Las drogas en el cine español

Artículo publicado en el número 104-105 de la revista Making Of
Artículo publicado en el número 104-105 de la revista Making Of

Acercamiento al cine producido en España cuya temática central es el mundo de la droga.


En este número monográfico pensado para tratar la prevención de las drogas a través del cine, considerábamos que era necesario dedicar unas páginas a analizar cómo los directores y guionistas españoles han tratado el tema en sus películas. No sólo consideramos que este breve recorrido nos puede ayudar a entender cómo ha evolucionado este fenómeno a lo largo de los años, sino también nos puede dar una perspectiva histórica sobre su implantación y una muestra fiable de la incidencia que han tenido las drogas en nuestro desarrollo social y cultural. Creemos que el cine, una vez más, puede servir como espejo que nos muestre cuál ha sido la realidad que hemos vivido y vivimos.

Por otra parte, para trabajar desde un punto de vista didáctico un fenómeno como el de las drogas, consideramos que es más útil utilizar películas que hablen de una realidad próxima a los alumnos. Cierto que el cine norteamericano o el francés han hecho más y mejores películas sobre el tema, pero no podemos olvidar que los condicionantes que pueden llevar a jóvenes a consumir estupefacientes en muchas ocasiones están relacionados con determinadas particularidades muy locales que el cine español nos permite conocer y analizar mejor. Es más fácil que un chico español se sienta más identificado con las peripecias de un joven madrileño o barcelonés que con los avatares de un norteamericano que vive en un barrio dominado por determinada minoría racial.

Esperamos que el siguiente artículo nos ofrezca algunos títulos con los que poder tratar en el aula de forma seria y rigurosa el tema de la prevención de las drogas.

Más de cuarenta años de ausencia

Como todos nos podemos imaginar, hasta la Transición el cine español no ha sido demasiado prolífico en el tratamiento de las drogas. Durante los tiempos del mudo y los primeros años del sonoro, nuestra raquítica industria bastante trabajo tenía con manufacturar películas folclóricas y adaptar obras de teatro clásicas, como para plantearse tratar un tema tan complejo como el de los estupefacientes. Además, se ha de reconocer que en España, que tiene unas tradiciones culturales muy arraigadas a la bebida, el problema de las drogas era muy minoritario y estaba acotado a determinados grupos sociales generalmente de clase alta.

Tras la Guerra Civil Española, el régimen franquista impone una férrea censura con la que se prohíbe cualquier cosa que pueda atentar contra la moralidad… que para las autoridades es casi todo. Cualquier referencia al sexo, las drogas, la política o cualquier tema que pudiera ser susceptible de herir las sensibilidades de los espectadores era prohibido inmediatamente.

El salario del crimen (1964) de Julio Buchs.
El salario del crimen (1964) de Julio Buchs.

En este estado de las cosas, sólo encontramos una coproducción con Argentina de 1950 llamada Marihuana en la que se muestra cómo un hombre busca a los narcotraficantes que han provocado la muerte de su esposa a causa de dicha droga. Este argumento tan demencial puesto en imágenes por el competente León Klimovsky, pasó, previos cortes, sin pena ni gloria por las carteleras de nuestro país.

Tendremos que esperar hasta 1964 para que se estrene una cinta totalmente española que trate el tema de los estupefacientes entre sus fotogramas. En El salario del crimen de Julio Buchs se nos explica las peripecias de un policía que ha de hacer frente a una banda de narcotraficantes. Aunque el tema se trate de una forma indirecta, sesgada y como elemento secundario, lo cierto es que por primera vez se habla del problema sin tapujos ni medias tintas.

No será hasta 1973 cuando se vuelve a tratar la temática en el cine español. El título es El último viaje. Este filme de denuncia, tan característico en la cinematografía de la época, nos explica la historia de un policía que investiga una red de jóvenes traficantes. El director José Antonio de la Loma, un hombre del que hablaremos largo y tendido más adelante, aprovecha la cierta permisividad de la censura durante los últimos años de la dictadura para tratar temas polémicos desde un punto de vista moralizante y simplista.

Desde entonces hasta 1975 no encontramos ningún ejemplo más de películas que muestren, de forma directa o indirecta, el tema de las drogas. Tras la muerte del dictador, la cosa cambiaría y en poco tiempo se intentaría recuperar el tiempo perdido con películas que, desgraciadamente, no siempre contaban con los cánones mínimos de calidad.

La llegada de la democracia

La desaparición de la censura provocó que nuestros directores pudieran tratar aspectos de nuestra realidad que hasta entonces estaban prohibidos. El problema fue que, tras tantos años de sequía, se intentó recuperar el tiempo perdido no siempre de la forma más ortodoxa.

En 1977 se estrena Juventud drogada. Dirigida por José Truchado, la cinta muestra las peripecias de un grupo de jóvenes rebeldes que empiezan a experimentar con drogas para acabar en una espiral de violencia y degradación. Mala de solemnidad, la película juega con el morbo y el amarillismo para retratar el problema de las drogas sin ningún rigor ni interés por profundizar en un tema tan complejo como éste.

Ese mismo año se estrena en las carteleras de toda España Perros callejeros. Dirigida por José Antonio de la Loma, la película narra las peripecias de un grupo de jóvenes delincuentes en la conflictiva Barcelona de finales de la década. Uno de los atractivos de la película era que estaba protagonizada por los auténticos delincuentes que durante aquellos años tenían aterrorizada a la ciudad condal. Aunque las drogas no fuera el tema principal, sí que se trataba la relación de éstas con la delincuencia y las funestas consecuencias que tenían sobre los muchachos de los barrios marginales. El éxito de la película fue tan espectacular que el propio de la Loma dirigió en años posteriores Perros callejeros II (1980), Los últimos golpes del Torete (1980), Yo, el Vaquilla (1985), Perras Callejeras (1985) y Tres días de libertad (1996). En ellas el tema de las drogas es cada vez más visible, aunque el director prefiere centrarse en narrar las aventuras de los delincuentes antes que profundizar en el entorno social que les lleva al consumo y la marginación.

Chocolate de 1979 pretendía ser el primer intento serio por parte de nuestra cinematografía por tratar el tema, aunque los resultados finales dejaron mucho que desear. Guionizada por José Luis Martín Vigil, un escritor de clara orientación católica, la película acaba siendo un panfleto de denuncia contra los excesos de la juventud y olvida en todo momento entrar a analizar las causas intrínsecas del problema.

Ese mismo año se estrena Arrebato, una de las mejores películas españolas de todos los tiempos. Aunque ya hablamos largo y tendido de ella en nuestra revista (Making Of nº 56), el largometraje nos cuenta la historia de un director de cine adicto a la heroína que sufre una crisis artística y personal. Poco podemos decir de ella que no se haya dicho ya: Arrebato es un filme que habla de las adicciones, de los paraísos artificiales y de la futilidad de las cosas. Una cinta maravillosa que dignifica nuestra cinematografía.

En 1980 la tónica sigue más o menos igual. Los filmes que tratan el tema de las drogas lo hacen desde un punto de vista amarillista y moralista, sin preocuparse en ofrecer un discurso coherente y social sobre el tema. Eso lo veríamos en Cocaína (1980), un filme prácticamente invisible, o cualquier película de Jose Antonio de la Loma ya reseñada. Un caso aparte es el del vasco Eloy de la Iglesia, un cineasta incalificable que siempre bordea el tremendismo en sus películas, el cual, pese a sus limitaciones en la puesta en escena y los típicos tics que caracterizan su cine, ofrece un retrato bastante interesante del problema a través de Colegas (1982) y especialmente con El pico (1983). En esta última se nos explica la historia de dos amigos, uno hijo de un guardia civil y el otro de un político abertzale, y su caída en el mundo de la droga y la marginalidad.

El pico (1983) de Eloy de la Iglesia.
El pico (1983) de Eloy de la Iglesia.

Según rezan los datos del Ministerio de Cultura de España, la película arrastró a más de un millón de espectadores a las salas, logrando una recaudación de 1.334.000 euros. Ésta es, ante todo, una película mítica, para muchos incluso de culto, por todo lo que aconteció y lo que la rodea, ya que casi todos sus personajes principales y buena parte del equipo técnico murieron con los años a causa de la droga. La historia del rodaje es legendaria e incluso se especula, con bastante fiabilidad, que las escenas de “picos” eran todas reales.

El porqué del éxito de la película es bastante fácil de entender. En la España de principios de los ochenta, la heroína se introdujo con fuerza afectando a miles de jóvenes de los barrios más populares de las grandes ciudades y dando lugar a un fenómeno de delincuencia juvenil como pocas veces se recuerda. Si a ello le sumamos el problema de ETA y el recrudecimiento del desempleo, entenderemos porque la película tuvo tanto tirón: simplemente retrataba los problemas que más afectaban a los españoles de la época. Con todos los peros que se le quieran poner (cinematográficamente la cinta es muy floja, su discurso es excesivamente directo, esquemático y estereotipado y los actores son horrendos), la película trató por primera vez el tema de los estupefacientes con seriedad e intentando indagar en las causas del problema. Además, la cinta ayudó a que muchas personas tomaran conciencia sobre todo ello y se dieran cuenta del daño que estaba haciendo la heroína. El mismo de la Iglesia rodaría una secuela titulada El pico II, mucho más floja que su predecesora, que no cosecharía el éxito esperado.

También Pedro Almodóvar trataría el tema de las drogas, aunque con su habitual tono personal e intransferible en Entre tinieblas (1983). La película nos explica la historia de las monjas de un convento que acogen a una cantante pop. La cantante se dará cuenta que en el convento la permisividad con las drogas es total y que incluso la madre superiora consume heroína. La película es sólo para fans irredentos del director manchego y el tema de la droga, que es lo que nos interesa, se trata desde una perspectiva bastante lúdica.

Mucho más interesante resulta 27 horas (1986) del director navarro Montxo Armendáriz. Premiada con la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián, la cinta es un retrato honesto y crudo de la vida de un adicto a la heroína. Sin excesivos amarillismos y tratando el problema desde una postura crítica, pero sin denigrar a ninguno de los personajes, la película es un extraordinario retrato de cómo afectó la droga a la sociedad española durante los años ochenta. Un filme a recuperar.

27 horas (1986) de Montxo Armendáriz.
27 horas (1986) de Montxo Armendáriz.

Eloy de la Iglesia volvió parcialmente sobre el tema con La estanquera de Vallecas (1987). En ella se nos narra la odisea de dos pobres desgraciados que van a atracar un estanco de la popular barriada madrileña y se quedan encerrados dentro. El circo mediático que se originará será espectacular. En la película se habla tangencialmente del tema, aunque siempre bajo el prisma superficial, bienintencionado y algo tremendista del director. Como curiosidad diremos que tras rodar la película, de la Iglesia cayó en las manos de la heroína y se pasó más de doce años sin rodar y viviendo prácticamente en la marginación. Volvió unos años después muy deteriorado físicamente para rodar con más pena que gloria Los novios búlgaros (2002). Cuatro años después murió a los 62 años. Por cierto, en la película Chevrolet (1997) de Javier Maqua se hace un retrato encubierto de los años de marginación que vivió de la Iglesia y se retrata con bastante crudeza el mundo de la droga y la marginación.

A finales de los ochenta, la mayor parte de los adictos a la heroína habían muerto de sobredosis, padecían el SIDA o estaban en la cárcel. La heroína era veneno, una droga para marginados de la que nadie quería oír hablar. Ahora lo que se llevaba era la cocaína o las drogas de diseño, cuyos efectos, aparentemente, eran mucho menos nocivos que los de la heroína. Aparece la figura del consumidor ocasional, de esa persona que trabaja y cumple con sus obligaciones como ciudadano pero que al llegar el fin de semana consume todo tipo de sustancias. Evidentemente, como este nuevo consumidor ni roba ni atenta contra el bienestar social (como sí lo hacía el heroinómano), la sociedad tiende a obviarlo excepto cuando se produce alguna noticia morbosa. Son los años de la ruta del bacalao, de los éxtasis, de la raya de fin de semana.

Ante este cambio en el panorama social, los directores dejan de interesarse por el tema de la droga y sólo lo tratan de forma tangencial y como un elemento más de la trama. Por ello, durante esos años encontramos pocas películas que traten el tema. Destacaremos Bajarse al moro (1988), Vivir por nada (1992), en la que se nos muestra la odisea de un cantante de rock durante las noches locas de los noventa, Cautivos de la sombra (1993) adaptación de una novela ganadora del Premio Planeta y que narra la vida de unos jóvenes marginados o Días contados (1994) donde el tema de la drogadicción se une de forma inteligente con el del terrorismo etarra.

La época actual

Martin (Hache) (1997) de Adolfo Aristarain.
Martin (Hache) (1997) de Adolfo Aristarain.

En el año 1995 se estrenan dos películas que hacen un tratamiento interesante del tema de la drogadicción entre los jóvenes. La más exitosa de ellas resulta ser Historias del Kronen de Montxo Armendáriz. Basada en la novela finalista del Premio Nadal del mismo título escrita por el novel José Ángel Mañas, la película nos explica la historia de unos jóvenes de clase alta que pasan las noches madrileñas entre sexo, alcohol, drogas y excesos. La cinta es la primera que retrata la implantación en la sociedad española de las drogas de diseño y la cocaína. La lástima es que el flojo material de partida (la novela es bastante mala) y un director equivocado, propiciaron que la cinta se convirtiera en un catálogo de personajes insoportables en la que se obviaba lo más importante: retratar las causas reales por las que esos jóvenes actúan de esa forma. Historias del Kronen es un filme artísticamente fallido que, sin embargo, logró unas importantes recaudaciones en taquilla y creó un debate social sobre la cada vez más peligrosa presencia de la cocaína en las noches de fin de semana.

Del mismo año es Antártida. Dirigida por Manuel Huerga, la cinta explica la historia de amor entre una drogadicta hastiada de la vida y un chico joven dispuesto a ayudarla contra unos traficantes. Muy desconocida por las nuevas generaciones, la cinta es un thriller brillante, más en forma que en fondo, que sin entrar demasiado a analizar la problemática de las drogas, sí ofrece una novedosa perspectiva sobre el tema. Un título a recuperar.

Martín (Hache) (1997) es un título dirigido por el argentino Adolfo Aristarain que habla sobre la dificultad de aceptar el paso del tiempo y sobre las diferencias generacionales. La película nos cuenta la vida de Hache, un muchacho argentino que, tras sufrir una sobredosis, vuela hasta Madrid para vivir junto a su padre, un director de cine que lleva 10 años en España y se niega a volver a Argentina. Retrato sobre personajes desesperados y solitarios, Martín (Hache) nos muestra cómo la adicción, en muchas ocasiones, es producto de la desesperanza y la falta de perspectivas interiores, personales y sociales. Una película intensa y apasionada, cuyo metraje es capaz de conmovernos y seducirnos de forma admirable. A pesar de ello, hemos de reconocer que las drogas representan un elemento muy secundario en la cinta.

En 1988 Fernando León de Aranoa sorprendió a propios y extraños con una pequeña película titulada Barrio. En ella se nos explicaba la odisea de tres amigos que viven en el madrileño barrio de San Blas y que, ante las dificultades económicas que sufren sus familias, se ven obligados a pasar sus vacaciones en la calle. Han pasado casi veinte años, y aquellos “perros callejeros” que tan chapuceramente retrataba José Antonio de la Loma ahora se han convertido, por aquello del progreso, en chavales de instituto cuyo futuro pasa irremisiblemente por un empleo precario, una hipoteca que les ahoga y la posibilidad más que real de convertirse en víctimas de la crisis económica. Sincera, emotiva y contenida, lo que a nosotros nos interesa es ver cómo se retrata a los yonquis de los ochenta ahora convertidos en muertos vivientes que malviven en la era de las drogas de diseño en descampados de las poblaciones de extrarradio y que, poco a poco, perecen víctimas de la adicción, el olvido y la absoluta miseria. Una lástima que el realizador de una película tan brillante como ésta luego nos ofreciera panfletos infumables como Los lunes al sol o Princesas.

Báilame el agua (2000) de Josecho San Mateo.
Báilame el agua (2000) de Josecho San Mateo.

En Morir o no (1999), el catalán Ventura Pons adapta al autor teatral Sergi Belbel y nos ofrece siete historias condicionadas por la muerte. Las drogas aparecen en un par de historias, una dedicada a un heroinómano incapaz de abandonar la adicción y la otra a una histérica adicta a los tranquilizantes. Lo interesante de la propuesta es que, en un curioso giro argumental, el director nos ofrece un final alternativo en el que los protagonistas no fallecen y todo se soluciona de forma positiva. Una propuesta curiosa que, con sus defectos, nos ofrece una visión sincera sobre el problema.

Báilame el agua (2000) de Josecho San Mateo podría haber sido la gran película española sobre las drogas. Ésta nos explica la historia de David, un chico enamorado de una joven llamada María a la que ve todos los días en el metro. Un día se decide y le entrega un poema que ha escrito para ella, titulado “Báilame el agua”. Él vive en la calle y ella no duda en seguirlo, pero, poco a poco, ambos caerán en una espiral de drogas, prostitución, mafia y marginación. Aunque su inicio es brillante y retrata con acierto la desazón que lleva a muchos jóvenes de veinte años a caer en el mundo de la adicción, en su segunda parte la cinta cae ligeramente en el panfleto y en el dramatismo más facilón. Traficantes desalmados, prostitución y todas esas cosas, pelín moralizantes, que uno espera en este tipo de películas. Empero, si nos quedamos con sus primeros cuarenta minutos podemos ver una historia honesta y sincera sobre el problema de la heroína.

Es curioso constatar cómo en los últimos años no han sido demasiadas las películas que han retratado el mundo de las drogas. A pesar de que el consumo de cocaína y drogas de diseño parece ir en aumento, los directores han obviado esta realidad y han preferido centrar su punto de mira en otros temas y realidades.

De entre los pocos títulos actuales que encontramos, creemos interesante destacar 15 días contigo (2005), Heroína (2008) y El truco del manco (2008).

La primera, de Jesús Ponce, nos explica la historia de Isabel, una mujer que acaba de recuperar su libertad, y sólo tiene una cosa clara: no piensa volver a perderla. Por ello no quiere volver a relacionarse con nada que tenga que ver con su pasado reciente. La aparición en su vida de Rufo, un viejo amigo drogadicto, supone una contradicción, ya que éste le proporciona la compañía, el afecto y la experiencia de saber sobrevivir, a la vez que siente que es el compañero de viaje que menos le conviene, estableciendo con él una relación en la que no se sabe quién se apoya en quién. Esta maravillosa y desconocida película nos habla de soledades, de personajes al límite, de solidaridad, de comprensión y de respeto. Es una película dura que, por contradictorio que parezca, trata a sus personajes con humanidad y ternura. Una pequeña maravilla que hay que descubrir con urgencia.

15 días contigo (2005) de Jesús Ponce.
15 días contigo (2005) de Jesús Ponce.

Heroína de Gerardo Herrero vuelve a los años ochenta para ofrecernos la historia de Pilar, una mujer en torno a los cuarenta, de clase media, casada y con tres hijos, que pasa de una existencia absolutamente normal a tener que enfrentarse con el mayor problema de su vida: uno de sus hijos es adicto a la heroína. Tras la culpa y la vergüenza, después de ver a su hijo convertirse en delincuente y la vida familiar deteriorarse sin remedio, decide hacer algo más que lamentarse y emprende junto con otros padres un arduo viaje de denuncia del narcotráfico en Galicia y de la impunidad de los traficantes. Basada en la historia real de Carmen Avendaño, la película retrata con valentía los sufrimientos de una madre por su hijo drogadicto y la tibieza de quienes deberían abordar el problema con mayor decisión. A pesar de ello, la película adolece de los problemas habituales en el cine del director: promete más de lo que al final ofrece con una puesta en escena plana y esquemática que no hace honores al guión. A pesar de ello es una propuesta estimulante. Una curiosidad: su guionista es la actual Ministra de Cultura Ángeles González-Sinde.

La interesante El truco del manco, una de las triunfadoras en la última edición de los premios Goya, nos narra las dificultades que vive un paralítico cerebral para llegar a convertirse en cantante de hip hop mientras pasa sus días en un barrio marginal de una gran ciudad española. Dirigida por el debutante Santiago A. Zannou, madrileño de 32 años, hijo de africano y una aragonesa, la película está rodada con honestidad y sinceridad por personas que retratan muy bien una realidad, compuesta de paro, drogas y carencia de oportunidades, que conocen porque la han vivido en sus carnes. Cine modélico, el filme es una muestra de por donde debería ir el cine social: historias reales, realizadas sin sensacionalismos ni intención panfletaria y que traten a los espectadores con inteligencia.

Como puede verse, aunque todavía falta la gran película española que retrate el problema de las drogas, en las anteriores líneas encontramos algunos ejemplos interesantes que, sin duda, se pueden implementar a una práctica educativa sobre el tema.

Ahora sólo queda que los docentes se decidan a utilizar alguna de las películas comentadas como material educativo en sus aulas en materias como Educación en Valores o Educación para la Salud.

Autor: Nacho Jarne Esparcia

Nacho Jarne Esparcia es profesor de Tecnología Educativa de la Universidad de Barcelona.

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