneamente dos versiones de la película, una hablada en inglés y otra en alemán. Si el profesor enseñaba inglés a sus alumnos, esto simplificaba el guión y la realización.

A poco de comenzar la película y cuando va a desencadenarse el enfrentamiento entre Unrat y los estudiantes Lohmann, von Erztum y Kieselack (que en la película son Lohmann, Erztum y Goldstaub), el profesor entra en clase. Antes, un estudiante ha hecho una caricatura en la portada de su libreta de clase y ha añadido el prefijo “Un” al apellido del profesor (Raat). Unrat se indigna. Le pide a un estudiante dócil, Angst (Rolf Müller, este personaje no aparece en la novela), que borre la caricatura. Después anuncia que seguirá su explicación sobre Hamlet, acto III, escena 1. Se encara con Ertzum (Karl Balhaus) y le pide que declame el monólogo. El profesor da el pie, pero el estudiante se muestra reticente. El profesor recita: “To be, or not to be, that is the question”. El estudiante repite. Unrat se levanta de su mesa y se dirige al estudiante, corrigiendo vehementemente la pronunciación del artículo “the”. El profesor llega a salpicar con gotitas de saliva el rostro de Ertzum. Luego, éste forzará la pronunciación hasta que sea Unrat quien se limpie. Enfurecido, deja al estudiante, vuelve a su mesa y encarga a toda la clase una composición sobre otra obra de Shakespeare, Julio César: “¿Qué habría pasado si Marco Antonio no hubiese pronunciado el discurso fúnebre?”.

El fragmento literario mencionado en la secuencia no es casual. La existencia del profesor Unrat, su “ser”, presenta un carácter patológico, con su obsesión por “probar” o “coger” a los estudiantes que le insultan; pero además su vida, por el azar de encontrar unos versos, se somete cada vez más a los caprichos de Rosa/Lola, en un proceso de humillación voluntaria. Por tanto, el dilema definitivo entre ser o no ser, o la reflexión sobre qué habría pasado si se hubieran dado otras circunstancias, caracterizan bien el núcleo del argumento.

Algunos elementos del filme El ángel azul se pueden detectar en películas posteriores. Comentaremos dos ejemplos, antes de analizar los homenajes a la secuencia del monólogo de Hamlet.

Por la compañía deambula un payaso, ya mencionado, que observa silenciosamente a Lola y a Unrat. El maquillaje le da un aspecto triste, casi patético. En un momento, el director de la compañía Kiepert se enfada con él: es un inútil que ha dañado su actuación de mago. Será despedido. Cuando, al final del filme, el mismo director increpe a Unrat en medio del número de ilusionismo, podemos deducir que el payaso es una víctima anterior de la femme fatale Lola. Es el mismo esquema que desarrollará Billy Wilder en Sunset Blvd. (aquí: El crepúsculo de los dioses, 1950). El mayordomo Max von Mayerling (Erich von Stroheim) observa pacientemente la relación del guionista Joe Gillis (William Holden) con Norma Desmond (Gloria Swanson). Max había sido un prestigioso director de cine, que hizo célebre a la estrella de cine mudo Norma Desmond, con la que incluso había contraído matrimonio. Despreciado por la diva, se mantiene como un sumiso criado para permanecer a su lado, como el payaso del tugurio de El ángel azul, podríamos suponer.

Hacia el comienzo de la película, después de la escena de la desobediencia a la clase y ya entrada la noche, Unrat pasea por las calles intentando localizar a la artista Lola y así poder “coger” a sus estudiantes. Las sombras intensas, las calles tortuosas y las casas curvadas (los tejados parecen a punto de desplomarse, como en la obsesión del protagonista de Berlin Alexanderplatz) son paradigmáticas de la escenografía expresionista. Se escucha a un grupo de personas cantar la canción popular alemana “Der treue Husar” (El valiente húsar). Precisamente la misma canción que usa Stanley Kubrick en la escena final de Paths of Glory (Senderos de gloria, 1957). Allí, un cantinero francés (Jerry Hausner) presenta en su “café” a una joven camarera alemana, de la que elogia irónicamente sus cualidades ante un grupo de vociferantes soldados. La joven (Christiane S. Harlan, que en la vida real contrajo matrimonio con el director y pasó a ser Christiane Kubrick), atemorizada y entre sollozos, comienza a cantar “Der treue Husar”. A pesar de ser una canción alemana, pronto sensibiliza a los soldados. Algunos lloran. El coronel Dax (Kirk Douglas) contempla la escena a través de una ventana. Llega el sargento Boulanger (Bert Freed) con órdenes de movilizar la tropa. El coronel le dice que espere unos minutos. Suena el tambor y pasamos a una versión marcial de la canción, sobre la que aparece el rótulo de fin y los títulos de crédito.

La escena de El ángel azul en la que el profesor Unrat se enfrenta al estudiante Ertzum quien no pronuncia de manera adecuada el artículo “the”, es homenajeada por François Truffaut en Les quatre cents coups (Los cuatrocientos golpes) en otra escena nuclear de la película, muy poco comentada en la bibliografía. El tartamudo profesor de inglés de la clase de Antoine Doinel (interpretado por Pierre Repp) intenta que un alumno repita adecuadamente la frase “Where is the father?” El estudiante pronuncia mal la “th” de “father” y el profesor repite la palabra, explicándole la posición de la lengua, al igual que hacía el profesor Unrat: “La punta de la lengua entre los dientes”. El profesor, tartamudeando, envía al alumno, que sonríe, a su pupitre. Luego, pregunta a otro estudiante: “Where is the girl? The girl is on the beach.”. El nuevo alumno tampoco pronuncia bien “beach” y el profesor le corrige de nuevo.

Como en el caso de El ángel azul, las dos intervenciones del profesor son esenciales en la trama de la película. Por un lado, la pregunta por el padre alude al problema familiar de Antoine Doinel (la madre biológica engaña a su padre adoptivo), y tiene elementos de la biografía del propio Truffaut. La segunda cuestión se relaciona con la secuencia en la que Antoine, al salir del cine, roba la icónica fotografía de Monika (Harriet Andersson), la protagonista de la película Sommer med Monika (Un verano con Mónica, 1953) de Ingmar Bergman, retratada en la playa. Se establece así una relación, antitética a la familiar, entre el cine y el erotismo, entre la libertad y la playa, que será retomada por Truffaut en el célebre travelling final, en el que Antoine Doinel corre por la playa normanda de Honfleur.

La secuencia del profesor Unrat con Ertzum o las preguntas del profesor de inglés a los compañeros de Antoine Doinel, reciben homenaje en otra magistral secuencia incluida por Federico Fellini en su película Amarcord (1973), una cinta que reconstruye un año en la vida de una ciudad también costera en la Italia de Mussolini. Hacia la mitad del filme, el director nos muestra la galería “felliniana” de profesores del instituto al que acude el protagonista, Titta Biondi (Bruno Zanini) (cf. Latorre 2000: 78-79). Los estudiantes muestran ante cada profesor todo un abanico de estrategias de resistencia (por utilizar la expresión de la nueva sociología de la educación). Esta parte puede inspirarse en la clase de física del filme alemán Die Feuerzangenbowle (1944), una película con nombre intraducible de un ponche que se hizo famoso por ella, dirigida por Helmut Weiss y basada en la novela homónima de Heinrich Spoerl (1933), en el que se narran sus recuerdos de la época de estudiante. En la secuencia mencionada, los estudiantes no prestan al docente la más mínima atención y además le esconden uno de sus zapatos mientras dicta la clase.

El repaso del profesorado que hace Fellini en Amarcord concluye con la clase de griego. El profesor Fighetta (Ferdinando Villella), que se deleita recitando un verso de Arquíloco (“Siete muertos, a los que habíamos alcanzado en la carrera, han caído. Y somos mil sus matadores”), intenta que el pequeño Ovo (Bruno Scagnetti) repita y pronuncie adecuadamente la palabra “εμαρψαμεν”. El niño parece intentarlo, pero en realidad se burla del profesor con una pedorreta. Figuetta insiste pacientemente, explicando el sonido de la letra ψ. Profesor y alumno repiten literalmente el diálogo de la película de Truffaut sobre la posición de la lengua. El niño saca la lengua ostensiblemente al profesor, provocando la risa de sus compañeros. Al final, el profesor advierte la burla y expulsa al alumno de la clase.

En síntesis, el tirano Unrat, profesor de griego, latín y literatura en la novela de Mann, se transforma en profesor de inglés en la película de von Sternberg. Su enfrentamiento con los estudiantes y, más aún, la tragedia de su destino está indicada en la frase que hace decir a su estudiante. También el tartamudo profesor de inglés de Truffaut delinea en las dos frases que hace repetir las coordenadas de la peripecia de Antoine Doinel. Citando literalmente su diálogo, Figuetta, el felliniano profesor de griego en la Italia fascista, recibe las burlas del pequeño Ovo y, cuando lo advierte, reacciona de la misma manera intempestiva que el viejo Unrat. El tirano recibe la burla una y otra vez. Entre la cálida Elizabeth y el basurita de Unrat tenemos los límites cinematográficos de la relación del docente con los discentes.

Bibliografía

  • GISPERT, E. (1998). “François Truffaut. Los cuatrocientos golpes”. Barcelona: Paidós.
  • JANIK, A. y TOULMIN, S.E. (1998). “La viena de Wittgenstein”. Madrid: Taurus.
  • KRACAUER, S. (1985). “De Caligari a Hitler. Una historia psicológica del cine alemán”. Barcelona: Paidós.
  • LATORRE, J.M. (2000). “Amarcord”. En “Blade Runner/Amarcord”. Barcelona: Dirigido por.
  • MANN, H. (2010). “El profesor Unrat”. Barcelona: RBA Libros.
  • SÁNCHEZ BIOSCA, V. (1990). “Sombras de Weimar. Contribución a la historia del cine alemán, 1918-1933”. Madrid: Verdoux.
  • TRAVERSO, E. (1998). “Siegfried Kracauer. Itinerario de un intelectual nómada”. Valencia: Alfons El Magnànim-IVEI.

Autor: Xavier García-Raffi

Xavier García-Raffi es profesor de la Universidad de Valencia (UV).


Autor: Francesc J. Hernàndez

Francesc J. Hernàndez es profesor de la Universidad de Valencia (UV).


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