¿Es tan importante la fluidez lectora?

Artículo publicado en el nº 223 Especial La lectura: un reto en la educación

Artículo publicado en el nº 223 Especial La lectura: un reto en la educación

La fluidez lectora es un aspecto básico hoy en la enseñanza de la lectura y ha dado lugar a importantes desarrollos teóricos y didácticos. Un lector fluido mantiene esta habilidad durante periodos de no práctica y puede generalizarla a distintos textos. La fluidez lectora es una habilidad que define a los buenos lectores.

Introducción

El uso social que se ha hecho de la lectura ha condicionado el valor que se ha concedido a la fluidez lectora a través del tiempo. Cuando ha sido necesario que los que sabían leer leyeran para los no alfabetizados, la fluidez lectora ha sido especialmente cultivada en la escuela, y, por eso, ha sido incluida en los programas escolares. Después, desaparecida la necesidad de la lectura para informar a otros, se destacó la importancia de la lectura individual silenciosa. El entendimiento de los textos esycritos se impuso a la interpretación oral de los mismos. Se puso el acento en la lectura silenciosa, pues con ella, se pensaba, se promovía la comprensión lectora, que pasó a ser el elemento de la lectura que se reclamaba con preferencia.

La publicación del Informe del Panel Nacional sobre Lectura (National Institute of Child Health and Human Development, 2000) promovió una importante reconsideración del papel de la fluidez lectora en el aprendizaje de la lectura. El encargo recibido por este panel de expertos fue investigar, en la literatura científica, los métodos más eficaces utilizados para la enseñanza de la lectura. Llegaron a la conclusión de que uno de los componentes críticos del aprendizaje de la lectura es la fluidez sector a: la práctica de la lectura oral influyen las medidas que se obtienen en la evaluación del conocimiento de las palabras, de la velocidad lectora y de la precisión en la lectura de las palabras; además, hablan del impacto de esta práctica en la comprensión.

En Reading Today, publicación bimensual de International Reading Association, en el 23(3), 1, 8 (2005/2006), Cassidy y Cassidy, en la sección “What´s Hot, What´s Not for 2006″, un conjunto de expertos en la lectura fueron preguntados sobre temas relevantes de la enseñanza de la lectura. Coincidieron en que la fluidez lectora era un tópico relevante.

La fluidez lectora es un aspecto básico hoy en la enseñanza de la altura y ha dado lugar a importantes desarrollos teóricos y didácticos. Un lector fluido mantiene estabilidad durante periodos de no práctica y puede generalizarla a distintos textos. La fluidez lectora es una debilidad que define a los buenos lectores. Por otra parte, en las sociedades democráticas actuales, la exigencia de la lectura en público añade valor a esta parcela de la lectura que había sido prácticamente abandonada por muchas escuelas. Innumerables actos sociales, dependientes de la vida política, exigen también el dominio de esta ” revivida” actividad lectora.

La realidad de fluidez lectora en la escuela actual que tenemos más próxima, que se refleja las actividades didácticas contenidas en los materiales curriculares y la práctica habitual de las aulas, nos habla de falta de sistematicidad en las actividades como consecuencia de una conceptualización deficiente de la fluidez lectora.

¿Qué es la fluidez lectora?

Es decir por un lado, la fluidez lectora ha sido entendida como un aspecto de la lectura oral. El Informe del Panel Nacional sobre Lectura definirá fluidez como la habilidad para leer un texto con rapidez, precisión y expresividad (NICHD, 2000). Pero también se ha pensado que la comprensión lectora requiere que los sujetos lean con fluidez (en caso, no sería posible la actividad comprensiva). En 1974, en un célebre artículo, LaBerge y Samuels subrayan la imposibilidad de que un alumno que dedique su esfuerzo lector al descifrado de los vocablos pueda construir el significado del texto. La fluidez es, por ello, un elemento básico para el logro de la comprensión lectora. Esta exige un descifrado automático de los vocablos del mismo. El descifrado automático se convierte, así, en el elemento básico de la fluidez y en algo imprescindible para la realización de la lectura. Por todo ello, la fluidez de simplemente algo relativo a la lectura oral (Pikulski, 2006).

Harris y Hodges (1995), en su Diccionario de Lectoescritura, definen la fluidez como la libertad, la superación de los programas de identificación de palabras que pueden impedir la comprensión.

Pikulski (2006:73) ofrece una definición, a nuestro juicio completa, es una síntesis del Informe del Panel Nacional sobre Lectura y del Diccionario de Lectoescritura ya citados:

“La fluidez lectora es un proceso que incluye habilidades eficaces de decodificación que permiten al lector comprender el texto. Existe una relación recíproca entre la decodificación y la comprensión. La fluidez se manifiesta en la lectura oral precisa, rápida y expresiva y es aplicada durante la comprensión lectora silenciosa.”

La esencia de la fluidez no es la velocidad lectora y la expresividad toral de la lectura, sino la habilidad de decodificar y comprender un texto al mismo tiempo (Samuels, 2006:9).

La historia de la investigación de la fluidez en el campo de la lectura podría ser caracterizada como intelectualmente espasmódica”, porque etapas de gran interés por ella han sucedido otras escaso o ninguno /(Wolf y Katzir-Cohen, 2001: 211). Los investigadores han probado que la velocidad lectora es un componente esencial de la altura y que correlaciona significativamente con la precisión útil, y que la fluidez y comprensión están marcadamente asociadas (Walter, Mokhtari y Sargent, 2006). Sin embargo, la relación entre fluidez y comprensión es compleja (Pikulski y Chard, 2005). Estamos a falta todavía de los estudios que aclaren esta relación, se precisa en el comportamiento de los componentes de la fluidez haciendo análisis modulador es más ricos, que aclaren el papel de la lectura independiente en la fluidez lectora, la relación entre la expresividad lectora y la comprensión…

Determinantes de la fluidez lectora

Son varios los prerrequisitos que hacen posible un normal desarrollo de la fluidez lectora. Sin su existencia la fluidez presentará problemas. Tomando como referencia estos factores determinantes, será posible establecer las causas de las dificultades y su corrección. Esto nos parecen decisivos:

El dominio de las habilidades de identificación y correspondencia entre temas telefonemas (decodificación). Uno de los componentes básicos de la fluidez, como hemos visto más arriba, es la automatización del conocimiento de las relaciones entre los signos gráficos y los temas que representan. Aunque la fluidez no se agota en la lectura precisa y automática de las palabras, es un elemento indispensable de la misma.

La utilización de textos apropiados para la lectura ante un texto inadecuado, un potencial colector puede parecer lo contrario. La regla básica que legisle un texto adecuado es estar constituido por un alto porcentaje de vocablos de frecuente utilización de un pequeño número de vocablos desconocidos. Por otra parte, también hay que ponderar la dificultad intrínseca de los textos según su tipología.

El desarrollo lingüístico de los aprendices. Las experiencias lingüísticas de los sujetos, la realidad lingüística del medio ambiente familiar, la familiaridad toral con palabras y frases tienen una clara influencia en la fluidez lectora.

Otro determinante de gran importancia al aprendizaje de la primera es la motivación del alumno, su actitud ante la lectura y que le da. Se trata de un factor crítico que condiciona cualquier aprendizaje.

La metodología utilizada para el aprendizaje en la enseñanza de la fluidez. Como veremos después, existen diversas funciones didácticas con demostrado valor para promover este aspecto de la lectura. Su utilización producidas resultados positivos.

La enseñanza de la fluidez lectora

La enseñanza de la fluidez lectora es hoy ampliamente recomendada por especialistas de instituciones (NICHD, 2000): de ser enseñada y abrogada sistemáticamente, especialmente para los alumnos con programas de lectura.

Son distintos los métodos que han sido empleados para la enseñanza de la fluidez muchos de ellos han sido evaluados en su eficacia. Ambos exponen algunos de ellos, siguiendo la clasificación que hace Hudson, Lane y Pullen (2005).

1.- Métodos para desarrollar la velocidad y la precisión (exactitud).

Lecturas repetidas. Ha sido concedida para aprender y mejorar todo los componentes de la fluidez de zona y es uno de los métodos más estudiados. Consiste en repetir varias veces la lectura de un texto. En alguna de sus variantes (Samuels, 1979), los alumnos son invitados a leer en voz alta a un adulto un texto de 100 palabras. Después realiza varias lecturas silenciosas hasta que alcanza el criterio de 100 palabras leídas correctamente en un minuto. Conseguir el criterio, los alumnos pasan a otros textos. Éste método presenta variantes, pero todas pretenden desarrollar la precisión en la velocidad.

Lectura asistida. En la lectura coral, el profesor fue en voz alta con los alumnos. En otra modalidad, el alumno lee y señala las palabras mientras escucha el texto grabado en audio a veces, el alumno puede grabar su realización después de haber hecho las repeticiones. En otro método, el profesor y los alumnos leen alternativamente párrafos del texto. A veces, los alumnos exigen las frases leídas por el profesor. En la lectura por parejas, cada uno de sus miembros lee al otro y ambos hacen comentarios sobre su fluidez

2.- Métodos para desarrollar la expresividad.

Lectura teatral. Un método muy difundido es la lectura de obras teatrales. Requiere textos ricos en diálogos. El profesor lee ante los alumnos y les hace ver las emociones presentes los personajes de la obra. Asignar los distintos personajes a los alumnos y esto se ensaya repetidas veces la lectura del texto.

Lectura radiofónica. Es una variante del método anterior. Consistente en un rama de radio. En este caso, los alumnos pueden crear sus propias representaciones, que ensayan y leen ante sus compañeros. La radio escolar es ideal para este tipo de prácticas.

En el uno como modelo de sí mismo. Este método consiste en que el alumno se convierta en su propio modelo de fluidez lectora. Para ello, crear sus propias lecturas y luego las escucha.

Se han realizado estudios para constatar la eficacia de los diferentes métodos destinados a enseñar la fluidez lectora (sus componentes). En general, cuando la enseñanza tradicional de la lectura (basal reader) se ha comparado con los métodos específicos de la enseñanza de la fluidez, éstos han resultado más eficaces. Los enfoques que incluyen la lectura repetida han demostrado ser efectivos (Kuhn, M. y Stahl, S. 2004). Faltan, sin embargo, estudios experimentales o cuasi- experimentales con grupos de control que nos permitan un mejor conocimiento de su funcionamiento en las aulas.

La evaluación de la fluidez lectora

La fluidez oral y la de por sí importante en el campo de la lectura por su manifiesta correlación con la comprensión lectora y otras medidas de la lectura (Lems, 2006). En consecuencia, las ventas de la fluidez lectora están siendo cada vez más frecuentes en educación. La fluidez sido considerada muy útil su valor de síntoma, que ayuda a un mejor conocimiento del aprendizaje lector de los estudiantes.

En ese trabajo ofrecemos información sobre criterios e instrumentos de evaluación de los componentes o indicadores de la fluidez lectora. Es necesario advertir que la evaluación de estos aspectos tiene un valor limitado si no llega hasta la comprensión lectora, pues es en el marco de esta en el que los demás aspectos de la lectura tienen su auténtico significado.

La fluidez lectora se evalúa frecuentemente por medio de test individuales normativos que requieren el lector lea listas de palabras (o no palabras) o textos en voz alta con precisión y rapidez. Pero también existen muchos partidarios de evaluar la fluidez del propio currículum, con lo que se evitan los problemas de validez de contenido de los test (Deno, 1985). Éste enfoque es el recomendado por el Panel Nacional sobre lectura y se concreta en los inventarios informales de lectura, los análisis de los errores durante la lectura y los indicadores de velocidad lectora, de los que hablamos a continuación.

La evolución de la precisión en la lectura de las palabras puede tomar diferentes formas. A veces, consiste en hacerle llegar los alumnos (lectura oral) una lista de palabras, seleccionadas de acuerdo con distintos criterios. Otras veces, la lista es de las palabras. En ambos casos, el análisis de los sectores de precisión permite identificar la dificultad y tratarla convenientemente.

La evaluación de la velocidad lectora también presenta distintos formatos y, a veces, también puede servir para la evaluación de la precisión. Una manera de guardar la velocidad puede consistir en anotar el número de palabras que una lista de los alumnos pueden leer en una unidad de tiempo. Pero la forma más genuina es el que utiliza el texto para comprobar el número de palabras y la leídas en un determinado tiempo. La sexta entre las primeras y las segundas es la velocidad lectora. El análisis de los errores de las palabras malditas puede ser otro procedimiento para evaluar la precisión y exactitud. En otro procedimiento los alumnos graban en cinta magnética su propia lectura oral durante un minuto, el profesor analiza las posibles dificultades y computará velocidad lectora, cualquiera que sea el procedimiento utilizado, el registro de los resultados en distintos momentos (se aconseja que la fluidez rectora se evalúe tres veces al curso) puede plasmarse en un cuadro o gráfico.

La evaluación de la expresividad se suele realizar haciéndole cada alumno para comprobar cómo realiza la entonación, las pausas, la separación de frases y párrafos.

Bibliografía

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  • Harris, T.L. y Hodges, R.E. (1995). The Literacy Dictionary: The vocabulary of reading anb writing. Newark, DE: International Reading Association.
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  • Wolf, M. y Katzir-Cohen, T. 82001). “REading fluency and its intervention”. Scienctific Studies in Reading, 5 (3), 211-238.

Autor: Jesús Pérez González

Jesús Pérez González es inspector de Educación en el Servicio de Educación de la Delegación de Educación de Granada.


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