Cuentos, supervivientes literarios en época de crisis

Artículo publicado en el nº 265 Especial Cuentos y crisis
Artículo publicado en el nº 265 Especial Cuentos y crisis

Los cuentos son reflejo de las creencias y vivencias humanas además de ser uno de los géneros literarios más antiguos de la historia. Y la crisis está dentro de ese apartado. Este artículo explica qué efecto tiene en este género literario y cómo el cuento depende a su vez de la existencia de conflictos.


Se puede considerar que el cuento es uno de los géneros más antiguos de la historia escrita. Tanto si forman parte de una narración más larga –como el Poema de Gilgamesh, los cuentos de Las mil y una noches o El conde Lucanor–, o presentados como unidades independientes –como pueden ser los cuentos populares y buena parte de los cuentos literarios modernos–, estos no han dejado de acompañarnos a lo largo de los siglos, y de los incesantes cambios en las civilizaciones y sociedades.

El cuento tiene esencia humana porque, como reconoce el cuentista Juan Bosch, “nada interesa al hombre más que el hombre mismo”. Si el ser humano y su historia se definen por sus cambios, sus revoluciones, sus guerras, sus conflictos y sus crisis, los cuentos, por ende, también.

Conflictos y crisis en los cuentos

Sea para aconsejar o para entretener, los cuentos comparten una característica fundamental sin importar a qué género pertenezcan: un personaje o personajes que se enfrentan a un conflicto (o crisis). De hecho, Enrique Anderson Imbert, en su obra Teoría y técnica del cuento, afirma que “todo cuento narra una acción conflictiva” y presenta tres categorías según el tipo de crisis que desarrolla:

A) Un personaje lucha contra fuerzas que están más allá de su control: accidentes, guerras, desastres (y es aquí donde podríamos añadir las crisis sociales y económicas).

B) Un personaje lucha contra otro personaje o personajes.

C) Un personaje lucha contra fuerzas que lo agitan desde dentro.

A modo de ejemplo, de cada categoría podríamos mencionar:

A) Cada una de las aventuras de Ulises, que ha de luchar contra el mar y el poder de los dioses, o la bestia de La bella y la bestia, que está bajo el poder de un encantamiento.

B) Los enfrentamientos entre Blancanieves, Cenicienta y sus respectivas madrastras, la bella durmiente y la bruja, Caperucita y el lobo, etc.

C) Gilgamesh, a quien atormenta la muerte y cuyo deseo es encontrar el secreto de la inmortalidad, o El gato con botas, quien desea ayudar a su amo pobre para ganarse su favor.

Guillermo Samperio, cuentista y profesor, condensa aún más los tipos de conflicto que se pueden hallar en un cuento: “El conflicto puede ser un personaje concreto o abstracto, como podría ser una situación social”, como lo es la actual crisis económica.

"El conflicto puede ser un personaje
concreto o abstracto, como podría
ser una situación social, como lo es
la actual crisis económica"

Cuentos: retazos de realidad

Tal como dijo Raymond Carver, “el mundo es una amenaza para muchos de los personajes de mis historias”. Y a raíz de vivir en un mundo de cambios inesperados, nacen las anécdotas, los conflictos y mucho material para crear cuentos. Porque escribir cuentos, leerlos, escucharlos… es una forma de afrontar una realidad que no nos gusta o no acaba de ser tal como deseábamos.

De esta manera, en los cuentos con moralejas para aleccionar, en los cuentos populares que hablan del triunfo del bien sobre el mal o en los cuentos más modernos encontramos las vivencias y luchas de personas como nosotros; de animales con cualidades humanas (en las fábulas); o incluso de superhéroes, con los que empatizamos y encontramos algo de nosotros mismos por el hecho de enfrentarse a una crisis personal o mundial. Porque, como dice Guillermo Samperio, “un buen cuento le revela al lector algo de sí mismo que no sabía o que no había sabido poner en palabras”, en especial cuando tratamos con crisis internas o externas que van más allá de nuestras expectativas.

Sin embargo, el cuento no sólo es reflejo de un conflicto o crisis, sino también del deseo del protagonista o protagonistas por superarlo, sea que al final lo logre o no. Pero siempre intentará oponerse a esas fuerzas que provocan esa situación adversa.

Un cuento, muchos conflictos

Lo que atrae del cuento al lector es ese conflicto que el personaje debe afrontar. La tensión que se mantiene a lo largo del relato le empuja a llegar hasta el final de la lectura. El hecho de completar la lectura o escuchar todo el relato ya es de por sí una pequeña victoria que pone fin a otro conflicto: saber qué va a suceder a continuación.

¿Y si el final es abierto? Es decir, si nos encontramos ante un final no concluyente. Aquí es cuando el autor convierte al lector en personaje, invitándolo a solucionar mentalmente la crisis iniciada en este cuento abierto. El deseo humano de ver solventado un conflicto es la principal baza con la que se juega a la hora de escribir un relato. Incluso de reinventarlo e interpretarlo según las circunstancias.

"El cuento no solo es el reflejo
de un conflicto o crisis, sino también
el deseo del protagonista
por superarlo, sea que al final lo logre o no"

Hay cuentos que se han adaptado a la crisis actual y a los valores del siglo XXI. Empezamos por una Caperucita víctima del lobo para luego comenzar a ver a una víctima del sexismo. O con tres cerditos que huyen del lobo a tres jóvenes que intentan hacerse con una vida y un hogar propio. O descubrimos que un afortunado Alí Babá, quien descubre una cueva mágica repleta de tesoros, se trata de un hombre que intenta sobrevivir primero a la pobreza y, luego, a los ladrones atraídos por su nueva riqueza. O el caso de dos hermanos, Hansel y Gretel, quienes hacen frente a una bruja, también se tratan de dos niños abandonados a causa de la extrema pobreza de sus padres.

Resumiendo, en palabras de Julio Cortázar, los cuentos “son aglutinantes de una realidad infinitamente más vasta que la de su mera anécdota”. Los cuentos llegan a tener muchas lecturas, aún más cuando se está al acecho de conflictos internos.

Literatura para tiempos de crisis

Por supuesto, la crisis actual también sigue influyendo en la literatura y en el género del cuento. No se trata solo de una crisis económica, sino también social y cultural. De hecho, la palabra “crisis”, del latín crisis y del griego (krisis), hace referencia a un juicio o decisión. Se emiten nuevos juicios de valores y se toman nuevas decisiones en cuanto a formas de ver la vida y el entretenimiento.

El cuento sobrevive adaptándose a las nuevas circunstancias variando su temática y sus protagonistas, pero manteniendo intactas sus características primordiales: personajes creíbles (lo que no aparta la posibilidad de que sean personajes de fantasía), un conflicto o crisis (o varios), tensión durante la narración y brevedad.

Es importante hacer hincapié en la brevedad, pues también se puede considerar que vivimos en mitad de una “crisis de tiempo”: las innovaciones tecnológicas, lejos de dejarnos tiempo libre, han acelerado el ritmo de vida. Y con ello, el tiempo dedicado a la  literatura.

Los cuentos y antologías de cuentos son flexibles a este ritmo actual. Su brevedad es una baza a favor, pues se precisa de menos tiempo para completar la lectura de un relato completo. La novela también puede adaptarse a este ritmo, pero se pausa su lectura y se rompe con la línea de la historia frecuentemente. Esto no es un alegato contra la novela, ni mucho menos.

Pero considerando la mayor dificultad que supone acercar la literatura a una sociedad acelerada, el cuento es un representante literario que salva muchos obstáculos y llega al nuevo lector cual membrete de presentación.

Autor: Raquel Lobato Rodríguez

Raquel Lobato Rodríguez es cuentista y publica un blog literario en Internet titulado ecologismo literario.


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