La Primera Guerra Mundial: 5 películas antibélicas

Artículo publicado en el número 106 de la revista Making Of
Artículo publicado en el número 106 de la revista Making Of

Comentario de cinco películas con mensaje pacifista sobre la Primera Guerra Mundial, de la que acaban de cumplirse cien años de su estallido.


Acaban de cumplirse los cien años (me niego a emplear los verbos “celebrar” o “conmemorar”) del estallido de la llamada Primera Guerra Mundial (a partir de aquí, 1ª G.M.), que dejó tras su estela millones de seres humanos muertos, o simplemente, desaparecidos. Eso sin contar, que muchos de los que tuvieron la suerte de volver, enteros o mutilados, lo hicieron presa de la denominada neurosis de guerra. Todo empezó a finales de Junio de 1914 con el asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero al trono del imperio Austrohúngaro, en Sarajevo. El ambiente prebélico que ya se había instalado tiempo atrás en Europa sólo necesitó de ese “pistoletazo” de salida. Durante aquel verano se sucedieron las declaraciones de guerra entre países y en el mes de Agosto se iniciaron las primeras escaramuzas de una infernal sangría que duró cuatro años.

En numerosísimas ocasiones y desde múltiples puntos de vista, el séptimo arte ha dado cuenta de este terrible conflicto. Para este artículo, he elegido cinco obras fundamentales que han hurgado de manera efectiva en las vicisitudes de este horrendo episodio histórico. Como suele suceder en estos casos, pueden denotarse ausencias importantes, aunque, por un lado, no se trata aquí de hacer una recopilación, pues para eso ya existen libros interesantes en torno al tema, y por otro, algunas obras que podría haber incluido, por ejemplo Hombres contra la guerra (Uomini contro, 1970) de Francesco Rosi, no se encuentran disponibles actualmente en formato DVD en España.

Las películas elegidas corresponden básicamente a combates terrestres, aunque en una de ellas se hace mención al derribo de un avión y otra transcurre en la posguerra inmediata, pues aunque existen bastantes títulos bélicos de carácter marítimo y aéreo, enmarcados en esta contienda, he considerado que ninguno de ellos sirve suficientemente al propósito de este artículo.

La Primera Guerra Mundial

Alistamiento, horror y muerte

Sin novedad en el frente (1930) de Lewis Milestone.
Sin novedad en el frente (1930) de Lewis Milestone.

El clima favorable a una confrontación armada que pudiese “arreglar” los problemas de la sociedad europea de principios del siglo XX fue algo bastante general, que prendió incluso en algunos reconocidos intelectuales de la época. Este ambiente puede denotarse en los primeros minutos de Sin novedad en el frente (All quiet on the western front, 1930) de Lewis Milestone, basada en la novela de carácter autobiográfico de Erich María Remarque, publicada el año anterior. Podemos ver que no cesan de pasar tropas al son de marchas militares, mientras la población muestra su júbilo. Parece como si celebrasen la victoria y el término de una guerra, pero no es así. Poco después, la cámara penetra por una ventana mediante un travelling de retroceso. Observamos a un profesor alemán junto a su mesa. Está hablando, pero el ruido ensordecedor de la calle no nos permite oír su voz. Vemos ahora las dos ventanas del aula, que están abiertas y muestran el ambiente exterior de alegría desbordante. Un primer plano nos muestra a continuación al maestro, que se dirige a sus jóvenes alumnos. Su discurso tiene un único propósito: conseguir que sus estudiantes se enrolen en el ejército. Con palabras precisas consigue “tocar” el corazón de los adolescentes, que deciden alistarse en su totalidad. Navarro (2014: 65) considera que su mirada y gestualidad componen una “perturbadora premonición de Adolf Hitler”. Los chicos terminan cantando y desfilando por la clase, hasta que ésta queda vacía. Las siguientes escenas nos muestran la preparación de los jóvenes para la guerra. La novela, sin embargo, comienza con los muchachos ya en pleno campo de batalla. En determinados momentos de la narración, el joven protagonista Paul Baumer reflexiona sobre sus profesores, con especial recuerdo para este docente (Remarque, 1994:18): “Deberían haber sido para nosotros, jóvenes de dieciocho años, mediadores y guías, que nos condujeran a la vida adulta, al mundo del trabajo, del deber, de la cultura y del progreso, hacia el porvenir. (...) La misma noción de la autoridad que representaban les otorgaba a nuestros ojos mucha más perspicacia y sentido común. Pero el primero de nosotros que murió echó por los suelos esa convicción. (...) El primer bombardeo nos reveló nuestro error, y con él se derrumbó la visión del mundo que nos habían enseñado”.

Los soldados no pueden comprender el sinsentido de la guerra cruenta que están padeciendo y por eso debaten entre ellos. Oímos diferentes opiniones y argumentos en torno a cómo podría haberse evitado y cuál podría ser la mejor solución para dar salida a los conflictos u ofensas de los dirigentes que han terminado ocasionándola.

El horror de la contienda queda reflejado a la perfección en la secuencia donde el protagonista queda atrapado en un agujero mientras ve, a continuación, pasar a los soldados franceses que saltan por encima de él. En un determinado momento, uno de ellos se percata de su presencia y salta dentro. Paul se defiende y le hiere de muerte. Habla con él; coge sus papeles, conoce su nombre y observa una fotografía de su familia. Luego le promete que hará por ellos todo lo que pueda al final de la contienda, hasta que se da cuenta que ha fallecido.

En la parte final de la película, Paul (Lew Ayres) vuelve a casa para disfrutar de un corto permiso. Pasa por la acera de la escuela y escucha de fondo al profesor Kantorek (Arnold Lucy) con la consabida retahíla reclutadora de siempre. El maestro insiste en que su antiguo alumno hable a los nuevos y más jóvenes estudiantes. Él rehúsa repetidamente, pero ante la persistencia del docente se dirige a ellos y les manifiesta la terrible realidad que conoce de primera mano, refutando lo absurdo de la frase con que el profesor suele terminar su discurso. Por todo ello, es tachado de cobarde por los airados alumnos. De vuelta al frente, justo el mismo día que se oye hablar del final de la guerra y de la firma del armisticio, al intentar coger una mariposa, una bala acaba con su vida. Después vemos un batallón de soldados sobreimpresionados sobre la pantalla. Paul y sus compañeros de fatigas se vuelven hacia los espectadores y nos escrutan, como preguntándonos sobre la sinrazón de sus muertes. Milestone rodó con gran sensibilidad estos últimos momentos del filme. Estamos ante uno de los finales más bellos y sobrecogedores de la historia del cine.

Sin novedad en el frente es una película singular en muchos sentidos. Uno de ellos es que la novela en que se basa está escrita por un combatiente alemán que fue herido en cinco ocasiones durante la larga contienda, mientras que el filme es norteamericano y por eso los actores hablan en inglés y, además, su realizador era de origen ruso y también había combatido en las trincheras.

El declive de la nobleza

La gran ilusión (1937) de Jean Renoir.
La gran ilusión (1937) de Jean Renoir.

En 1937, Jean Renoir dirigió La gran ilusión (La grande illusion). Su mensaje pacifista quería ser una llamada de atención a los nuevos “tambores bélicos” que empezaban a resonar otra vez en media Europa.

En la obra maestra de Renoir, la guerra se nos presenta como algo externo, casi secundario y accidental, pues lo que interesa mostrar al genial director francés es el fin de una época que viene delimitada por el estallido de esta primera contienda mundial. El mundo de la nobleza, representado por Boeldieu (Pierre Fresnay) y Von Rauffenstein (Erich Von Stroheim), se derrumba ante la irrupción de las clases medias simbolizadas por los soldados Marechal (Jean Gabin) y Rosenthal (Marcel Dalio). El capitán aristócrata francés acaba sacrificándose para facilitar la fuga de sus dos compañeros. Encontrará la muerte a manos del noble alemán que intentará persuadirle de su actitud antes de disparar. En su lecho de muerte el oficial germano se lamentará, primero de no haber dirigido bien su arma, pues le había apuntado a las piernas, y, a continuación, de seguir vivo en un mundo que ya siente como ajeno. En esta esclarecedora secuencia vemos como el comandante alemán cierra los ojos abiertos de Boeldieu, aprieta fuertemente un puño y luego corta la “única flor de la fortaleza-prisión”, el geranio que con gran esfuerzo había logrado que brotase durante el duro invierno alemán.

Como dice Altares (1999:197), La gran ilusión “es quizá la más bella y perturbadora metáfora que se haya hecho nunca sobre la guerra, un filme sobre la irracionalidad del odio y sobre la lucha de algunos seres humanos por respetarse más allá de las consignas del Estado”. En una secuencia al inicio de la película, el capitán alemán derriba un avión con Boeldieu y Marechal a bordo. Después de ser recogidos, ambos son invitados a comer por sus enemigos germanos. En un momento determinado, todos ellos se levantan, pues un soldado porta una corona de flores del ejército alemán dedicada al piloto francés fallecido. Dice Von Rauffenstein: “¡Que la tierra sea leve a nuestros valientes enemigos!”.

Los dos campos de prisioneros donde se centra la acción de la película se convierten en un microcosmos de la Europa de la época (Triggs, 1998). Allí el lenguaje (los distintos idiomas de los protagonistas) adquiere una importancia extrema y casi trágica, pues viene a simbolizar la separación entre naciones e incluso la fragmentación de clases sociales dentro de los mismos países.

Desde su estreno La gran ilusión ha sido objeto de encendidas polémicas (véanse Alegre, 1991; Ferro, 1995), pues es una obra abierta, en cierto modo ambigua, en la que los valores de confraternización y solidaridad entre unas personas en circunstancias muy especiales se elevan por encima de cualquier tipo de antagonismo social. Este aspecto esencial puede ser, en ocasiones, difícil de vislumbrar para aquellos aficionados que se acercan a la película y la encuadran simplemente dentro del subgénero de “prisioneros de guerra”, sin darse cuenta de que se trata de una mera excusa para lanzar un mensaje de “ilusión”, de concordia entre los hombres, que, por desgracia, sería barrido dos años después por el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Para Sand (2004:102-3): “la película de Renoir refleja los debates ideológicos que sacudieron el mundo intelectual francés en la segunda mitad de los años treinta”.

La ignominia militar

Veinte años después, en 1957, Stanley Kubrick realiza una contundente película pacifista y antimilitarista, Senderos de gloria (Paths of glory). Su título procede de un poema de Thomas Gray. Uno de sus versos dice: “Los senderos de gloria no conducen sino a la tumba”. Está basada en un libro de Humphrey Cobb, publicado en 1935, y el guión está escrito por Kubrick, Calder Willingham y el escritor “maldito” de novela negra, Jim Thompson. Fue prohibida en varios países y en España no se estrenó hasta 1986. Los hechos que narra están extraídos de sucesos verídicos: un general francés manda a un regimiento con el objetivo de ganar unos cuantos metros en la guerra de trincheras. La posición alemana es prácticamente inexpugnable y los soldados galos se ven obligados a retroceder. El general Mireau (George Macready) monta en cólera al ver cómodamente, desde la retaguardia con sus prismáticos, el fracaso de la operación. Manda disparar sobre sus propias posiciones, pero es desobedecido. Ha perdido la partida de ajedrez que le hubiese aportado un ascenso en caso de éxito. Alguien debe pagar la “afrenta”. Por ello, ordena la constitución de un consejo de guerra. Y luego añade: si esos cobardes no quieren enfrentarse a las balas alemanas, se enfrentarán a las francesas.

Este es el eje principal de la trama, pero antes Kubrick nos ha presentado a los protagonistas principales con una encomiable economía de medios. Luego de aceptar la misión encargada por su colega, el general Broulard (Adolphe Menjou), Mireau recorre las trincheras con objeto de animar a la tropa. Se dirige a varios soldados con la misma letanía: “¿Dispuesto a matar alemanes?”. La cámara sigue a la pareja de mandos (Mireau va acompañado de un mayor que luego ejercerá de fiscal en el consejo de guerra) mediante un travelling de retroceso. El jefe militar se para a hablar con tres soldados, el último de ellos afectado por una neurosis de guerra, extremo del que informa al general un sargento situado a su lado. Mireau se exaspera, dice que tal enfermedad no existe y abofetea al soldado “cobarde”. Después, la cámara sigue por detrás a la pareja, mediante un travelling de avance, cuando los dos personajes acaban su inspección. La secuencia dura poco más de dos minutos, pero sintetiza a la perfección el principal conflicto que en el campo de batalla subyace a toda confrontación bélica: las diferencias entre clases militares es mucho más sangrante aún que la división entre clases sociales de la vida cotidiana.

Senderos de gloria (1957) de Stanley Kubrick.
Senderos de gloria (1957) de Stanley Kubrick.

A continuación Mireau va a hablar con el coronel Dax (Kirk Douglas), el oficial a cargo del regimiento que debe efectuar la “misión imposible”. El general ha calculado que morirán aproximadamente la mitad de los hombres, lo cual no parece afectarle para nada. Luego arenga al coronel a cumplir sus órdenes. Dax le dice que no todo el mundo piensa igual acerca del patriotismo y cita a Samuel Johnson: “El patriotismo es el último refugio de los canallas”, frase que irrita a Mireau profundamente.

El consejo de guerra que sufren tres soldados elegidos al azar para que paguen el “honor francés mancillado” es una burla de la justicia humana, como se encarga de decir el propio Dax, que ejerce de defensor. Decía Groucho Marx en una de sus geniales sentencias que: “justicia militar es a justicia lo que música militar es a música”. Pues bien, la pantomima de juicio se lleva a cabo hasta sus últimas consecuencias.

Kubrick filma el alegato final del coronel con unos travellings laterales en donde aparecen, amenazadoras y en primer plano, las sombras de las armas que portan los soldados encargados de custodiar en la sala a los acusados. De nuevo consigue el director americano adecuar fondo y forma de manera excepcional. Weinrichter (2000:79) considera que: “la secuencia del consejo de guerra consigue una perfecta definición espacial de la jerarquización de la casta militar”.

Esa noche los generales, que viven en un lujoso castillo, que contrasta terriblemente con las sucias y oscuras trincheras donde se hacinan los soldados, celebran un baile. Dax visita al general Broulard para comentarle las irregularidades cometidas por Mireau durante la incursión fallida. El general hace gala de una actitud cínica e inhumana: “esas ejecuciones serán un revulsivo para la división”.

La ejecución sumarial se lleva a efecto, pese a todo, al día siguiente. Después de ésta, Broulard informa a su colega que se abrirá una investigación. Luego ofrece a Dax su puesto, creyendo que ese, y no otro, era el objetivo del coronel. El rechazo enérgico sorprende al general que le acusa de “sentimentalismo”, algo incompatible con la guerra, según sus propias palabras.

La secuencia final es de carácter abierto, pero llena de lirismo. Dax observa, desde la puerta de un bar, como sus soldados no dejan cantar a una prisionera alemana subida al escenario. Sin embargo lentamente se opera el milagro y los soldados dejan que la melodía inunde la estancia. Empiezan a sentirse subyugados por esa extraña canción que no entienden, pero que todos empiezan a tararear.

La desgarradora voz interior

Al final de las guerras, algunos soldados vuelven enteros; otros, sin alguna parte de su cuerpo y otros, simplemente, no vuelven. Entre estos últimos, están los muertos oficiales y aquellos de los que nada se sabe con certeza (los desaparecidos). De todos ellos ha dado cuenta la pantalla cinematográfica.

El más desgarrador documento sobre las consecuencias de la guerra en una persona se dibuja en Johnny cogió su fusil (Johnny got his gun, 1971) de Dalton Trumbo. Escritor y guionista, Trumbo realiza su única película como director, con base en su propia novela homónima, publicada en 1939. Se trata de la historia de un soldado que, al estallarle un obús durante la 1ª G.M., pierde todas sus extremidades y queda sólo con el tronco y el cerebro intacto, aunque con el rostro destrozado.

La película se configura en dos partes diferentes que se nos ofrecen en montaje alternado: una en blanco y negro, más realista, donde se narra lo que acontece a Johnny después de recobrar la conciencia en un hospital y darse cuenta, progresivamente, de su estado, y otra en color, de cierto tono surrealista, donde se entremezclan recuerdos y fantasías del protagonista, interpretado por Timothy Bottons. Toda la parte en blanco y negro es casi insoportable, especialmente la secuencia final en que la voz interior de Johnny pide auxilio inútilmente al ser consciente, después de haber logrado comunicarse mediante código Morse con quienes le atienden, de que quieren mantener su caso en secreto. La película termina con una estremecedora llamada: “S.O.S. ¡Ayúdenme!”, que se repite en tono decreciente hasta que acaba perdiéndose, mientras, al unísono, la pantalla se va oscureciendo gradualmente. Por último aparece un rótulo que nos informa del número de muertos, desaparecidos y mutilados en las guerras habidas desde 1914 y que se refrenda con un contundente: “hermoso y digno es morir por la patria”.

Johnny cogió su fusil (1971) de Dalton Trumbo.
Johnny cogió su fusil (1971) de Dalton Trumbo.

En esta secuencia final identificamos el esfuerzo titánico de este ser por comunicarse con sus semejantes. Su elección de no seguir viviendo tiene todo el sentido de un símbolo de la degradación humana, del futuro que aguarda a la humanidad si se deja arrastrar por la ambición desmedida y arbitraria de los “señores de la guerra”. El temor y la cobardía de los mandos militares ante lo que Johnny representa les lleva a cercenar lo poco que aún le queda: su capacidad de raciocinio, de decisión. La administración de sedantes es, en cierto modo, una mutilación aún más sangrante que la física, pues supone aprovechar miserablemente la indefensión del soldado protagonista para impedir toda posibilidad de concienciación humana acerca de la verdadera dimensión de los conflictos bélicos. Johnny no murió con la explosión, pero al despertar sintió realmente que había perdido toda condición humana. Sus verdugos le condenaron primero al infierno físico, después al mental. Los espectadores nos sentimos sobrecogidos, tendemos a identificarnos con él. Esta intensa empatía puede provocar, en un primer momento, la sensación de que nos hundimos con el soldado en su propia desesperación infinita, pero al mismo tiempo consigue arraigar en nosotros los profundos sentimientos antibelicistas que encierra la mente del álter ego de Dalton Trumbo. Así los expresa el autor en su novela (Trumbo, 1981:110): “Siempre hay gente dispuesta a sacrificar la vida ajena. Vociferan y hablan todo el tiempo. Se les puede encontrar en iglesias y escuelas y periódicos y legislaturas y congresos. Ese es su negocio. Hablan maravillosamente. Antes muertos que deshonrados. Esta tierra santificada por la sangre. Estos hombres que murieron tan gloriosamente. No habrán muerto en vano. Nuestros nobles muertos”.

Blanco (1976) hace una lectura de la película desde un punto de vista psicoanalítico, considerándola como una fantasía masoquista de su autor. Si lo que pretende decirse es que Trumbo habla por boca de Johnny, y que el hecho de que su personaje se encuentre en una situación insoportable desde todo punto de vista humano tiene el objetivo de conseguir la transmisión de un mensaje pacifista de forma más efectiva, estoy de acuerdo y lo considero un recurso más que digno, pues casos extremos como el aquí narrado se produjeron durante aquella “gran guerra”. Consideraciones más elementales, que puedan derivarse de esta “original” interpretación, me parecen absolutamente lamentables.

Se ha publicado (Trumbo y Buñuel, 1993) un primer guión de la novela que nunca llegó a rodarse y que estaba previsto dirigiese el realizador español, Luis Buñuel, coautor del mismo. Precisamente la secuencia última del filme es una de las pocas partes del guión original que Trumbo conservó, aunque con ligeros retoques, a la hora de afrontar la escritura del segundo y definitivo guión.

Los soldados desconocidos

En 1920 el comandante Delaplane, protagonista de la película La vida y nada más (La vie et rien d´autre, 1989), dirigida por Bertrand Tavernier, intenta localizar al mayor número posible de los 350.000 desaparecidos franceses que dejó la absurda contienda bélica recién terminada. Ha finalizado el horror oficial, pero el dolor y el recuerdo de muchas familias no desaparecerán jamás. Delaplane se enamora de una mujer, Irene (Sabine Azéma) que busca a su marido desaparecido. En un determinado momento, después de producirse una explosión en un túnel, de la cual sale ileso el militar, la mujer le dice a éste que parece como si de nuevo estuviesen en guerra. El comandante Delaplane (Philippe Noiret) le responde: La guerra con su marcha devastadora sólo tiene la apariencia de la destrucción (...). Un millón y medio de muertos sólo tienen la apariencia de la muerte.

La vida y nada más (1989) de Bertrand Tavernier.
La vida y nada más (1989) de Bertrand Tavernier.

Conmovido por la tristeza y amargura de los familiares que buscan a sus seres queridos, muchos de los cuales nunca tendrán certeza de lo que realmente sucedió con ellos, y asqueado por las absurdas requisitorias oficiales, el comandante comete el que probablemente sea su primer y último acto de desobediencia militar: se niega a proporcionar a los gerifaltes un cadáver no identificado para formar parte de la ceremonia al soldado desconocido que va a celebrarse, alegando que en cualquier momento puede localizar a sus familiares. En la víspera de ese acto, escuchamos al ministro Maginot con la sempiterna retórica sobre el sacrificio, heroísmo, honor y patriotismo, capaz de engañar, como diría Maquiavelo, únicamente a aquellos que se dejen engañar. De las nueve regiones militares francesas existentes en ese momento cada una tiene su soldado desconocido, falta el que no ha aportado Delaplane, que se muestra distante con sus superiores y sardónico con la prensa que ha ido a cubrir el evento.

La película termina con una larga carta que el comandante envía a su amada Irene. Separados por una distancia de miles de kilómetros, les vemos a ambos mientras Delaplane confiesa por fin sus sentimientos, le comunica que ha abandonado el ejército y que se ha retirado a una antigua casa familiar. Sobre este filme, comenta Lamet (1994:439): “Entre los escombros, los hierros retorcidos y la tragedia de la guerra, surge una romántica historia de amor, narrada desde la denuncia y el sarcasmo, el romanticismo y la ironía”.

Para un soldado, lo único importante al finalizar una guerra es haber sobrevivido a ella. Si no es así, ¿qué más da que tu país sea el vencedor o que tus ignotos huesos reposen dentro de un mausoleo cosmopolita al que lleven flores de vez en cuando los políticos de turno? Además, si se ha tenido la suerte de volver vivo y entero, ¿acaso va a ser el soldado raso quien vaya a resarcirse del infierno vivido, mediante los presuntos beneficios económicos que para la nación represente esa victoria? ¿No serán, como siempre, los grupos políticos y económicos que la impulsaron sus principales beneficiarios, aunque a buen seguro hayan vivido la contienda desde una prudente distancia?

Recién acabado el conflicto, en Febrero de 1919, el combatiente francés Louis Barthas escribía sobre sus experiencias en la Gran Guerra: “Escapaba al fin de las garras del militarismo, por el que sentía un odio feroz. Este odio se lo inculcaré a mis hijos, a mis amigos, a toda mi gente cercana. Les diré que la Patria, la Gloria, el honor militar y los laureles no son más que palabras huecas destinadas a ocultar todo lo horrible, espantoso y lo cruel que hay en una guerra”.

Selección de fragmentos

Como ya he señalado en las páginas de esta misma revista (ver nº 91-92), suelo utilizar en mis clases fragmentos escogidos en lugar de películas completas. Las razones didácticas que me impulsan a hacerlo así ya fueron comentadas en aquel artículo, al que remito. Éstos son, con detalle descriptivo y temporal, los fragmentos elegidos:

  • Sin novedad en el frente de Lewis Milestone: 5 fragmentos.

- Secuencia de la soflama del profesor Kantorek a sus alumnos, desde unos momentos antes de que la cámara entre a clase, para que se vea el clima festivo de la calle, hasta que queda el aula vacía y llena de papeles, arrojados por los chicos (de 0:03:12 a 0:09:12). Duración del fragmento: 6 min.

- Fragmento del diálogo entre los soldados acerca de las razones de que los países se declaren la guerra unos a otros, desde que el protagonista pregunta a sus compañeros cuándo volverán al frente, hasta el fundido a negro que cierra la secuencia (de 0:52:22 a 0:55:21). Duración del fragmento: 2’ 59’’.

- Parte de la secuencia del combate en que el protagonista da muerte a un soldado francés en el agujero donde ha quedado retenido, desde que lo vemos mirar cómo pasan los soldados enemigos, saltando sobre él, hasta el fundido a negro que finaliza la escena (de 1:13:45 a 1:20:04). Duración del fragmento: 6’ 19’’.

- Secuencia del diálogo entre el protagonista y el antiguo maestro en la escuela ante los jóvenes alumnos, desde que lo vemos pasar ante ella y escuchar de fondo al profesor, hasta que la escena funde a negro (de 1:50:30 a 1:54:25). Duración del fragmento: 3’ 55’’.

- Secuencia final de la muerte del protagonista y del “desfile” de los miembros de su compañía, desde que vemos a un soldado en la trinchera sacar agua con una especie de pala hasta el fundido a negro final (2:06:03 a 2:07:47). Duración del fragmento: 1’ 44’’.

  • La gran ilusión de Jean Renoir: 2 fragmentos.

- Secuencia del primer encuentro del capitán alemán con los soldados franceses Boildeau y Marechal, desde que el oficial germano entra diciendo que acaba de derribar una avión francés y que recojan a los supervivientes, hasta que dice: “Caballeros, siéntense“, después de haberse levantado de la mesa para honrar la memoria del piloto francés caído (0:04:20 a 0:07:28). Duración del fragmento: 3’ 08’’.

- Secuencia de la despedida entre Rauffenstein y el agonizante Boildeau, desde que vemos entrar al primero en la habitación, hasta que corta la flor después de la muerte del segundo (1:21:37 a 1:25:17). Duración del fragmento: 3’ 40’’.

  • Senderos de gloria de Stanley Kubrick: 6 fragmentos.

- Secuencia completa del paso de revista por las trincheras del general Mireau (0:06:07 a 0:08:29). Duración del fragmento: 2’ 22’’.

- Fragmento de la secuencia en que Mireau se entrevista con el coronel Dax, desde que le pregunta su opinión acerca del ataque, el coronel se sorprende del porcentaje de muertes previstas por el general, hasta su final, donde Mireau le dice que sus hombres podrán descansar después de alcanzar “la colina de las hormigas” (0:11:25 a 0:13:57). Duración del fragmento: 2’ 32’’.

- Secuencia del fracasado ataque, desde que vemos a Dax caminar por las trincheras, mientras se suceden las explosiones, hasta que Mireau, airado, decide convocar un consejo de guerra. (0.26:29 a 0.34:18). Duración del fragmento: 7’ 49’’.

- Parte final de la escena correspondiente al consejo de guerra, desde que el juez concede la palabra a Dax: “Coronel, ¿quiere hacer su alegato?”, hasta que da por concluida la sesión y la imagen funde a negro (0:51:23 a 0:53:30). Duración del fragmento: 2’ 07’’.

- Fragmento de la entrevista de Dax con el general Broulard, desde que éste dice: “Coronel Dax, nuestra opinión es que llevamos bien esta guerra”, hasta que se retira y la imagen funde a negro sobre el coronel (1:03:11 a 1:06:20). Duración del fragmento: 3’ 09’’.

- Parte de la secuencia final después de la ejecución y la destitución de Mireau, desde que salen a escena el dueño de la taberna con la cantante, hasta que aparece sobreimpresionado el rótulo con “The end” (1:19:09 a 1:22:59). Duración del fragmento: 3’ 50’’.

  • Johnny cogió su fusil de Dalton Trumbo: 1 fragmento.

- Parte de la última secuencia, desde que el militar dice “las ventanas permanecerán siempre cerradas” hasta que se ve el expresivo rótulo final con las cifras de muertos, desaparecidos y mutilados en guerras (1:37:06 a 1:44:54). Duración del fragmento: 7’ 48’’.

  • La vida y nada más de Bertrand Tavernier: 2 fragmentos.

- Secuencia en que Delaplane habla a Irene de la guerra, desde que le pregunta si está herido hasta que él dice: “¡Suciedad, suciedad!” (1:30:40 a 1:31:57). Duración del fragmento: 1’ 17’’.

- Escena del discurso del ministro Maginot sobre el patriotismo y el “supremo homenaje” francés al soldado desconocido, desde que entra un militar acompañándolo y grita su nombre, hasta que un periodista pregunta a Delaplane sobre la identidad del soldado elegido y éste le contesta irónicamente: “Es mi tío” (1:57:03 a 2:01:49). Duración del fragmento: 4’ 46’’.

Obtención y montaje de los fragmentos

 Para cortar los fragmentos a proyectar existen en la actualidad varios programas que realizan la labor de forma fácil y rápida. En el caso de tener las películas en formato DVD, recomiendo el programa DVDShrink. Si se tienen en otros formatos, también hay programas informáticos para obtener los fragmentos elegidos. En el caso del más conocido de los formatos comprimidos, el denominado avi, aconsejo el programa avisplit. Si una vez obtenidos los fragmentos, quiere hacerse un montaje con ellos, puede recurrirse a programas que lo realizan sin grandes complicaciones, aunque requieren de un tiempo más dilatado, sobre todo si se usan por primera vez. Para fragmentos en formato avi, recomiendo utilizar el programa gratuito Windows Movie Maker por su gran sencillez. En tal caso, habrá que separar los fragmentos mediante alguna de las transiciones que contiene el programa, con vistas tanto a poder pausar más fácilmente el montaje si así se desea, como para que si se proyectan fragmentos seguidos, el alumno pueda distinguir el “salto” entre cada fragmento y el siguiente. Para los de formato DVD, sugiero utilizar un programa de autoría como TMPGEnc DVDAuthor, Adobe Encore o similar. Así, dispondremos de un menú con los fragmentos elegidos, semejante al de los capítulos de un disco original, lo que permite innumerables ventajas a la hora de alternar la proyección de los fragmentos con otras actividades didácticas. Utilizando el primero de los programas, he obtenido un menú de cuatro pantallas con cuatro fragmentos cada una.

Metodología

Foto de la máscara antigás.
Foto de la máscara antigás.

El tiempo total que duran los fragmentos es aproximadamente de 1 hora y cuatro minutos, que pueden proyectarse en dos o tres sesiones de clase. Yo recomiendo hacerlo en tres: en la primera se verían los fragmentos de Sin novedad en el frente y La gran ilusión; en la segunda, los seis de Senderos de gloria y en la última, los correspondientes a Johnny cogió su fusil y La vida y nada más. Evidentemente, el profesor, que debe haber visto en su totalidad los cinco filmes, deberá contextualizar cada fragmento antes de su proyección en el aula. Para ello, puede utilizar los contenidos del primer apartado del artículo, o bien acudir a la bibliografía proporcionada o a cualquier otra fuente real o virtual.

El recurso didáctico que componen los fragmentos elegidos, estén separados en archivos diferentes o montados en uno único, está pensado para los alumnos de 1º de Bachillerato en la asignatura de Historia del Mundo Contemporáneo. Su objetivo principal es que los estudiantes no se queden únicamente con la frialdad de los datos que suelen contener los manuales de Historia en torno a la primera conflagración mundial; sino que puedan conocer, a través de estas imágenes, que de seguro en su mayoría o quizá en su totalidad, no han visto nunca, el sufrimiento y el dolor que los cuatro años de guerra produjeron tanto en el estamento militar como en la población civil. A través de ellas deben reconocer, además, que las razones esgrimidas por las personas que alentaron su desarrollo eran meros subterfugios, falacias que suelen esconder en realidad la causa principal que mueve a la gran mayoría de contiendas bélicas: la consecución de un mayor poder político y económico.

Actividades adicionales

Actividades antes del visionado (algunos ejemplos):

  • Leer el artículo publicado en el suplemento de El País Semanal nº 1952 de 23/02/2014 titulado “Diez iconos bélicos” y disponible en la dirección: El País. ¿Cuál de ellos te llama más la atención? ¿Cuáles conocías antes de la lectura y cuáles no? Cien años después, ¿qué sensación te producen?
  • Joe Sacco ha compuesto un cómic extraordinario sobre la 1ª G.M., titulado “La gran guerra” y que se ha publicado en castellano con motivo del centenario de su comienzo. Si no consigues un ejemplar original, puedes rastrear varias de sus imágenes a través de la Red. En todo caso, comenta brevemente el efecto que te producen.
  • La batalla descrita por Sacco en sus viñetas fue la del Somme, considerada por los historiadores como la más mortífera de todas. Averigua los datos fundamentales sobre ella (duración, número de muertos y desaparecidos, países implicados, etc.) y sitúa la zona en un mapa de Francia. Allí participaron al menos tres soldados famosos: uno de nacionalidad británica, aunque nacido en lo que hoy es Sudáfrica, y luego autor de una célebre trilogía fantástica; otro que, aún habiendo nacido en Alemania, combatió en el sector francés y relató su propia visión de la contienda en uno de sus libros, y un tercero, soldado alemán, nacido en una localidad del entonces imperio austro-húngaro, y que dos décadas después alcanzaría el máximo poder en su paso a la política. ¿Quiénes fueron estos tres importantes personajes de la cultura y política europea del siglo XX?
  • El mismo día que se cumplían cien años del comienzo de las hostilidades entre Alemania y Francia, en las páginas del diario La opinión de Málaga, Eduardo Jordá escribía un interesante artículo titulado “1914”, que está disponible en: La opinión de Málaga. Comenta brevemente este artículo junto a la cita textual que aparece al final del apartado 1 de este artículo, perteneciente a los “Cuadernos de guerra (1914-1918)” de Louis Barthas, quien conoció “en carne propia” la realidad de los campos de batalla.
  • En La gran ilusión dos de los protagonistas pertenecen a la nobleza. Los militares Boildeau y Rauffenstein son plenamente conscientes de la decadencia de su clase. ¿En qué momento histórico empezó ésta a producirse y que factores socioeconómicos influyeron en su proceso de declive? La “extraña” camaradería que existe en el filme entre los militares alemanes y los prisioneros enemigos ha suscitado siempre mucha controversia, así como el sentido de su título. ¿A qué “gran ilusión” podía referirse el director en un contexto donde Europa escuchaba de nuevo los “tambores” que presagiaban otro enfrentamiento bélico
  • Dalton Trumbo, director de Johnny cogió su fusil, fue, ante todo, un reputado guionista en la época dorada de Hollywood. Sin embargo, su trabajo fue censurado por un influyente grupo político de la época. Esta presión dio lugar a unos sucesos que conmocionaron los cimientos de la industria cinematográfica de entonces, donde Trumbo fue uno de sus involuntarios protagonistas. Averigua cuando ocurrieron, quiénes los promovieron y sufrieron, además de Trumbo, y qué consecuencias produjeron en la denominada “meca del cine”.
  • Existe un suceso histórico poco conocido en torno a este conflicto. Según cuenta el documental de la BBC, El último día de la Primera Guerra Mundial (2008), el armisticio que acababa con la contienda fue firmado por el imperio austro-húngaro a las 5,30 horas del día 11 de noviembre de 1918, pero según se especificaba en el mismo la paz no entraba en vigor hasta las 11 horas. Averigua la cantidad de víctimas estimadas que se produjeron en esas cinco horas y media que quedaron “en blanco”. ¿Qué sentimientos te provoca esta otra muestra de la inhumanidad e indiferencia de unos políticos y militares que propiciaron el inicio de una guerra cruel e irracional, que tampoco supieron terminar adecuadamente?

Actividades después del visionado (algunos ejemplos):

  • Además de las proyectadas en clase, ¿conoces alguna otra película cuya acción transcurra en el entorno de la 1ª G.M. y que te haya impactado especialmente? Reseña su(s) título(s) y haz un breve comentario en torno a la(s) misma(s).
  • Tanto en la película Sin novedad en el frente como en Johnny cogió su fusil aparece la frase en latín: “Dulce et decorum est pro patria mori”. Intenta averiguar su origen, qué sentimientos pretende promover con ella el profesor de la primera película (primer fragmento) y también qué sentido le da el soldado protagonista cuando vuelve a su pueblo (4º fragmento). Por último, ¿qué pretende el director de la segunda película, colocándola al final del mismo rótulo donde se nos informa de las escalofriantes cifras habidas en las guerras?
  • ¿Cómo se llama el movimiento de cámara más utilizado para filmar la vida de los soldados en las trincheras, uno de los iconos más conocidos de la 1ª G.M.? En la película Senderos de gloria (primer y tercer fragmento) puedes observar el virtuosismo de Kubrick al utilizar este recurso fílmico. ¿En qué otros fragmentos has observado este movimiento de cámara y en qué momentos?
  • ¿Qué razones o pretextos suele esgrimir la clase política para alentar los conflictos bélicos entre países? En los fragmentos proyectados han aparecido algunos de los que se daban hace cien años, ¿cuáles eran fundamentalmente? ¿Crees que surtirían el mismo efecto en la población de principios del siglo XXI? Si no es así, razona los motivos y menciona las argucias que, según tu parecer, utilizan las clases dirigentes actuales. Realmente, ¿existe algún motivo que pueda justificar el conflicto bélico o cualquier tipo de violencia?
  • Intentar contextualizar las películas según su año de producción. Esto es, aunque las cinco películas seleccionadas enmarcan su acción entre 1914 y 1920, los directores y guionistas vivían en otro contexto histórico (1930 en EE.UU., 1937 en Francia, 1957 y 1971 en EE.UU. y 1989 en Francia). ¿Qué otros acontecimientos históricos se producían entonces (o estaban a punto de producirse) en esos países o en el mundo en general y qué relación podían tener con el mensaje de cada una de las películas?
  • En el segundo fragmento de La vida y nada más aparece un personaje secundario real, el ministro André Maginot. Averigua los datos que puedas sobre este hombre, tanto durante los años de la Gran Guerra como posteriormente.
  • Otra de las imágenes “infernales” de la 1ª G.M. fue la máscara antigás, que sorprendentemente no aparece entre los diez iconos elegidos en el reportaje aludido anteriormente. Los gases tóxicos empezaron a utilizarse como arma de guerra en esta contienda, con efectos demoledores. Intenta encontrar la fotografía de la que habla Eduardo Jordá al inicio de su artículo antes reseñado. Investiga también los diferentes gases que se han usado desde entonces, sus secuelas mortíferas, así como los acuerdos internacionales que se han tomado para impedir su utilización en cualquier conflicto, y que desgraciadamente se han ido incumpliendo de manera sistemática.
Bibliografía
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  • TRUMBO, D. (1981). “Johnny cogió su fusil”. Barcelona: Bruguera.
  • TRUMBO, D. y BUÑUEL, L. (1993). “Johnny got his gun (Johnny cogió su fusil)”. Teruel: Instituto de Estudios Turolenses.
  • WEINRICHTER, A. (2000). “Senderos de gloria”. En Revista Nosferatu, nº 32, pp. 77-79.
Andrés Zaplana Marín

Autor: Andrés Zaplana Marín

Andrés Zaplana Marín es Catedrático de Enseñanza Secundaria y Profesor asociado de Universidad. Ha publicado, entre otros trabajos relacionados con el cine, el libro “Entre pizarras y pantallas: Profesores en el cine” (2005).

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