Ideas para la educación ambiental con las españoladas

Making Of 142

Propuestas para un máster en educación ambiental

Defensa del uso de las españoladas a nivel formativo para trabajar en un máster de educación ambiental.

 

 

 

El cine... ese invento del demonio
(Antonio Machado,1875-1939)

Preparando el set

El cine español es de calidad o, quizás, no lo sea. Sin embargo, no iremos a discutir mucho sobre esta realidad. Los premios y el reconocimiento internacional lo avalan. Ahora bien, no interpreten la afirmación inicial como una provocación, tal vez, lo digamos desde la convicción. Aunque muchos espectadores no se terminan de convencer o reencontrar con él. O bien, no lo tratan con el aprecio que se merece. Y no olvidemos que España es un país que estuvo y está, sumamente, colonizado por el cine norteamericano. A pesar de todo, han existido (y existen) directores extraordinarios y producciones que han sido (y son) maravillosas. No obstante, estamos seguros de que se ha iniciado un debate interno en cado uno de los lectores/espectadores. Que el cine español sea de calidad, o no, no sólo va a depender exclusivamente del valor que la película pueda llegar a tener o del reconocimiento de la crítica o los premios cosechados. En este caso, hagamos del cine español (las españoladas) un objeto de estudio, aprendamos a leerlo y hablemos sobre él en el aula y, tal vez, le dotaremos de mayor calidad para la educación (ambiental).

Dicho esto, que no deja de ser un ejercicio para promover la curiosidad de quien nos lea, nuestra pretensión pasaría por centrar el interés sobre las películas que ocuparon gran parte del entretenimiento de los espectadores de los años 60, 70 y 80. Estas cintas fueron llamadas como españoladas y serían, fácilmente, reconocibles. Los actores de aquellas décadas del tardofranquismo y de principios de la transición democráticas eran, prácticamente, los mismos; es decir, el elenco se repetía bajo pequeñas variaciones y con estereotipos permanentes. En cuanto a la temática de la producción española parecía que se había seriado; aunque se experimentaban algunas variaciones, por ejemplo, con argumentos que trataban de lo rural a lo urbano, de los empleos al disfrute en el fin de semana, de los modos de vida al consumo, etc. Está claro que había espacio para otros cines; para otras maneras de expresarse. Si bien, la sombra de la censura todavía merodeaba.

A todas luces, nuestro deseo es establecer un posible rencuentro con la españolada. Y, por ello, pretenderemos recuperar del pasado, añejo y desconsiderado, lo que fue un retrato de las Españas en blanco y negro. Pese a que se abrazaba el color de los nuevos tiempos. En gran medida, se avecinaban grandes transformaciones y, en este sentido, el cine se hacía eco de ello; siendo un testigo privilegiado.

No iremos a realizar una relatoría de cintas consideradas como “españoladas” y que traten la cuestión ambiental en aquellos años. Nuestra estrategia será invitarles a que piensen, junto a nosotros, sobre qué podemos extraer de aquellas películas y sus posibles relaciones con temáticas vinculadas a la educación ambiental. Les proponemos un ejercicio para que imaginemos conjuntamente. Y, para ello, dejemos que la imaginación se apodere del proceso de enseñanza-aprendizaje. De modo que compartimos, inicialmente, dos preguntas: "¿No creen que estamos demasiado sujetos a los dictados de los currículos oficiales?" O bien, "¿Y si nuestra educación estuviese radicalmente equivocada?" (de la Herrán, 2017: 457-517).

En cierto modo, nos formulamos otras preguntas para compartirlas con el lector. ¿Es de la opinión que al alumnado apenas se le permite navegar por entre las imágenes que se proyectan y, con ello, no se incentiva la imaginación? O ¿es que el docente ni conoce ni le interesa este cine de españoles con bigotes “muy masculinos” y chicas que empezaban a usar los bikinis y, por tanto, más que no querer cabría hablar de un no saber introducirla como recurso didáctico? O ¿no les llama la atención que se representen en la pantalla maneras de vivir o sobrevivir de otros tiempos (llamados del desarrollismo) y, con ello, tener a nuestro alcance experiencias para enseñar y aprender?.

Plano secuencia inicial. Vayamos a comenzar

No obstante, ¿qué les interesa a los estudiantes? Esta sería la pregunta que nos persigue. Seguro que nos responderían que no en demasía el cine de antaño. Y que prefieren un cine más contemporáneo o actual. Pero ¿y si se los mostramos de otra manera? ¿Y si hablamos de lo que a ellos les pueden interesar? Por esto, nuestra propuesta didáctica se irá a centrar en hablarles de cine español, de las españoladas, pero con un enfoque sobre lo ambiental, en torno a la educación ambiental. Relacionando contenidos y dando a comprender lo que sucedió en aquel entonces y lo que tenemos en la actualidad. Sin olvidar que estamos frente a una clase de postgrado, en un máster de educación ambiental. Y ahí vemos al cine como un perfecto vehículo facilitador (Amar, 2009a: 133-145).

En cierta manera, cabría presentar y sostener en el seno del aula, y sin dejar de poner ejemplos y mantener un discurso ágil y ameno, posibles conexiones del ayer con el hoy (Gimeno, 2011). Pero, además, no perder del horizonte la vasta mirada de lo ambiental, donde entre desde el ser humano y todas sus problemáticas a las preocupaciones que se pueden derivar del abuso sobre la naturaleza y la producción insaciable, o bien la especulación y el cambio de vida impuesto sin control. Y el pretexto lo tenemos, al menos en esta propuesta, con las españoladas que tocaron, sin saber o sabiendo, el turismo como industria productiva que cambió la faz del litoral español y los comportamientos de sus moradores, los medios de transporte, el agua, la fauna o la construcción, por citar algunos de los elementos a debate. Máxime cuando la llegada de miles de personas extranjeras trajeron otros modelos de vida y tuvo que cambiarse las apariencias y usos del territorio e, igualmente, de la población.

Y ahí está la pericia del docente. El oficio de narrar (con fundamentos) y distrayendo (armoniosamente) ha de entrar en funcionamiento. Y, quizás, el alumnado responda a nuestra llamada. Dejemos que descubran un cine, en apariencia, cercano. Nos referiremos a él como unas producciones del pasado, pero al que hay que mirar con nuevas lentes. Y, por ello, hagamos una llamada para verlo de forma activa e incentivemos una mirada por la cual se atisben ciertos orígenes de la especulación, de los desajustes ambientales o de los posibles cambios mercantiles y abusivos del ayer hasta la inminente actualidad. Y para que no vean este cine como algo anecdótico o de corte “pseudocómico” es cuando nuestra habilidad debe entrar, nuevamente, en acción. Para darles a comprender que no es un cine con poco valor o, simplemente, desechable. Vayamos a entusiasmarles con este cine que retrató y se (re)creó en un periodo de la historia de España. Probablemente, no les convence (o convencerá) ya que no supimos explicárselo en el momento y con la precisión adecuada. Pero, ahora, tenemos de nuevo una oportunidad para hacerlo y mejorar.

Y de nuevo la experiencia del docente entrará en escena y dará un poco de luz sobre este espectáculo, en apariencia, tan lúgubre. Para ello, el profesorado centrará la película y sabrá comentarla, traerá textos al aula y, posiblemente, no haga falta usar todo el metraje. Podrá introducir en el aula una secuencia o una selección de secuencias. Se verá en la necesidad de pensar con ellos, siempre invitándoles a inquirir; sin olvidarse de sus tiempos de atención o preocupaciones y, también, sería bueno ceder espacio para que ellos puedan compartir y entrar en nuestra propuesta didáctica, siempre desde el diálogo.

Con todo, recuperaremos aquel pensamiento popular que dice: “duermo poco, pero sueño mucho”. Vamos a dar cobertura a la segunda parte de esta sentencia. Dormir poco o mucho es una cuestión muy personal. Hay quien con seis horas de sueño se encuentra perfectamente recuperado mientras, otros, necesitan más de ocho para enfrentar con agrado la jornada. No obstante, el cine puede permitirle soñar: despierto o dormido. En el primero de los casos, le remite a lugares lejanos, con personajes añorados, en momentos deseados. Pero, la segunda opción podría llegar a tornarse en una pesadilla o en un deleite. Ahora bien, nos da la impresión que el cine al que nos referimos no nos quitará el sueño. Le permitirá dormir el tiempo que el lector/espectador estime oportuno. Y, tampoco, le producirá una pesadilla. Tan solo le permitirá seguir soñando con los pies en la tierra y los ojos bien abiertos. Una buena manera para empezar a educarnos con el cine.

Toma primera. Del porqué de las españoladas

El cine, quizás, no lo haya tratado con decoro y tan siquiera le haya otorgado la categoría de género. Ha pasado a los anales de la cinematografía española como aquel subgénero capaz de falsear a tal extremo la espagnolade, en clara referencia al espectáculo de apariencia española, que ha quedado como algo tangencial inclusive excluido del aula y de la Universidad.

Operación Cabaretera (1967) de Mariano Ozores.

La españolada es sinónimo de exageración y, por otro lado, de engrandecimiento mal intencionado. Digamos engrandecimiento en aquellos años del desarrollismo y exageración por la forma de interpretarse una realidad, pasada por el filtro de la ficción, proyectada en la pantalla de un cine bajo la lupa del fascismo o la del tardofranquismo. Un cine altamente estereotipado y previsible. Una producción cinematográfica que podemos retrotraerla a la década de los años 30 (Gubern, 1977). Un cine sumido en los tópicos y a ciertas tradiciones arraigadas en la España más tradicional. Un cine con excesos y comportamientos desmesurados mezclándose desde el fanfarrón a lo chabacano, pasando por el idiota o la estupidez, el ingenuo o el buenismo.

Un cine que mostraba una realidad equivocada, o no. Pues, sin género de dudas, la españolada a la que nosotros nos referimos y hacemos alu-sión, la enlazamos con el tardofranquismo. Y una de las películas a debate podría ser Operación Cabaretera (1967) de Mariano Ozores y, más concretamente, la secuencia emblemática en que José Luis López Vázquez vestido con traje de baño se intenta acomodar entre dos chicas y termina gritando “viva España”, ante la mirada de la “china”. Es decir, del metraje de una hora y 37 minutos que dura la película para explicar esta actividad de clase, el cine como recurso para la educación ambiental, nos valemos tan sólo de un minuto. El resto se lo podemos proporcionar nosotros los docentes pero, lo más importante, lo ha de buscar el alumnado que, posiblemente, motivado quiera saber y ver más de esta cinta o de otras tantas.

Claro está que el incentivar la mirada pasa por largometrajes como El turismo es un gran invento una comedia española dirigida por Pedro Lazaga en 1968, o bien el inicio del filme Manolo la nuit (1973) de Mariano Ozores. De todas formas, el alumnado puede que ya tenga inoculado el “veneno” del cine como recurso para la educación ambiental. Ahora lo que debemos es incentivar la mirada, empezar a hablar sobre cine y lo ambiental.

Nos da la impresión que empezamos a estar en disposición de entrar en el cine. No deja de ser una expresión simbólica lo de “en disposición de entrar en el cine” pues, tal vez, no haya porque salir del aula. Pero, eso sí, vayamos a proponer tres momentos para abordar el cine, educarnos con el cine y, en definitiva, disfrutar con el séptimo arte… para la educación ambiental.

Toma segunda. Ese oscuro objeto del deseo

Ya en párrafos anteriores planteábamos, en cierto modo, un punto inicial para este ejercicio tripartito. Es decir, atender al cine de las española-das como objeto de estudio. Y tenemos un bastión de arranque: un alumnado al que hay que presentarle realidades ambientales a través del cine del ayer (las españoladas). Por tanto y no debemos olvidar que, habitualmente, contamos en el aula con unos discentes de procedencia y formación muy heterogénea. Y, además, al grupo clase habrá que saberle presentar y mantener disposiciones didácticas para innovar, en la acepción de mejorar; de modificar lo establecido, de lo que se tiene costumbre de hacer en el aula. Una posible innovación para la transformación de lo existente y que ha de estar al servicio de nuestros propósitos educativos. Una innovación que renueve la manera de dar a comprender. Una “innovatio” que genere significados y procedimientos para crear y favorecer a lo nuevo; lo que el alumnado demanda y necesita. Una aventura con propuestas y contribuciones para promover el cambio (Carbonell, 2006). Es decir, e insistimos en esta idea crucial, abogamos porque el concepto innovar sea sinónimo de creatividad y donde no hay eso que deseamos que exista, pues es beneficioso, lo creamos. Del mismo modo, que forma parte de un ejercicio para mejorar. En definitiva, se trata de un proceso con el cine, con el alumnado y junto al profesorado. Un pretexto para hablar, en este caso, de la educación ambiental. De los problemas ambientales, de algunas causas y posibles consecuencias… De tomar el cine como un buen medio que enfoca la educación ambiental. Ahora bien, con nuestras participaciones como actores principales y no de reparto.

Una educación que sea un discurso emergente que favorezca la toma de conciencia por lo ambiental. Que no sea sólo y exclusivamente un tópico sino, por ejemplo, un pretexto para empezar a estudiar todo lo relacionado con el desarrollo desenfrenado y la cultura alternativa al consumismo, los comportamientos de las grandes empresas y los intereses del mercado que agotan los recursos, de la ciudanía y los residuos, de los que los sufren exclusión y los refugiados ambientales, de los animales y las plantas, de los desastres naturales y el cambio climático en general... O sea, atender al cine como un objeto de estudio y contar con los alumnos como estudiosos del mismo. Proponemos un cine sostenible en la mirada de un alumnado consciente y capaz de reflexionar. Y de nuevo entra en acción el docente quien asume la responsabilidad de “maestro” de ceremonia. Aquí y ahora, el oficio del docente se activa y pone el foco sobre las españoladas y la educación ambiental. Estamos considerando replantear los roles y responsabilidades del docente, pues reivindicamos “un nuevo docente que se caracterice por su disposición al cambio, a la flexibilidad, a reflexionar sobre su práctica y a concebirse como un elemento más del proceso que debe vincularse con otros agentes educativos” (VV.AA, 2004: 23).

Con todo, el primer paso para atender al cine desde otra perspectiva más allá de la mera anclada al divertimento pasa por otorgarle esta categoría como objeto de estudio. En cierto modo, a ese oscuro objeto del deseo le damos luz y gritamos acción. Desde este momento, a la cinta le hemos otorgado un ápice de interés y disposición que la erige como un elemento de calidad para el conocimiento.

Plano tercero. En el nombre de la rosa (rosae)

Y para no perder este horizonte que tiene el cine en foco, proponemos un segundo estadio en este ejercicio de educar con, en o para el cine. En este momento, nos detendremos sobre la relevancia que ha de tener la alfabetización para el cine. Ya no nos vale estar alfabetizados con el cine; da la impresión de ser muy selectivo e instrumental. Atrás quedó lo de alfabetizar en cine, pues no es un mero auxiliar didáctico. Ahora hablamos de alfabetización para, con un propósito de conocer su narrativa, para poder lograr comprender un poco mejor su relato. La película El nombre de la rosa da una lección magistral de lo que no hay que hacer a la hora de leer un texto impreso: una vez hemos leído la página, llevarnos el dedo a la boca para humedecerlo y pasar a la siguiente. Con el cine no podemos dejar de aprender que lo que necesitamos es leerlo con las emociones y los sentidos y no sólo con la razón o la vista. No vale con saber o reconocer, exclusivamente, el uso de un primer plano o de una determinada transición. En cierto modo, eso se trataría de balbucear con el cine. Y a lo que nos estamos refiriendo, precisamente, es enseñar a leerlo. Por ello, hemos de introducirnos en la experiencia de enseñar a leer entre líneas.

Por ejemplo, en la película interpretada por José Luis López Vázquez, no vale sólo aprender que tal plano o aquel movimiento de cámara. Hay que leerlo como un ejercicio activo y comprensivo. Y en lo ambiental hemos de detectar y reflexionar, por ejemplo en la secuencia famosa por el grito de “viva España” que dura un minuto, sobre elementos como: a cuántos metros está la línea de costa, dónde está la piscina, qué tipo de flora hay, qué significó el turismo como industria o cómo fue de determinante para desencadenar ciertos desajustes en la España de aquel entonces y su proyección en la actualidad. E, igualmente, cuánto de inversión hay en carreteras y aeropuertos para el desarrollo del turismo, cuánto gasto de agua supone, desde la piscina al césped, además de la usada por la población… En definitiva, aprendemos a leer para empezar a hablar con voz propia con el cine y con los demás compañeros y compañeras del aula.

Por último, lo de rosae no es que estemos intentando declinar en latín el sustantivo rosa. Es un juego sutil que le proponemos para que se cuestione que la rosa autóctona se ve invadida por otras rosas foráneas. Y la llamamos de forma genérica rosae. O ¿es el césped una vegetación propia del sur de España donde la escasez de agua es una realidad que vira carencia?

Vayamos a alfabetizarnos para aprender, aprehender y comprender un poco mejor al cine. Hagamos una lectura concéntrica y no sólo lineal; o sea, más comprensiva. Leer mejoraría nuestra capacidad de entendimiento. Una lectura activa nos erige como actuantes del proceso, haciéndonos un poco más, si cabe, reflexivos y críticos pero, además en esto de la educación ambiental, un poco más responsables.

Plano cuarto. La voz dormida

El turismo es un gran invento (1968) de Pedro Lazaga.

¿Cuántas voces existen en el aula del máster? Seguro que tantas como alumnado. Ahora bien, ¿cuántos timbres de esas voces no son escuchadas? Probablemente, porque la tradición del estudiante esté dispensada en la pasividad. Prefiere una narrativa directa del docente antes que un aprendizaje por indagación o inquiriendo. En algunos casos, acomodado cree que podría perder su zona de confort y nuestra propuesta se irá a centrar en ampliarla, estableciéndole pautas para continuar sabiendo.

La voz no puede quedar dormida. La voz del pensamiento en el seno del aula ha de ser una herramienta imprescindible para poner en movimiento el saber y el sentir de los demás. Con la voz hecha diálogo se activan los pareceres y, a partir de ahora, somos capaces de admitir otros puntos de vista. Se quiebran los apriorismos y damos soluciones compartidas por y para los integrantes en el aula. Todos somos sabedores y nos comportamos como sabios cuando compartimos con los demás el conocimiento. No son arrebatos verborreicos o fruto de un momento de lucidez efímera sino, nuestro parecer, está fundamentado y fundado en el estudio y en la reflexión.

El diálogo adquiere la dimensión de una manera de aprender. El interlocutor debe exponer una idea o sentir y el colectivo ha de saber respetarla. Ante la discrepancia vale el argumento o el contrargumento. Mientras que el diálogo se apodera del proceso impregnando el debate de conocimiento o voluntad por saber, de respeto o convencimiento al que el otro también puede tener razón, de elegancia en la forma o nada de menosprecio a la opinión ajena, de escucha activa o de participación.

Los iguales hablan y se expresan. El profesorado actúa como moderador, aunque su participación no está reñida con la opinión u orientación del aprendizaje. Compartimos un mismo espacio, tal vez, propósitos semejantes y por qué no hemos de compartir, mejor dicho saber compartir, las palabras (Flecha, 1997). Es más, diríamos que el diálogo en sí es una acción que invita a aprender de forma activa. De lo contario, sería un simple monólogo, parecido a un modelo de clase tradicional. Lejos quedaría la imposibilidad de discrepar, pues el asumir el diálogo como estrategia didáctica conlleva esta posibilidad.

La confluencia o el centrifugado de los puntos de vista de los intervinientes en el debate dialógico nutren el saber de los demás. La consigna sigue siendo hablar sobre cine, relacionar conceptos de los contenidos, o bien, saber hablar con propiedad, debatiendo y combatiendo con las palabras; para luego impartir en la acepción de dar a conocer y a comprender con conocimientos, ideas o juicios. Y todo con la sana intención de que quede tildado por el más absoluto de los respeto a las opiniones. De lo contrario, el diálogo se torna un triste y rudimentario soliloquio que se queda en la epidermis del alumnado; con predisposición a ser olvidado. Una experiencia que no trasciende o transforma la realidad del aula; del alumnado.

Plano secuencia final. Cine, más cine por favor

Probablemente, explicando la actividad con el cine de manera adecuada, éste se convierte en un fiel aliado. No vale introducirlo en la dinámica del máster con calzador. Ha de estar programado y fijado. Se le ha dado vueltas y vueltas para considerar en qué momento presentarlo de forma eficiente. Hemos pasado horas visionando la secuencia de la película más idónea, para poder y saber explicarla. Asimismo, el grupo de alumnado se ha de distribuir del mejor modo, mirándonos unos a los otros y con la posibilidad de admirar la pantalla.

Una vez al cine lo hemos dotado de la calidad de objeto de estudio, e insistimos que nunca perdió su referente de útil para la diversión. Que fuimos alfabetizados, señal que lo erige como algo más que un producto cultural, pues sería un bien de interés para la educación. Y, además, lo hemos abordado desde el diálogo y la participación del alumnado, dando respuesta a sus centros de interés y preocupaciones. El cine lo rescribimos con mayúsculas e intentaremos que los estudiantes, inclusive de un máster, no sean sólo los que estudian antes (no pierdan del horizonte el juego de palabras, repleto de complicidad). A todas luces, hemos pretendido poner el foco sobre dar respuesta a sus intereses, compartir la palabra y que sea un pretexto para aprender de forma comprensiva, lejos de la olvidadiza memoria que se diluye.

Con tres momentos pretendemos que el cine sea un motivo para disfrutar y aprender. Con tres acciones el cine cobra vida en nuestra aula, conmueve al espectador-estudiante y le invita a seguir aprendiendo. Un primer momento, para que sea objeto de estudio. Un segundo quehacer para la alfabetización y, en tercer lugar, lo hacemos palabra compartida.

Quizás, el alumnado de este máster tenga una predisposición a aprender en silencio, o no. Lo que estamos convencidos es que el cine se erige en un perfecto aliado para silenciar voces disonantes o, excesivamente, caprichosas que no lo vean como un recurso de aula. Y todo, porque nuestro empeño siempre ha sido el de evidenciar al cine como un aliado en el proceso de enseñanza-aprendizaje. En mostrarlo como un útil idóneo para la educación (ambiental).

Reivindicamos un cine que sea del bueno, para la labor que perseguimos. Y no es necesariamente que esté premiado o tildado como de bueno, de ecológico o de ambientalista… Seremos nosotros quienes le otorgaremos esta categoría en el seno del aula… Y será, de nuevo, el cine quien nos volverá a dar una hermosa lección magistral que tardaremos tiempo en olvidar. Nos educamos junto a él, dialogando, investigando, conmoviéndonos… “Tal vez, el cine educativo sigue siendo aquel que conmueve y deja dentro de nosotros la semilla de la sensibilidad y la emoción haciéndonos pensar, sentir y actuar” (Amar, 2009b: 98).

Y la canción de Luis Eduardo Aute que en su estribillo se iniciaba con “Cine, cine, cine, más cine por favor”… Continúa con: “que todo en la vida es cine y los sueños, cine son”… Pues eso, que tengamos cine (españoladas), sueños (con los ojos bien abiertos en el aula) y educación (ambiental).

Referencias
  • AMAR, V. (2009a). "El cine por una educación ambiental". En Revista Educação & Realidade, Vol. 34 (nº 3), pp. 133-145.
  • AMAR, V. (2009b). "El cine y otras miradas: contribuciones a la educación y a la cultura audiovisual". Sevilla-Zamora: Comunicación Social.
  • CARBONELL, J. (2006). "La aventura de innovar. El cambio en la escuela". Madrid: Morata.
  • DE LA HERRÁN, A. (2017). "¿Y si nuestra educación estuviese radicalmente equivocada?". En MEDINA, A.; DE LA HERRÁN, A. y DOMÍNGUEZ, M.C. (Coords.) "Nuevas perspectivas en la formación de profesores". Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia. pp. 457-517.
  • FLECHA, R. (1997). "Compartiendo Palabras: el aprendizaje de las personas adultas a través del diálogo". Barcelona: Paidós.
  • GIMENO, J. (2011). "Educar y convivir en la cultura global". Madrid: Morata.
  • GUBERN, R. (1977). "El cine sonoro en la II República". Barcelona: Lumen.
  • NAVARRETE, J.L. (2009). "Historia de un género cinematográfico: la españolada". Madrid: Quiasmo.
  • VV.AA. (2004). "La innovación en la educación superior. Documento estratégico". México: ANUIES-Universidad Pedagógica Nacional.

 

Víctor Amar Rodríguez

Autor: Víctor Amar Rodríguez

Doctor y profesor del Departamento de Didáctica de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Cádiz (UCA).

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