El espacio de Antígona. Cine y Holocausto X

Artículo publicado en el número 111 de la revista Making Of
Artículo publicado en el número 111 de la revista Making Of

Décima entrega de la serie Cine y Holocausto, centrada en la caza del nazi emprendida por Cheyenne en Un lugar donde quedarse (2011) de Paolo Sorrentino.

La conciencia del hombre: Prometeo

Un lugar donde quedarse (2011) de Paolo Sorrentino
Un lugar donde quedarse (2011) de Paolo Sorrentino

Sobre Prometeo informan cuatro leyendas: según la primera, por haber traicionado a los dioses ante los hombres fue condenado al Cáucaso, y los dioses enviaron águilas que le devoraban el hígado en perpetuo crecimiento. Dice la segunda que, retrocediendo de dolor ante los picos despiadados de las aves de presa, Prometeo fue incrustándose cada vez más profundamente en la roca, hasta formar un todo con ella.Según la tercera, en el decurso de los milenios se olvidó su traición, los dioses olvidaron, las águilas olvidaron, y él mismo olvidó. Según la cuarta, se sintió cansancio de aquello que había perdido todo fundamento. Se cansaron los dioses, se cansaron las águilas, la herida se cerró, cansada. Quedó la montaña de roca, inexplicable. Como se origina en un motivo de verdad, debe finalizar nuevamente en lo inexplicable” (Kafka, Descripción de una lucha, III. En La muralla china. Traducción de Alejandro Ruiz Guiñazú. Alianza Editorial.LB 478, Madrid, 1983, p. 83). Oblivio significa olvido. De un olvido va esta película. Un olvido y el anhelo de ser. La búsqueda de una identidad perdida y la reconciliación con el pasado. Olvido, memoria, recuerdo, road movie. Prometeo es el héroe amigo del hombre. Engañó a Zeus por amor a los hombres. Robó las semillas del fuego en la rueda del Sol y las llevó a la Tierra ocultas en un tallo de férula. Zeus lo encadenó con cables de acero en el Cáucaso, enviando un águila que le devoraba el hígado, el cual regeneraba constantemente. ¿Quién se merecía un castigo similar? Imputatio significa poner en la cuenta de alguien una acción condenable, una falta, una acción referida a la obligación de hacer algo o a la prohibición de no hacer algo. Imputatio para no olvidar. Oblivio e imputatio los dos temas de esta película. Prometeo es la conciencia del hombre, el acto rebelde. Renuncia a sus entrañas en favor del hombre pero el castigo es eterno. Allí en el Cáucaso, sobre la piedra, la sangre reseca se puede observar para que el hombre no olvide. Quizás para recordarnos que por una vez no estuvimos solos.

Genocidio

El asesinato en masa no es una invención moderna. La historia así lo prueba. Esto anularía la singularidad del Holocausto pero no. Los casos modernos de genocidio destacan, primero, por su magnitud, sólo bajo el mandato de Hitler y Stalin se asesinó a tanta gente en tan poco tiempo. Ésta no es, sin embargo, su novedad, la única novedad.

Segundo, el moderno asesinato en masa se distingue por la práctica ausencia de toda espontaneidad y por la planificación racional y calculada. Se caracteriza por la casi completa eliminación de contingencia y de la casualidad y por su autonomía frente a las emociones grupales y los motivos personales. Para Bauman, se distingue por su función fingida o marginal, disfrazada o decorativa, de movilización ideológica. Pero destaca por su intención. Los motivos son muchos y variados. “Van del cálculo puro, hecho a sangre fría del beneficio competitivo hasta el odio o la heterofobia igualmente puros pero desinteresados… “Ellos o nosotros”, “No hay sitio para los dos”, “El único indio bueno es el indio muerto” (Modernidad y Holocausto, Zigmunt Bauman, traducción de Ana Mendoza y Francisco Ochoa de Michelena, sexta edición, Sequitur, Madrid, 2011, p. 116).

Tercero, librarse del adversario ya no es un fin en sí mismo sino el medio para conseguir el fin. El fin es una sociedad mejor y radicalmente diferente. El genocidio moderno es un ejercicio de ingeniera social pensado para producir un orden social que se ajuste al modelo de sociedad perfecta.

Cuarto, hay una dimensión estética, el nuevo orden es una obra de arte perfecta. Es la imagen del jardinero proyectada al tamaño del mundo. La cultura moderna es la cultura del jardín, un ejemplo, Versalles. El genocidio es el trabajo de un jardinero. “Las víctimas de Hitler y Stalin fueron eliminadas sin odio. Su eliminación no fue el trabajo de una destrucción sino de una creación. Fueron eliminadas para poder establecer un mundo mejor: el comunista o el ario.

Finalmente, aunque el Holocausto es moderno, la modernidad no es el Holocausto. El Holocausto es consecuencia de un impulso moderno pero esto no significa que nosotros vivamos cotidianamente de acuerdo con los principios del Holocausto” (Modernidad y Holocausto, op. cit., pp. 116-119).

El espacio de Antígona

Antígona es hija de Yocasta y producto del incesto de Edipo. Cuando Edipo, conocedor de sus crímenes por el oráculo de Tiresias, se quitó la vista y decretó su propio destierro de Tebas, emprendió la marcha, ciego y mendigando el pan por los caminos, Antígona se constituyó en su compañera. Muerto su padre en Colono, regresó a Tebas. En la guerra de los Siete Jefes, sus hermanos Eteocles y Polinices luchaban en campos contrarios. El primero en el ejército tebano; el segundo, con el que atacaba su patria. Cuando los combates que se desarrollaron ante las puertas de Tebas, Eteocles y Polinices hallaron la muerte, uno a manos del otro. Creonte que era tío de Polinices, ordenó solemnes exequias para Eteocles, pero prohibió que se diese sepultura a Polinices, que había llamado a los extranjeros contra su patria. Antígona se negó a cumplir esta orden. Considerando un deber sagrado impuesto por los dioses y las leyes no escritas el dar sepultura a los muertos y especialmente a los parientes próximos, infringió la orden de Creonte y vertió sobre el cadáver de Polinices un puñado de polvo, gesto ritual que bastaba para cumplir la obligación religiosa. Por este acto piadoso fue condenada a muerte y encerrada viva en la tumba de los Labdácidas, de quienes descendía. Se ahorcó en prisión y Hemón, su prometido, hijo de Creonte, se suicidó sobre su cadáver.

Ficha Un lugar donde quedarse

Título original: This Must Be the Place (Questo deve essere il posto)
Dirección: Paolo Sorrentino
Nacionalidad y Año de producción: Italia, 2011
Duración: 118 min.
Interpretación: Sean Penn (Cheyenne), Frances McDormand (Jane), Judd Hirsch (Mordecai Midler), Eve Hewson (Mary), Kerry Condon (Rachel), Harry Dean Stanton (Robert Plath), Joyce Van Patten (Dorothy Shore), David Byrne (Él mismo), Olwen Fouéré (Madre de Mary), Shea Whigham (Ernie Ray), Liron Levo (Richard), Heinz Lieven (Alois Lange), Simon Delaney (Jeffrey), Kristine Graverson (Tendero), Er Li Deng (Maestro de Tai Chi)
Guión: Paolo Sorrentino y Umberto Contarello
Producción: Francesca Cima, Nicola Giuliano y Andrea Occhipinti
Música: David Byrne y Will Oldham
Fotografía: Luca Bigazzi
Montaje: Cristiano Travaglioli
Diseño de producción: Stefania Cella
Dirección artística: Irene O’Brien
Vestuario: Karen Patch

El espacio de Antígona es el espacio de la memoria. La obligación de recordar y de hacer justicia a los muertos, este concepto de Jean Franco Cristical Passions: selected essays, Durham, NC, Duke University, 1999, se aplica a las protestas de las Madres de la Plaza de Mayo durante la dictadura militar argentina, cuando consolidaron los derechos de familia y parentesco contra el discurso del Estado, a su vez, es extensible a todo el espacio de la memoria histórica. La memoria política es memoria histórica. Paul Ricoeur sugiere distintas formas de olvido: el silencio, la ausencia de comunicación, la desarticulación, la evasión, el apagamiento, la erosión, o la represión, lo cual revela un espectro de estrategias de olvido tan complejas como las de la memoria. Ricoeur distingue entre: mémoire empêchée (memoria impedida), que se relaciona con el inconsciente freudiano y la represión compulsiva; segundo, olvido como mémoire manipulée (memoria manipulada) que se relaciona con el relato de los hechos, teniendo en cuenta que es selectivo e implicará activa o pasivamente una forma de olvido; tercero, l´oubli commandé (la orden para olvidar) u olvido institucional que se refiere, en este caso, a la amnistía y a las leyes de Punto Final (Paul Ricoeur, La memoria, la historia, el olvido, Madrid, Siruela, 2003. En Andreas Huyssen, Modernismo después de la Modernidad, “Usos y abusos del olvido”. Revisión técnica de la traducción: Silvia Fehrmann. 1ª edición marzo de 2011, Gedisa, Barcelona, 2011, p. 145). Cheyenne crea su propio “espacio de Antígona”, este espacio tiene que ser recorrido. Un espacio compuesto de cámaras de distintos ecos: Hitler, Holocausto, Víctimas, Padre, Memoria, Justicia, Música, Aloise Lange, que como un nocturama tendrán que despertar cuando las luces se apaguen.

La confesión

Aloise Lange, el verdugo, confiesa: “Uno: Imitación. Hitler tenía un despacho privado de 185 metros cuadrados pero le decía a sus arquitectos que era demasiado pequeño. Goering se compró una casa igual que la de Hitler. A Himmler le hubiera gustado tener una igual que la de Goering. A Bormann, una igual que la de Himmler si Himmler se hubiera comprado una como la de Goering todos imitaban a todos. Todos menos los judíos. Ellos no imitaban a nadie. Dos: Humillación. Si quieres sobrevivir tienes que conocer realmente a quien quiere matarte a toda costa. Yo sobreviví. Tu padre intentó matarme durante años debido al siguiente episodio. En el invierno del 43, una vez, al pasar lista, hizo algo mal, no recuerdo qué fue pero le amenacé con dejar que el pastor alemán le hiciera pedazos. El perro le gruñó. Él se asustó tanto que se meó en los pantalones y yo… me eché a reír. Eso es lo que ocurrió. Esa fue la humillación. Comparada con los horrores de Auschwitz, no era nada. Pero tu padre jamás lo olvidó. Me escribía cartas con unas palabras… las palabras más atroces, las palabras más hermosas. Cartas que mi mujer que es muy perspicaz me reenviaba. Por cierto, finalmente, te recordó pero no porque fueras alumno suyo. Yo odiaba a tu padre. Porque su obsesión por mí me hizo la vida imposible. Pero tengo que decir que se ganó mi admiración. La implacable belleza de la venganza. Toda una vida dedicada a vengar una humillación. Eso sí que es perseverancia, incluso grandeza. Tres: Robo. La pequeña bicicleta en el jardín cuando tenías 13 años, las nubes oscuras, la emoción del trueno que se aproxima, el tic tac de un reloj, el cariñoso abrazo de tu madre, la sonrisa y las caricias de tu padre, tu dedo trazando letras en un cristal empañado, el asiento del rincón junto a la ventana, una cálida manta cuando tienes fiebre. El transparente cielo del norte de Europa. A todos, absolutamente a todos les fue arrebatada la juventud. A todos, absolutamente a todos les fue arrebatada la despreocupación. Desde el otro lado de la alambrada, nosotros también mirábamos la nieve y a Dios. Dios es como… Dios es… Dios. Olvídalo, ya no recuerdo más”. Lange se coloca las gafas negras. Cheyenne se lleva las manos al bolsillo. Creemos que va a sacar la Magnum 44 pero lo que extrae es una pequeña máquina compacta. La acerca a la cara. Le quita las gafas de sol. Se trata de un posado para una fotografía. Es lo único que Cheyenne se va a llevar de este hombre. Dispara con flash pero Aloise Lange no pestañea. La historia ha cegado al verdugo. “¡Qué injusticia más grande que mi padre muriera antes que usted!”, exclama Cheyenne.

La historia del hombre es la historia
de las guerras del hombre
y el discurso dominante ha sido
el de los vencedores

Un lugar donde quedarse (2011) de Paolo Sorrentino
Un lugar donde quedarse (2011) de Paolo Sorrentino

La justicia puede entenderse como una virtud reparadora o como sinónima de verdugo. El concepto de víctima es impensable sin el concepto de verdugo. Justicia y venganza no son sinónimos. La justicia tiene que ver con las víctimas, la venganza con el verdugo. Víctima y victimario son las dos caras de la injusticia. Como en un laberinto de espejos convexos y cóncavos, la historia ha sido un gran matadero. La historia del hombre es la historia de las guerras del hombre y el discurso dominante ha sido el de los vencedores. Su objetivo: la invisibilización de las víctimas. El crimen físico se convierte en un crimen hermenéutico. La dictadura de Franco es un buen ejemplo. La lucha contra el fascismo se detuvo con Hitler y Mussolini. Después de la Segunda Guerra Mundial y con el trasfondo de la Guerra Fría, Franco se convierte en aliado por su lucha contra el comunismo. Paradojas de la historia. Los luchadores antifascistas se convierten en enemigos, la historia confunde los términos y la República en el exilio y la lucha antifranquista en tabú. La reconciliación presupone una simetría inexistente entre verdugo y víctima, Franco y Negrín, entre dictadura y lucha antifranquista, entre gobierno en el exilio y gobierno de facto tolerado por los vencedores de la pasada contienda mundial. La “transición” española dejó causas pendientes irreparables. La Ley de Punto Final y de La Obediencia Debida puso, esto mismo, un punto final contra la dictadura argentina. El informe Rettig en Chile, las Comisiones de la Verdad son comisiones de media verdad cuando la historia se cubre de negatividad. De las comisiones de Verdad se siguen tres temas: primero, ¿puede la memoria del pasado cambiar el curso de la historia?; segundo, ¿podemos hacer justicia a las víctimas pasadas?; tercero, la relación entre memoria y confianza en el presente. Nacemos con una hipoteca moral. Benjamin utiliza una metáfora para ilustrar el nuevo concepto de Justicia, el ánfora rota: “Así como los trozos de un ánfora (rota), para que se puedan reconstruir en su conjunto, han de ser contiguos en los más pequeños detalles, pero no idénticos unos a otros, así, en lugar de asemejarse al sentido original, la traducción, debe más bien, movida por el amor, y hasta en el detalle, hacer entrar en su propia lengua el modo de ver de las cosas propio del original, de esta manera, igual que los trozos llegan a ser reconocibles como fragmentos de una misma ánfora, original y traducción llegan a ser reconocibles como fragmentos de un lenguaje mayor” (Reyes Mate, Tratado de injusticia. Anthropos, Barcelona, 2011, p. 239). Todos heredamos el pasado, aunque de memoria diferente pero la injusticia en el mundo cualquiera que sea, convoca la responsabilidad de la especie, es un principio sartreano. La historia habla de los vencidos como un botín de guerra. De acuerdo con Reyes Mate, pensar la memoria es ir hasta el final. Pensar la Justicia ad integram aquí y ahora, es imposible porque excede la existencia humana. La reconciliación es la forma que adopta la justicia absoluta en la modesta posibilidad del presente. La justicia se hace cargo de los daños infligidos a un inocente. Es capital la narrativa de los daños.

Aloise Lange

Aloise Lange, es un doble del padre de Cheyenne. Paolo Sorrentino presenta al verdugo y la víctima como la cara y la cruz de un mismo acontecimiento: el Holocausto. Al final, llegan a identificarse. En la venganza, víctima y verdugo se unen. Se identifican. Lange emplea las mismas palabras que su víctima. ¿Cómo sabe Lange tantos detalles de la vida de Cheyenne? Las cartas de su padre. “La pequeña bicicleta. El beso robado en el jardín cuando tenías 13 años… El cariñoso abrazo de tu madre, la sonrisa y las caricias de tu padre, tu dedo trazando letras en un cristal empañado, el asiento en el rincón junto a la ventana, una cálida manta”.

La identificación es total por la venganza. Hegel escribe en El espíritu del cristianismo y su destino que: “En el momento en que el criminal siente la destrucción de su propia vida (al sufrir el castigo) o se reconoce como destruido (en la mala conciencia), comienza el efecto de su destino, y este sentimiento de la vida destruida tiene que transformarse en un anhelo por lo perdido. Lo que se siente como carencia (la vida destruida del otro), se reconoce como una parte de sí mismo, como aquello que debería haber estado en él y no está. Este hueco no es un no-ser, sino la vida reconocida y sentida como lo que no está” (Reyes Mate, La piedra desechada. “El sentido cívico de la culpa y del perdón”. Trotta, Madrid, 2013, p. 160). Reyes Mate insiste en que la culpa obliga al verdugo a ponerse bajo la autoridad de la víctima: “Supeditación del verdugo a la víctima en el sentido de que el crimen en lugar de demostrar la superioridad del verdugo sobre la víctima lo que consigue es revelar al verdugo que su proyecto de vida está a expensas del crimen cometido y de la víctima del crimen. El segundo cambio propiciado por la culpa en el ofensor se refiere a la responsabilidad por la culpa. El ofensor tiene que cargar con todas las consecuencias estén recogidas o no en el código penal” (La piedra desechada, op. cit., p. 161).

Delito no es igual a culpa. El delito se mide por el Código Penal. La culpa es un concepto moral que fija la conciencia del agente con el daño de la víctima. La culpa sobrevive al delito. Sigue vigente aunque se haya cumplido el delito previsto por la ley. Karl Jaspers, al tiempo que se desarrollan las sesiones del Juicio de Núremberg (1945-46) escribe El problema de la culpa. Además de una culpa criminal que consiste en infringir las leyes, hay un marco de responsabilidades dentro de lo que llama una “culpa política”, “culpa moral” e incluso “culpa metafísica”. La primera deriva de un gobierno criminal, cada ciudadano carga con las responsabilidades políticas del crimen. La “culpa moral” se refiere a cómo se comportó cada cual durante la política criminal. ¿Qué hicimos contra esta política? Raul Hilberg llama bystander, esto es, “el que mira hacia otro lado”. ¿Cuál es el juicio del bystander? Finalmente, la “culpa metafísica” se refiere a la responsabilidad de todos con todos. Hegel, según Reyes Mate, escribió que: “Todo sufrimiento es culpable” (La piedra desechada, op. cit., p. 159). La culpa sobrevive al delito ¿Es Aloise Lange culpable? En el despacho de Mordecai Midler, Cheyenne muestra el manuscrito de su padre. Cuando pregunta si va a buscar a Aloise Lange, Midler responde:

- No. Voy a buscar los dientes. Te pareces a tu padre. Los dos sois bastante pedantes.
- Mi instinto me dice que la pedantería es una característica esencial para capturar nazis –replica Cheyenne.
- Cierto, pero la soledad conduce al resentimiento. Tu padre estaba muy solo. Centró su resentimiento en alguien menos malvado que muchos otros. Sé quién es Aloise Lange. Es un don nadie y ahora tendrá 96 años. Es casi seguro que esté muerto.
- ¿Ha llegado a buscarle?
- Un poco. Era morralla. Nosotros cazábamos tiburones.
- Claro, eso causa más impresión –contesta Cheyenne.
- ¿Qué quieres decir?
- Que los cazadores de nazis también siguen las reglas del espectáculo y van donde hay más publicidad.
- Nadie puede decir que soy un tonto en busca de publicidad –contrarresta Midler.
- Todos hacemos el tonto.
- Habla por ti, con ese disfraz… Mira he sacrificado mi vida para buscar a esos cabrones y no calificaría a eso de espectáculo. Muchos judíos lo superaron, yo no. Tengo 79 años y sigo viviendo en 1940. Igual que tu padre. ¿Eres judíos practicante? –pregunta el caza nazis.
- No.
- ¿Sabes lo que es el Holocausto? –insiste.
- En líneas generales.
- ¿Conocías a tu padre?
- En líneas generales.
- ¿Dónde has vivido todo este tiempo? –concluye.

Suponemos que en el olvido o en la huida. Sin la memoria es como si la injusticia no hubiera ocurrido. El problema es ¿cómo pensar la justicia? ¿Cómo pensar el Holocausto?

El teléfono

Suena el teléfono en casa de Mary. Es una luz roja. Su madre, con la mirada perdida, atenta por la ventana. El plano-secuencia es fantástico. Cheyenne en su casa. La madre de Mary levanta el teléfono y lo extiende.

- ¿Diga? –Mira hacia atrás para pasarlo. El hilo telefónico. La mano que lo coge. Cheyenne de espaldas. El hilo se tensa. Mary de frente. El teléfono de color rojo. Planos simultáneos.
- ¿Diga? –pregunta Cheyenne. En la piscina: Mi padre se está muriendo de viejo. Una enfermedad que no existe y llevo 30 años sin coger un avión –habla con Jane.
- Ese no es tu único problema.
- Cierto. También temo un poco a la muerte.
- Cierto, no puedes morir hasta que vendas tus acciones de Tesco.
Cheyenne pregunta por la necesidad de poner “Cuisine” en la cocina:
- Es una tontería, ya sé que es una cocina.

No es una frivolidad. Sus recuerdos necesitan una cocina. “Vuelve pronto, ya sabes que no puedo vivir sin ti”. “Eso no es cierto pero gracias por decirlo”. Plano cenital sobre la piscina vacía cuyo único personaje es el perrito de Jane al sol.

Road movie

Un lugar donde quedarse (2011) de Paolo Sorrentino
Un lugar donde quedarse (2011) de Paolo Sorrentino

La cinta se convierte en su segunda parte en una road movie. Cheyenne intenta atrapar al verdugo de su padre. El viaje es un viaje interior. En nuestra cinta hay un kilómetro cero, pero ¿cuál es la meta? ¿Cuál es la naturaleza de la venganza? ¿Quién es Cheyenne? A los dieciséis años se fue de casa rompió con su familia y hacía 30 que no hablaba con su padre. 20 años sin actuar, Cheyenne fue el líder de una banda gótica, Cheyenne and the Fellows famosa en los ochenta. Bad Friends fue su sexto álbum. El motivo de su retiro fue un suceso luctuoso. Dos hermanos de 15 y 16 años se suicidaron tras uno de sus conciertos. En el cementerio sobre la lápida, todas las semanas, Cheyenne deposita un ramo de flores. La inscripción de la lápida: “Flores oscuras en el jardín otoñal crecen dentro de mí”. Es una metáfora del propio Cheyenne, una lápida, un jardín otoñal. Cheyenne y David Byrne no tienen nada en común: “escribía canciones siniestras porque eran la moda y gané un pastón. Canciones deprimidas para chavales deprimidos. Dos de ellos más frágiles que los demás, acabaron suicidándose y ahora voy al cementerio todas las semanas para tranquilizar mi conciencia pero no me alivia sino que es mucho peor. Mi mujer me pregunta por qué ya no toco. Pienso que debe ser estúpida, pero, a lo mejor, es que me quiere lo que la convierte en más estúpida aún porque no sabe lo desastroso que es su marido ¡Y eso es lo que hay David!”.

Las pistas

Los manuscritos y los dibujos lo colocan en la pista. Los apuntes de su padre son un mapa que conduce a Auschwitz en un viaje de ida sin retorno: “Antes del infierno, mi vida podía resumirse en una sola palabra: despreocupación. De niño me gustaba mirar fijamente el cielo polaco. El mismo cielo que después vi desde el campo manchado de rayas negras, el humo de mis familiares. Aun así, esa visión macabra no me impidió disfrutar de la belleza del cielo. Otro pensamiento monstruoso como todos los pensamientos de quienes están en el infierno”. Cheyenne realiza este recorrido. Su vida es un en-sí, ciego e irracional, solipsista, como la coraza de un cangrejo ermitaño. Sin ventanas. Cerrado, hermético. Su para-sí es la conciencia y la conciencia es una luz roja de alarma encendida. La conciencia exige romper el círculo del ipseidad que es autorreferencial. El viaje resolverá la contradicción entre la conciencia y la coraza del cangrejo ermitaño, entre pensar y ser o entre conocimiento y verdad. No es lo mismo lo que describimos que lo que se nos revela. Walter Benjamin los distingue denominando al primero “conocimiento” y al segundo “verdad”. La verdad revelada no es teológica sino anamnética. La memoria es un imperativo categórico. Un logos con tiempo.

El caracol, los cruzadores de fronteras

Nuestro protagonista debe cruzar el Atlántico: Dublín-Nueva York. No llega a tiempo. En el lecho de muerte, Cheyenne levanta la sábana para descubrir el número 212603 de Auschwitz tatuado en el brazo izquierdo de su padre. De repente, el pasado gana la batalla de la memoria. El carrito que arrastra, la maleta que lleva a Nueva York, como un caracol, Cheyenne transporta sus recuerdos. El plano en el Motel de Bad Ake en Michigan, sobre la tábula rasa de la mesa, un caracol y un cenicero. ¿Qué tienen en común? Ceniza y trashumancia. El músico gótico es lento, deja tras de sí un rastro pegajoso como la baba del caracol, tira del carro como Edipo ciego, de su destino. Es un castigo autoimpuesto. Pertenece a la segunda generación de víctimas del Holocausto. El pasado está clausuradopara esta generación. La guerra es un relato que se lee o escucha. Hay una traba en la memoria, su padre es un desconocido. El Holocausto y su padre se identifican en el interrogatorio de Midler. Su respuesta es que sólo los conoce “En líneas generales”. El carro de Cheyenne es un depósito mudo del pasado. El depósito mudo del tiempo tiene que abrirse. Hay que romper la tiranía del bilderverbot, esto es, la prohibición de las imágenes o la prohibición de los relatos. Cheyenne debe construir un relato identitario. Es una mezcla de gótico, post-punk, dark-wave, rock underground. La catarsis no ha funcionado. Persona procede del latín prósopon, que significa máscara, la máscara confería más resonancia a la voz, de ahí viene per-sonare que significa “hablar a través de”, hablar a través de una máscara. Cheyenne habla a través de una máscara. Se maquilla cuidadosamente todos los días, prepara su papel.

Ahora debe reconstruir el puzle. A su itinerario se une un polizón, el indio navajo que se le cuela en la gasolinera representa un proyecto: por una carretera infinita, en medio de la nada del desierto de Sonora, asfalto, horizonte y cielo todos en un plano. No hablan durante el trayecto. En un punto, el pasajero levanta la mano. Solicita detener el vehículo. Abre la puerta y desciende. Allí no hay nada. Sólo el sol y la bóveda celeste clavándose en las retinas como cristales encendidos. Al instante, empieza a caminar. ¿Adónde? Cheyenne, alucinado, pone en marcha el vehículo para continuar el viaje. Como el destino del indio, el final de su viaje es un sin lugar. Dos sujetos, desubicados unidos por el destino y por el asfalto de una carretera infinita que no conduce a ninguna parte. Unidos por el destino común de sus pueblos, el navajo, como un elefante centenario inicia el camino del regreso al “Uno” originario de Plotino. El músico gótico retoma el viaje hacia un destino incierto, irreparable… que ningún GPS podrá localizar.

El alienígena

Un lugar donde quedarse (2011) de Paolo Sorrentino
Un lugar donde quedarse (2011) de Paolo Sorrentino

Cheyenne forma parte de esta memoria diaspórica con un factor añadido, él mismo se ha autoexcluido. Podríamos decir que Cheyenne sufre de amnesia diaspórica. En la casa de Rachel, la nieta de Aloise Lange, Cheyenne confiesa: “No puedo explicar cómo pasé 30 años de mi vida sin hablar con mi padre. Supongo que había desprecio mutuo. A los 16 años, decidí que él no me quería porque yo me pintaba los ojos exactamente igual que ahora. Y cuando eres un crío, es muy difícil cambiar tus decisiones. Pero fingí demasiado tiempo que era un crío y es ahora, cuando me doy cuenta de que un padre no puede evitar amar a su hijo. No tener hijos me ha jodido por completo. Ahora que me doy cuenta, es demasiado tarde”. “Más vale tarde que nunca” –argumenta Rachel. “¡Eso no es verdad! ¡Tarde es tarde!”. De algún modo, Cheyenne pertenece a una suerte de disidencia mnésica de la que, llegado a este punto, se arrepiente.

Yasemin Nuhoglu Soysal mantiene que “La diáspora es una extensión del estado-nación, en el sentido de que constituye la condición de extranjería dentro de otras naciones o etnicidades” (Yasemin Nuhoglu Soysal, “Citizenship and Identity: Living in Diasporas in Postwar Europe?”, en Ulf Hedetoft y Mette Hjort (eds.), The Postnational Self: Belonging and Identity, Minneapolis y Londres University of Minnesota Press, 2002, p. 138. En Modernismo después de la Modernidad, “Diáspora y nación: la migración a otros pasados”, op. cit., p. 186).“Enajenación” significa negación. Negación de sí mismo o “estar fuera de sí”. El concepto es clave en Hegel. Marx traduce “enajenación” por “alienación”. Alienación se origina en “alien” que significa extraño, ajeno. De esta palabra proviene “alienígena”, esto es, de origen extraño. Cheyenne es un “alienígena”. Extraño para su familia, ajeno de su música, alien de sí mismo. Para la historiografía de la memoria del Holocausto Cheyenne no cuenta.Se le cierra el paso: dirección prohibida. El alienígena tiene que solicitar permiso para despedirse de su padre. En Un lugar donde quedarse el mapa traza un itinerario Dublín-New York- Bad Ake (Michigan)-Alamogordo (New México)-Huntsville (Utah)-Dublín son puntos de destino de la memoria diaspórica: ticket de ida y vuelta desde el Aviva Stadium de Dublín.

La utopía, This must be the place

Un lugar donde quedarse (2011) de Paolo Sorrentino
Un lugar donde quedarse (2011) de Paolo Sorrentino

Éste debe ser el lugar es una canción de Talking Heads del año 1983 que da título a la película. Todos los personajes están desubicados, excepto Jane. Bombera de profesión, nos protege del fuego. Todos buscan algo. Éste debe ser el lugar es una canción que tiene que ver con la memoria diaspórica, esto es, la pérdida del hogar combinado con el deseo de llegar a él, todos los personajes de esta cinta son diaspóricos. David Byrne interpreta en directo This must be the place. Un fantástico corte de cinco minutos que marca un punto de inflexión y prepara la road movie. Antes un patinador de fondo, en Central Park cae anticipando la actuación. En casa de Rachel, el joven Thomas Lange trae a Cheyenne una guitarra acústica. Cheyenne lo mira sorprendido. Hace veinte años que no toca. El niño coloca la foto de su padre, un marine norteamericano, baja en alguna de las guerras: ¿Afganistán?, ¿Irak? …, orientada hacia ellos. “Mi madre dice que fuiste cantante”. “Incluso cantó con Mick Jagger” –apunta Rachel. “De hecho, Mick Jagger cantó conmigo. Fue idea suya”. “¿Puedes tocar una canción?” –pregunta el joven Thomas. “Ya no toco. No sé si recuerdo cómo tocar”. “Mi profe de música dice que eso nunca se olvida” –insiste el chaval. “A lo mejor es para ser amable o para sacarte dinero”. Tommy insiste. Se proponen tocar This must be the place. Destaca el segundo plano de Rachel en el que la figura de un búho siniestro asiste como espectador al improvisado número musical. La escena es lírica y escalofriante, al mismo tiempo. Por un lado, el joven solista acompañado por Cheyenne, por otro, el elemento germánico representado por el ave nocturna.

El personaje de Cheyenne está inspirado en Robert Smith el cantante de The Cure. Sorrentino asistió muchas veces a sus conciertos. El mismo Cheyenne se llama a sí mismo John Smith cuando se presenta ante Dorothy Shore, la mujer de Aloise Lange. El director conoce el grupo y su música, declara: “Hace tres años los vi de nuevo y allí estaba Robert Smith, ahora con cincuenta años exactamente igual que cuando tenía veinte. El mismo look que cuando era adolescente”. El nombre de Cheyenne es un nombre típico de una estrella del rock. “Pensamos en ‘Siouxsie and the Banshees’, uno de los muchos nombres inspirados en la historia de las estrellas del rock pero lo cambiamos a ‘Cheyenne and the Fellows’”.

Magnum 44

Cuando Cheyenne se acerca a su objetivo decide comprar un arma. No sabemos si para defenderse o para atacar. Su vista se detiene en una Magnum 44. La aparición de su padre subraya el instante escatológico:

- Sí esa que tiene delante. La única pistola con la potencia de un rifle pero sin su volumen.
- No entiendo nada de armas –comenta Cheyenne.
- Yo sí. Esa pistola permite disparar con precisión y matar a 76 metros. Y no sólo proporciona la satisfacción de matar, permite matar con impunidad que es totalmente diferente. Créame es algo extraordinario matar con impunidad. Un cambio de perspectiva muy poco frecuente en la vida de un hombre. Si se nos permite ser monstruos acabamos teniendo un único deseo: ser realmente monstruos.

Robert Plath

Cheyenne llega a Huntsville en Utah. En el bar, centra su atención en un anciano que lee abstraído la prensa:

- ¿Puedo sentarme con usted? –pregunta.
- Por supuesto, siéntese –responde el lector. El anciano observa la maleta.
- ¿Está… viajando?
- Turismo.
- ¿Cuál es exactamente la diferencia?
- No sé cuál es exactamente la diferencia pero siempre pensé que los viajeros son un coñazo –afirma Cheyenne.
- Yo pienso lo mismo. ¡Muerte a la mochila! Ese de ahí es un buen modelo. Bonito equilibrio entre la mecánica y la capacidad.
- ¿Está en el negocio del equipaje? –sorprendido Cheyenne.
- De eso hablaremos luego. Pero digamos primero por qué motivo quería verme.
- Estoy buscando a un alemán.
- Pues ha venido al lugar adecuado. Los alemanes vienen de vacaciones, les encanta. Les recuerda a los Alpes y en su país pueden decir que han estado en América.
- Estoy buscando a un tipo diferente de alemán. Éste vive aquí. Se llama Aloise Lange. Era amigo de mi padre y me gustaría… hacerle una visita ¿le conoce?
- De eso hablaremos luego. ¿Recuerda cuando no existían las maletas con ruedas? Había que cargar las bolsas al hombro porque pesaban mucho. Todo el mundo sudaba y blasfemaba y, de pronto, llega alguien, fue hace pocos años, pensándolo bien, que tiene la idea genial de ponerles ruedas. De repente, la maleta ya no pesa. Me hago a diario la misma pregunta: ¿por qué no se le había ocurrido antes a nadie?
- ¿Por qué se hace a diario la misma pregunta? –insiste Cheyenne.
- Porque yo soy el que tuvo esa genial idea.
- Me está tomando el pelo.
- No, jamás haría tal cosa. Soy Robert Plath. Fui piloto de Northwest Airlines. En 1988 tuve una idea, así que la probé en mi garaje y la patenté. No diré que fue un éxito porque fue una revolución. Bien Huntsville tiene 150 habitantes. Sólo uno de ellos tiene acento alemán. Casi no se le nota y no se llama Aloise Lange. Se llama Peter Smith. Vive en una cabaña en la colina, hacia el Este. Es mayor que yo creo que más guapo y no puedo decir que me caiga bien el tal Peter Smith.

Robert Plath es el inventor de la maleta con ruedas. La carga se aligera. Ahora Cheyenne sabe que ha llegado al final de su viaje. Robert Plath lo ha situado en el punto exacto de su itinerario. ¿Qué hacer?... El verso de Hölderlin lo dice todo: “Donde hay peligro, crece también lo que nos salva”.

Si esto es un hombre

Un lugar donde quedarse (2011) de Paolo Sorrentino
Un lugar donde quedarse (2011) de Paolo Sorrentino

El refugio de Aloise Lange en medio de ninguna parte. Un paisaje de alta montaña. Rodeado de nieve. El plano de la camioneta roja, el refugio, el cielo azul y la nieve es genial. Sorrentino es un maestro del encuadre. “¿Al menos sabes usar esa pistola?” –pregunta Midler; “¿Cómo coño sabía que tenía una pistola?”; “Porque lo sé. Porque he estado en guerra toda la vida. No acaba nunca” –asegura Midler.Mientras Aloise Lange confiesa, afuera, Midlder se ha dormido en la seguridad de la camioneta. De repente, algo llama su atención. Del refugio sale Lange completamente desnudo. La instantánea recuerda los cuerpos desnudos de Auschwitz en medio de la nieve. Una humillación se paga con una humillación. La escena recuerda las fotos de los prisioneros sobre las alambradas del campo esperando su liberación.

Clavado en la retina se queda este cuerpo,
ya senil, andando torpemente sobre la nieve.
Podemos preguntarnos "si esto es un hombre".
¿Adónde se dirige? Es sólo una exposición.

La película La tregua del año 1974, dirigida por Francesco Rosi, protagonizada por John Turturro, basada en la autobiografía de Primo Levi, en sus primeros minutos representa la liberación de Auschwitz por el Ejército Rojo: “26 de enero [1945]: Yacíamos en un mundo de muertos y de larvas. La última huella de civismo había desaparecido alrededor de nosotros y dentro de nosotros. La obra de bestialización de los alemanes triunfantes había sido perfeccionada por los alemanes derrotados. Es hombre quien mata, es hombre quien comete o sufre injusticias; no es hombre quien, perdido todo recato, comparte la cama con un cadáver. Quien ha esperado que su vecino terminase de morir para quitarle un cuarto de pan, está, aunque sin culpa suya, más lejos del hombre pensante que el más zafio pigmeo y el sádico más atroz. (…) 27 de enero: El alba. En el suelo, el infame revoltijo de miembros secos, la cosa Sómogyi. Hay trabajos más urgentes: no podemos lavarnos, no podemos tocarlo hasta después de haber cocinado; hay que vaciar la letrina. Los vivos son más exigentes; los muertos pueden esperar. Nos ponemos a trabajar como todos los días. Los rusos llegaron mientras Charles y yo llevábamos a Sómogyi cerca de allí. Pesaba muy poco. Volcamos la camilla en la nieve. Charles se quitó la gorra. Yo sentí no tener gorra” (Primo Levi, Si esto es un hombre. Traducción Pilar Gómez Bedate, Segunda edición, mayo de 2002, Muchnik editores, Barcelona, 2002, p. 97).

Clavado en la retina se queda este cuerpo, ya senil, andando torpemente sobre la nieve. Podemos preguntarnos “si esto es un hombre”. ¿Adónde se dirige? Es sólo una exposición. Cheyenne sube a la camioneta: “Algo va mal. No sé exactamente qué. Pero algo va mal”. Arranca el coche. Aloise Lange queda abandonado en la nieve. La furgoneta se pierde.

El dolor no es un destino final

Un lugar donde quedarse (2011) de Paolo Sorrentino
Un lugar donde quedarse (2011) de Paolo Sorrentino

No es el Holocausto lo que no logramos entender en toda su monstruosidad: “Es nuestra Civilización Occidental, una civilización que el Holocausto ha convertido en incomprensible”. La generación que lo vivió casi ha desaparecido pero aquellas características de nuestra civilización, “otrora familiares y que el Holocausto convirtió de nuevo en misteriosas, siguen formando parte de nuestra vida: no han desaparecido y, por tanto, tampoco ha desaparecido la posibilidad del Holocausto” (Modernismo y Holocausto, op. cit., p. 109).

Finalmente, Cheyenne que no ha fumado en toda su vida, toma un pitillo de un desconocido que se lo ofrece mientras espera su vuelo. Algo ha cambiado. Ya en Dublín, el Aviva Stadium, la madre de Mary perdida en la ventana, cuando, de repente, alguien dobla la esquina. Resulta familiar su forma de andar. Primero mira al paseante que se aproxima, extrañada, luego sonríe, al identificarlo. ¿Tony? Después, la voz en off: “Durante el infierno, nosotros también desde el otro lado de la alambrada, mirábamos la nieve y a Dios. Así es Dios. Una forma infinita, apabullante, hermosa, holgazana e inmóvil. Sin ganas de hacer nada, como ciertas chicas con las cuales cuando éramos adolescentes sólo nos atrevíamos a soñar”. Aloise Lange olvidó cómo describir a Dios. Nos preguntamos, para terminar, ¿Fue la madre de Mary una de esas chicas de las que, cuando éramos adolescentes, sólo nos atrevíamos a soñar? Hay un aire de complicidad en la escena final. No importa tanto lo que ha pasado con Ernie Ray o si Tony ha aparecido o no. No importa tanto si Mary se enrolla con Desmond o si Jane ha esperado o no a Cheyenne, la felicidad de Rachel, la soledad de Dorothy Shore.

Lo importante de este filme es la mezcla de efectos visuales y narrativos más una genial banda sonora dirigida por David Byrne. No es tanto la historia sino la forma de la misma: planos, primeros planos, planos-secuencias, travelling, encuadres, superposiciones, el filme está cuidado al detalle. La memoria, el Holocausto, los desencuentros familiares, las vidas rotas, la identidad personal. Al final nos queda un aire inquietante con un cierto sabor a limón, conscientes de que el dolor no puede ser un destino definitivo.

Autor: Manuel González Riquelme

Manuel González Riquelme es profesor de Filosofía de Secundaria en el IES Vicente Medina de Archena (Murcia). Ha participado en varios cursos de Filosofía y Cine y de Aplicaciones didácticas de los cortometrajes.

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