Las tortugas también vuelan

Artículo publicado en el número 32 de la revista Making Of
Artículo publicado en el número 32 de la revista Making Of

Análisis y uso didáctico de Las tortugas también vuelan de Bahman Ghobadi, Concha de Oro en el último Festival de San Sebastián.

Los antecedentes

Muchos directores europeos se quejan, y no sin razón, de lo difícil que resulta realizar películas en el viejo continente. El cine es un medio de expresión artística sumamente caro en el que el talento es sólo una variable supeditada al dinero. Grandes y consagrados directores han visto cómo sus proyectos se iban al traste por falta de financiación, por el poco afán de riesgo de los inversores o por circunstancias coyunturales en ocasiones difíciles de entender.

Por ello, si resulta complejo ser director en países desarrollados con una industria más o menos consolidada; qué decir de todas aquellas cinematografías del tercer mundo para las que poder producir una película entra de lleno dentro de lo quimérico. Por ello, cuando estas pocas películas, además, llegan a las carteleras de nuestro país, indudablemente, se está produciendo un acontecimiento fuera de lo común.

El caso de Las tortugas también vuelan sería un ejemplo característico de todo ello. Una cinta de nacionalidad kurda, producida con capital iraní e iraquí y rodada en un campo de refugiados kurdo del norte de Irak en pleno conflicto armado no es, a priori, un producto con posibilidades de ser estrenado en nuestro país. A buen seguro, si no fuera por la Concha de Oro a la mejor película obtenida en el último Festival de Cine de San Sebastián, probablemente nunca hubiéramos conocido la existencia de esta pequeña cinta rodada sin medios y con todas las estrecheces del mundo. Y es que, desgraciadamente, los espectadores occidentales nos dejamos muy a menudo seducir por los cantos de sirena que nos llegan desde Hollywood y, por ello, nos dejamos perder algunas joyas que nos llegan desde África, Asia o el oriente más lejano.

El máximo responsable de esta cinta es el realizador kurdo Bahman Ghobadi. Nacido en 1968, la obra de este joven director siempre se ha desarrollado bajo la cinematografía iraní. Tras intervenir en algunos títulos como actor y productor, dio el salto a la dirección en 1999 con el cortometraje Life in Fog. En el año 2000, dirigió el largo A Time for Drunken Horses al que seguiría en el año 2002 la cinta Songs of My Motherland, un título que fue premiado en varios festivales internacionales. Todas estas películas contaban con varias características comunes: rodajes llevados a cabo con presupuestos ínfimos, temáticas siempre centradas en la problemática kurda, actores semiprofesionales que, prácticamente, se interpretan a ellos mismos y diálogos que alternan el kurdo con el árabe. Lamentablemente, estos factores hacen que la mayor parte de la producción de Ghobadi sólo ha podido ser vista en festivales de cine o en circuitos muy especializados y marginales de distribución.

Las consecuencias que la guerra de Irak estaba teniendo sobre el pueblo kurdo, motivó que el director quisiera explicar una historia en la que se constatará cómo los ciudadanos más necesitados siempre eran los que más sufrían los rigores de la contienda. A este respecto, sería interesante reproducir las palabras del propio director: “En mi primer largometraje, los niños pobres eran los principales protagonistas y volver a centrarme en ellos en este caso no fue algo premeditado: tenía ganas de realizar una película urbana sobre mi pasado, pero cuando fui a Bagdad dos semanas después del comienzo de la guerra de Estados Unidos contra Irak para el estreno de mi película Songs of My Motherland vi muchas atrocidades en la vida de la gente, y especialmente en la de los niños que siempre son las primeras víctimas y de los que nadie se ocupaba”. El director recuerda asimismo que “el caso de un chico mutilado me conmovió. Yo quería hacer una película contra la guerra. Entonces volví y me fui a vivir con los niños para sentirme más cerca de ellos. Luego intenté reconstruir las experiencias por las que ellos habían pasado. En la película todos los personajes buscan información vía satélite sobre la guerra que se avecina, aunque no entiendan el idioma y las imágenes mostradas en la televisión vayan en contra de sus creencias, pero finalmente la información les llega a través de las predicciones del niño mutilado. Esto se debe a que, en mi opinión, las cadenas de televisión pertenecen a grupos de intereses que consideran a los ciudadanos del mundo como simples figurantes. Ellos, con sus cadenas y sus guerras, nos usan como juguetes y nos imponen su guerra sucia para ganar más dinero. Dada la situación en que se encuentra nuestra región y sus repercusiones en el mundo entero, yo pongo en duda cualquier forma de información, ¡incluso en la prensa escrita!”.

Con esta declaración de intenciones, el realizador deja muy clara cuál es su intención: denunciar las barbaridades de la guerra sin, por ello, obviar a los medios de comunicación y la pasividad con la que los occidentales nos enfrentamos a un drama como éste desde la comodidad de nuestras casas. Para el director, lo importante era señalar que, tras las proclamas de paz, tras las manifestaciones más o menos interesadas que se producían en todo el mundo, se estaba olvidando a los que verdaderamente estaban sufriendo las consecuencias de la guerra; a las personas que estaban padeciendo con todo ese inmenso despropósito que, todavía hoy, sigue siendo la guerra de Irak.

Bahman Ghobadi empezó el rodaje justo dos semanas después del inicio de la guerra. Previamente pasó una temporada viviendo con los niños protagonistas, hasta conseguir el permiso para rodar en Irak. A este respecto, el realizador indica: “En mi película el trabajo de los niños consiste en encontrar minas antipersonales para después venderlas porque, aunque no sé desde cuándo está minado el Kurdistán, tanto mi abuela como mi madre me contaron historias de minas antipersonales y de los que fueron sus víctimas. Desde que se inventaron, Kurdistán ha sido y sigue siendo uno de los países más afectados por ellas. Los fabricantes norteamericanos y europeos se las vendieron a dictadores como Sadam u otros que las diseminaron por todo el país. Creo que llevará mucho tiempo retirarlas. Cada día, cada hora, hay personas inocentes que mueren o quedan mutiladas por ellas. ¡Incluso hay familias en el Kurdistán que ponen el nombre de Mina a sus hijos recién nacidos!”.

Con un equipo muy reducido y unas condiciones de rodaje pésimas, el guión de la película fue evolucionando según se desarrollaba el conflicto bélico. Respecto a los actores, la utilización de no profesionales no sólo fue una elección artística del director, sino que también representó una necesidad dado el poco presupuesto con el que se trabajaba. A este respecto, Ghobadi nos recuerda que “en Kurdistán no tenemos actores porque allí el cine es un arte nuevo, pero aunque tenga actores no profesionales trabajo con ellos como si lo fueran y los dirijo de tal forma que puedan entrar en el personaje”.

Después de un rodaje muy accidentado, la película estaba lista para su distribución. Tras superar no pocas dificultades, la cinta logró ser proyectada en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián donde, de forma unánime, fue galardonada con la Concha de Oro a la mejor película. Hay que tener en cuenta que, desde hace unos años, la lectura del nombre de la película agraciada provoca abucheos y silbidos por parte de algunos sectores de la crítica. Como curiosidad diremos que, cuando el escritor peruano Mario Vargas Llosa, presidente del jurado, entregaba el premio, la ovación fue unánime. Todos los asistentes al acto vieron con buenos ojos la concesión del galardón no sólo por la calidad humana de la película sino también por la sencillez y crudeza, con la que el director había logrado explicar su historia.

Este galardón dio alas a la película y facilitó que su distribución fuera menos limitada. De hecho, la cinta ha llegado incluso a las carteleras norteamericanas donde ha cosechado una notable respuesta del público (teniendo en cuenta que su estreno se ha limitado a un puñado de salas) y crítica. En el resto de países en los que ha sido estrenada, incluido el nuestro, todo el mundo ha coincidido en señalar las excelencias de esta magnífica cinta.

La historia

Los habitantes de un pueblecito del Kurdistán iraquí, en la frontera entre Irán y Turquía, buscan desesperadamente una antena parabólica para conseguir noticias acerca del inminente ataque de Estados Unidos contra Irak. Un chico mutilado a causa del permanente estado de guerra en el que se encuentra la zona, que viene de otro pueblo con su hermana y un niño pequeño, tiene una premonición: la guerra está cada vez más cerca.

Nuestra crítica

En muchas ocasiones, la critica especializada tenemos la inefable tendencia de valorar positivamente los films que provienen de cinematografías periféricas. Ya sea por un explicable sentimiento de solidaridad con todos aquellos directores que lo tienen realmente complicado para poder llevar a cabo sus proyectos; ya sea por ese esnobismo innato de todos los que, de alguna manera u otra, creemos que sentamos opinión con nuestras palabras; ya sea por la necesidad, muchas veces compulsiva, del crítico por alejarse lo más posible de la opinión generalizada de la inmensa mayoría de los espectadores de a pie; muchas veces tendemos a ver virtudes en determinados films que, precisamente, si por algo destacan es por sus defectos.

Durante una temporada, fueron las películas realizadas en Argentina gracias al éxito de la sobrevalorada El hijo de la novia. Posteriormente, le tocó el turno a las cintas iraníes a raíz del reconocimiento internacional de la plomiza A través de los olivos. En los últimos años, el cine oriental ha sido el último en subirse al carro de esta tendencia de la crítica occidental de pensar que es oro todo lo que reluce. Tal vez por todo ello, este cronista no podía ocultar un cierto recelo ante las chanzas que provocó la proyección en el marco del Festival Internacional de San Sebastián de una película kurda (país que, junto a Palestina, Sáhara Occidental y todos aquellos pueblos sin reconocimiento internacional, viven inmersos en un estado de permanente sufrimiento) hecha con escasísimos recursos y que, por ende, tocaba un tema tan dado a la falsa complacencia y a las interpretaciones subjetivas y partidistas como es el de la guerra de Irak. Por ello, y porque era consciente de que mi propia visión personal sobre el conflicto podría dar lugar a un visionado parcial de la cinta, acudí con todas las reservas del mundo a verla. Y es que, no lo vamos a negar a estas alturas, el cine, como cualquier manifestación artística, es una experiencia absolutamente personal.

A estas alturas, después de haber visto la película, tengo que reconocer que mis temores iniciales fueron absolutamente infundados: Las tortugas también vuelan es una de las películas más interesantes, necesarias, impactantes, intelectualmente enriquecedoras y emocionalmente sobrecogedoras, que he tenido ocasión de ver en muchos años. Dejando de lado su incuestionable falta de recursos y las visibles limitaciones técnicas, la historia de estos muchachos que viven en una sociedad donde la vida es un don realmente preciado, en el que la muerte, en forma de minas antipersona, hambre, pobreza, miseria e indefensión, forma parte de su vida cotidiana, es de aquellas que dejan huella. Esto, que en manos de según qué realizadores podría dar lugar a una historia lacrimógena o a un panfleto propagandístico, es filmado por Bahman Ghobadi con una honestidad fuera de toda duda. El director quiere que seamos conscientes de cuál es el drama que acecha a los personajes, pero lo hace respetándolos, tratándolos con toda la dignidad que merecen. Éstos no son arquetipos ni víctimas: sólo son personas que han tenido la mala suerte de nacer en una zona del mundo que está en permanente conflicto bélico y olvidada por occidente.

Así, la cinta adopta un tono casi documental apoyado por las creíbles actuaciones de los actores no profesionales. Consciente de la dificultad que entraña interpretar, Ghobadi se limita a dejar que sus personajes hagan de sí mismos, se comporten como lo harían en la vida real. Estamos, obviamente, ante una cinta de ficción, pero es esa naturalidad, esa sensación de que es la realidad lo que se está filmando lo que le otorga un plus de interés. Sin duda, el ejemplo de esta cinta, y de otras de temática similar, demuestra que existen ciertos realizadores interesados en revertir los orígenes del cine: si en su génesis el séptimo arte era una simple filmación de la realidad (tal como hacían los hermanos Lumière), en la actualidad esa misma realidad es recreada, que no revivida, por sus propios protagonistas. Este interesante planteamiento es, tal vez, uno de los apartados más apasionantes del film.

Tal vez la parte con más mordiente sea, empero, la sutil crítica que plantea el director sobre el papel de los medios de comunicación en la actualidad. Jugando con esa perversa tendencia de los mass media de convertir en objeto de noticia a los que, hasta hace poco, eran sólo meros espectadores pasivos del circo audiovisual, la cinta es capaz de sacar los colores a todas las cadenas informativas desplazadas en la zona. Estos niños buscan con ahínco una parabólica que les permita estar informados sobre lo que sucede en su país, sin ser demasiado conscientes de que son precisamente ellos los que formarán parte directa de todo ello. Interesante paradoja, plagada de un espíritu crítico y una ironía realmente inteligente.

Lúcida, amarga, irónica, profundamente humana, cargada de elementos para la reflexión, esta pequeña película es una joya a la que le hemos de dar una oportunidad. Para todos aquellos que buscan en el cine algo más que un  mero entretenimiento, para aquellos que gustan de contemplar historias que hablen del mundo en el que viven, que nos muestren que, más allá de nuestras confortables vidas occidentales, existen colectivos que sufren problemas a los que no podemos permanecer ajenos. Una película que no se han de perder por nada del mundo.

Aplicación didáctica

Esta película, por sus características y su trama, se ha de trabajar desde los ciclos de Secundaria y Bachillerato. Creemos que su temática y contenido no es adecuado para alumnos de educación Primaria que no comprenderían todo lo que en ella se narra. Para captar toda la riqueza que contiene, es necesario un grado de madurez que difícilmente tendrán los alumnos más pequeños.

Por otro lado, antes de su proyección, es necesario que contextualicemos muy bien la historia. A buen seguro, nuestros alumnos no conocen ni al pueblo kurdo ni los problemas que, históricamente, ha tenido. Dar a conocer cuáles son los orígenes, su situación social y los problemas a los que se enfrentan, es algo fundamental para entender mejor la trama. Esto es algo que se ha de trabajar tanto antes como después de la película.

Otro elemento interesante sería hablar del conflicto que asola al Golfo Pérsico. Plantear este tema desde una perspectiva meramente descriptiva, facilitará la comprensión integral de la película. Una vez finalizada la proyección, ya trabajaremos aspectos relacionados con la interpretación que cada uno de nosotros le da al conflicto, por lo que ahora es muy necesario que simplemente nos limitemos a describir.

Por otro lado, es también interesante que introduzcamos algo las características, tanto culturales como conceptuales, que puede tener el cine realizado en oriente. Tanto a nivel narrativo como argumental, este tipo de películas son muy distintas a las que nuestros alumnos están acostumbrados a ver: la proyección de la película no sólo puede ser una buena manera de acercarnos a otra cultura, sino también una forma de conocer cómo se entiende el audiovisual desde otros lugares del mundo.

Dicho esto, pasemos a plantear algunas actividades relacionadas con la película.

Medio cultural, social e historia

  • Sitúa sobre un planisferio los países que acogen un gran número de población kurda. Sobre ese mismo planisferio, dibuja la zona geográfica que se correspondería con el Kurdistán.
  • Documéntate sobre el origen del pueblo kurdo y sobre cuáles han sido las reclamaciones y derechos que, a lo largo de los años, han solicitado a la comunidad internacional. ¿Tienen razón en sus reivindicaciones?
  • Dentro de estos países donde hay colectivos kurdos: ¿Qué tipos de gobiernos encontramos? ¿Qué distintas reacciones encontramos ante el conflicto kurdo? ¿Cuál de ellas consideras más razonable?
  • Antes de la Guerra del Golfo, Irak, y por ende el pueblo kurdo, sufrió otra cruenta guerra contra otro país de la zona. ¿De qué otro país hablamos? ¿Cuál fue el motivo de esta disputa?

Sobre el conflicto de Irak

  • ¿Cuáles son los orígenes históricos del conflicto internacional que ha sufrido Irak?
  • ¿A qué personajes de la política internacional que han estado implicados en el conflicto hace referencia la película?
  • ¿Quién gobernaba antes del conflicto en Irak? ¿Y después?
  • ¿Consideras que el papel de los Estados Unidos ha sido correcto en el desarrollo del conflicto? ¿Y el del resto de la comunidad internacional? Razona y justifica tu respuesta.
  • ¿Cuál es tu posición ante la Guerra del Golfo? ¿No crees que muchas veces hacemos caso a los grandes conflictos mediáticos y, por ello, olvidamos otras guerras y problemas que afectan al mundo?

Educación en valores

 

  • ¿Entiendes la actitud de los protagonistas respecto al conflicto? ¿Qué sentimientos consideras que prevalecen en ellos?
  • ¿Con qué personaje/s te sientes más identificado? ¿Por qué?
  • ¿Cómo hubieras actuado tú en una situación similar a la que viven los protagonistas?
  • ¿Qué aspecto tratados a lo largo de la película consideras que pueden ser definidos como injusticias? Justifica la respuesta.
  • Intenta describir con dos adjetivos la personalidad de cada uno de los personajes que aparecen en la cinta.
  • La amistad es algo muy presente a lo largo del film:
  1. ¿Crees que las personas que viven en situaciones límite como la que describe el film tienden a ser más solidarios? ¿Por qué?
  2. ¿En qué ocasiones ayudas a tus amigos?
  3. ¿Te consideras una persona solidaria? ¿En qué aspectos?
  4. ¿Cómo has reaccionado cada vez que has recibido ayuda de los demás?
  • ¿De qué acción que hayas realizado a lo largo de tu vida te sientes más orgulloso? ¿Y menos?
  • ¿Conocías antes de ver la película el conflicto que se nos narra? ¿Ha variado tu opinión al respecto?

Aspectos transversales

 

  • A lo largo de la película, se trata el tema de las minas antipersona. Busca información sobre este tipo de armamento e indica los estragos que está causando en muchos países del mundo.
  • Existen organizaciones que trabajan para luchar en contra de las minas antipersona. Busca información sobre algunas de ellas e intenta describir cuál es la actividad que llevan a acabo.
  • Hace pocos años se firmó un protocolo internacional para erradicar las minas antipersona. ¿Qué países participaron en este protocolo? ¿A qué compromiso llegaron?
  • ¿Cómo describirías el papel de los medios de comunicación a lo largo de la película? ¿Cuál crees que son sus objetivos?
  • Realiza una investigación por Internet sobre cuál ha sido el seguimiento que han hecho de la Guerra del Golfo diferentes periódicos españoles. ¿A qué causas crees que se debe su forma de enfrentarse al conflicto?
  • ¿Cómo crees que se posiciona la película respecto a los medios de comunicación? ¿Consideras que es acertada esta visión.
  • Realiza una crítica de veinte líneas sobre la película. Destaca aquellos aspectos que más te hayan impactado.
  • Investiga en tu colegio cuántos muchachos y muchachas hay de diferentes culturas: su lugar de procedencia y la lengua que hablan en su casa.
  • Responde de forma breve a las siguientes cuestiones:
  1. ¿Es posible vivir al margen de las innovaciones tecnológicas?
  2. ¿La salud y la educación son imprescindibles para el desarrollo de una comunidad?
  3. ¿Consideras que tú puedes hacer algo para evitar conflictos como el que nos plantea la película?

Nacho Jarne Esparcia

Autor: Nacho Jarne Esparcia

Nacho Jarne Esparcia es profesor de Tecnología Educativa de la Universidad de Barcelona.


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