El juego de la poesía

Artículo publicado en el nº 256 Especial Creatividad y Literatura
Artículo publicado en el nº 256 Especial Creatividad y Literatura

Confesiones de Beatriz Osés García, una especialista en poesía para niños y niñas, sobre cómo busca su inspiración para crear bellos poemas y sobre por qué acercar la poesía al aula.

“Los niños van por la tierra
y las niñas por el aire.
Por el sueño nadie”
“La nana de Julia”
de José Agustín Goytisolo

L a noche está entre pestañas azules”, imaginaba Ramón Gómez de la Serna en una de sus greguerías. Cuando el alumno cierre los ojos y la escuche en la voz de su maestro podrá sentirla. Si el profesor da de leer, al igual que recordaba Daniel Pennac, también la noche llegará al aula y caerá con delicadeza al mar como susurraba Nicolás Guillén (2005,31) en los siguientes versos:

“Del hondo cielo la noche
cae, la noche
con su gran velo flotando
cae la noche
al mar”.

Dentro de esa noche, que nace en el aula y de la voz del maestro, brotarán “trenzas de luna” de la misma manera que las soñaba Juan Cruz (2003,16). Y a la voz del maestro se unirán las de los alumnos y serán capaces de tomar una estrella, como hacía Pablo Neruda (2009) en su Oda a una estrella:

“Tomé la estrella de la noche fría
y suavemente
la eché sobre las aguas”.

Y verán en el cielo de la noche fría esa “luna redonda, redonda y blanca” de Antonio Rubio (2009,18). Una luna redonda, redonda y blanca, “tan calladita y muda cuando me hablaba” o se perderán en la noche de Ciudad laberinto, de Pedro Mañas. Si el maestro lleva la poesía al aula descubrirán que “La noche es un tren” o aprenderán nanas como la de Ángel Guache (2004,29):  “Duérmete niño. / Y aposenta los sueños / en tu cuna de hojas / y tiernos leños” o como la de Miguel de Unamuno (2004,21) que concluía así: “La media luna es una cuna, /va a luna nueva; y al niño de la media luna,/ ¿quién me lo lleva?” o la inquietante nana de Lorca: “Nana, niño, nana./ ¡Ay, caballo grande/ que no quiso el agua!”.

"Cuando el alumno cierre los ojos
y escuche la poesía
en la voz de su maestro
podrá sentirla"

En esta noche de voces, de estribillos compartidos, de versos colgados de la luna, el maestro puede invitar a los alumnos a imaginar sus propias metáforas, a jugar con el ritmo, con la rima, a sentir los poemas, a no olvidar la memoria, la memoria de la poesía, a expresar con la mirada, con la entonación, con el silencio, con los susurros, a controlar la respiración, a disfrutar con la musicalidad del verso, a crear y escribir sus propias imágenes poéticas. En definitiva, a jugar con la palabra pintada en el aire. Este juego, como señala Víctor Moreno (2004,17) es “una revuelta contra el tópico, la redundancia, el estereotipo, todo lo que hace que las palabras funcionen como automatismo, sin generar un pensamiento, sin significar”.

Si los alumnos fueran voz en el aire, en esa noche de versos, serían una voz de aire que se va llenando de palabras porque como destaca Georges Jean (1996,38) la poesía “[…] puede constituir una verdadera terapia respiratoria para niños con una respiración no controlada o corta, tanto en este plano como en el de la motricidad. Para todos, la poesía es un paso, generalmente olvidado pero esencial, en el aprendizaje de la lectura”.

La poesía es ese juego esencial en el aprendizaje de la lectura y una aliada en la mejora de la expresión oral. En ella se unen la palabra, la memoria, el ritmo, las emociones, la gestualidad, la posibilidad de sentir. La poesía es alimento del alma. Si los alumnos fueran voz en el aula les querría en la poesía, en la memoria y en la emoción.

Si fueran verso, serían también memoria, memoria de las palabras, de las imágenes, de olores que otros sintieron. Si fueran voz en el verso, todas esas palabras llegarían a ellos a través de su memoria y de la memoria de los otros. Y sus voces esperarían a su memoria, se unirían a ella y sonarían en voz alta sin titubeos. Porque la poesía es arma para la memoria y sus voces no deben olvidar la memoria.

La imagen poética y los sueños

“Si una imagen presente no hace pensar en una imagen ausente, si una imagen ocasional no determina una provisión de imágenes, una explosión de imágenes, no hay imaginación”.
G. Bachelard 1

"Mis poemas infantiles provienen
de una imagen inicial, del territorio
de la noche, como pequeñas
fotografías que surgen cuando
cierro los ojos, vinculadas
al humorismo y a la nostalgia
y asociadas a mi forma
de entender el mundo"

Mis poemas infantiles provienen de una imagen inicial, del territorio de la noche, como pequeñas fotografías que surgen cuando cierro los ojos, vinculadas al humorismo y a la nostalgia y asociadas a mi forma de entender el mundo. Ana Pelegrín (2008, 195) hablaba de la memoria de la infancia como impulso de una acción imaginante y de un estado que “es comparable al sueño, ensueño y, por su restallante incitación, excitación, al instante del jugar”.

Alguna vez me he referido a la escritura de lo breve como a un juego con un puzzle de muy pocas piezas, con la esencia de las palabras, con un estilo desnudo y, al mismo tiempo, sugerente y lleno de matices, con la posibilidad de crear pozos y abrir diferentes niveles de lectura, de provocar diversas interpretaciones y de despertar alguna reacción en el lector. Este juego con lo mínimo consiste, como explica Georges Jean (1996, 81), en “volver a encontrar, como algunos artistas primitivos, medios escasos, una materia pobre, para hacerla brillar sin artificios estéticos o culturales, con todo su esplendor”.

La reducción de elementos, la síntesis, debe unirse a la búsqueda del extrañamiento, del absurdo, de lo inesperado, de un humor que surge de la lectura lenta y pausada, de la relectura, que requiere del pensamiento y de la participación del niño.

El mundo al revés y la animalización

Me dijeron que en el Reino del Revés
nada el pájaro y vuela el pez.
María Elena Walsh2

En la mayoría de mis poemas recurro a los animales para crear imágenes poéticas. La animalización es un medio para distanciarme y, al mismo tiempo, hablar con libertad de los animales que llevamos dentro. Estos personajes conectan con el tiempo de la infancia y con la tradición. Me permiten el juego de la inversión, la vanguardia y la ruptura con lo previsible. El viejo tigre, el lobo verde, el lirón insomne... nacen de este mundo al revés donde las apariencias engañan. Para el alumno resulta divertido, incluso liberador, aceptar esta propuesta para voltear la realidad y buscar otra más original, más equilibrada o más justa.

"La poesía para el alumno
tiene la atracción del ritmo,
del sonido, de la memoria,
es juego"

Pero no me refiero a este juego desde una visión trivial. Lewis Carroll (18,2004) lo definía no como algo infantil, “sino como una actividad profundamente seria, el juego como algo que tiene su importancia en sí, un sistema de valores, que pueda dar una gran plenitud a quien lo está practicando”.

En estos animales se esconden diferentes símbolos o representaciones del tiempo (el círculo del bicho bola), la pérdida de la memoria (el elefante), las tres edades (la tortuga), la individualidad (el lobo verde o la oveja negra), los sueños (el pájaro del reloj de cuco), la soledad (la jirafa)... Estos elementos son constantes que se repiten tanto en los textos en verso como en prosa y, de alguna forma, me sirven de referencia y de unión a través de diferentes géneros literarios.

La voz del verso

La poesía
Tan clara que, invisible,
En sí misma se esconde
Como el aire o el agua,
Transparente y oculta;
Desierta no, surcada
Por pájaros y peces,
Herida por los árboles.
Manuel Altolaguirre3

La poesía está surcada por pájaros y peces, por voces que la habitan, así debería crecer en el aula ya que, como apunta Georges Jean (1996, 101), “todo poema que no es dicho deja en silencio una buena parte de sí mismo”. Aunque como germen mis textos se originen a partir de una imagen, los poemas pronto reclaman una voz, un ritmo, una melodía y una verticalidad. Los repito entonces en voz baja, en silencio y en voz alta hasta que se ordenan.

La poesía para el alumno tiene la atracción del ritmo, del sonido, de la memoria, es juego, juego con las palabras, es juego de la imaginación, es juego para respirar, es juego para confiar en su propia voz, es juego para compartir con los otros, para recitar juntos, es un juego esencial en el aprendizaje de la lectura, es un juego —como recuerda Bachelard (1996, 16) para “decir diferentemente lo que sueñan, lo que les obsesiona, lo que les atormenta o lo que les falta”.

Notas

1.- Bachelard en: Ana Pelegrín (2008) Cada cual atienda a su juego. Madrid. Editorial Anaya, 195.
2.- Walsh, E (2008) El reino del revés. Madrid. Editorial Alfaguara Infantil, 22.
3.- Altolaguirre, M. en Pelegrín, A. (2007) El huerto del limonar. Madrid. Editorial Edelvives.
4.- Bachelard en Georges Jean (1996) La poesía en la escuela. Madrid. Ediciones de la Torre, 16.

Bibliografía

  • CARROLL, L. en MORENO, V.: Va de poesía, Pamplona (2004), Editorial Pamiela, 18.
  • CRUZ, J.: Poemas para las horas y los minutos, Madrid (2003), Editorial Edelvives.
  • GÓMEZ DE LA SERNA, R.: Greguerías, Madrid (1991), Editorial Espasa-Calpe, 205.
  • GOYTISOLO, J.A.: Poesía para estudiantes, Madrid (1996), Editorial Lumen, 56.
  • GUILLÉN, N.: Isla de rojo coral, Salamanca (2005), Lóguez Ediciones, 31.
  • JEAN, G.: La poesía en la escuela. Hacia una escuela de la poesía, Madrid (1996), Ediciones de la Torre, 16, 81.
  • MAÑAS, P.: Ciudad Laberinto, Andalucía (2010), Editorial Kalandraka.
  • MORENO, V.: Va de poesía, Pamplona (2004), Ediciones Pamiela, 17.
  • NERUDA, P.: Oda a una estrella. Barcelona-Madrid (2009), Editorial Libros del Zorro Rojo.
  • PELEGRÍN, A.: Cada cual atienda a su juego, Madrid (2008), Editorial Edelvives.
  • PELEGRÍN, A.: El huerto del limonar, Madrid (2007), Editorial Edelvives.
  • RUBIO, A.: Versos vegetales, Madrid (2009), Editorial Anaya, 18.
  • SANDOVAL, A.: La noche es un tren, Madrid (2008), Editorial Anaya.
  • UNAMUNO, M. en GARCÍA PADRINO, J. y SOLANA, L.: Por caminos azules. Antología de poesía infantil, Madrid (2004), Editorial Anaya, 21.
  • WALSH, E.: El reino al revés, Madrid (2008), Editorial Alfaguara Infantil, 22.

Autor: Beatriz Osés García

Beatriz Osés García es profesora, escritora y periodista. Ejerce la docencia desde hace doce años en Extremadura. Ha sido galardonada con el premio de novela juvenil La Brújula 2010 por “El cuentanubes”, el premio de poesía infantil Ciudad de Orihuela 2008 por “El secreto del oso hormiguero”, el premio Lazarillo 2006 por “Cuentos como pulgas”, el premio Giner de los Ríos 2005 y el Joaquín Sama en 2004.


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