Minority Report

Artículo publicado en el número 13 de la revista Making Of
Artículo publicado en el número 13 de la revista Making Of

Minority Report ha sido una de las grandes sorpresas de la temporada. Aunque algunos piensen que una película de ciencia-ficción, plagada de efectos especiales y protagonizada por una estrella del calibre de Tom Cruise difícilmente puede ser interesante de cara a una posible aplicación didáctica, lo cierto es que Minority Report es casi una obra maestra.

Los antecedentes

Philip K. Dick es, junto a Isaac Asimov, uno de los escritores de ciencia-ficción más brillantes que ha dado el género. Dick nació prematuramente el 2 de Marzo de 1928 en Chicago, aunque vivió la mayor parte de su vida en California. Aficionado a la ciencia-ficción desde su adolescencia, Dick empieza a publicar con regularidad a partir de 1951, fecha en la que sale a la venta la que sería su primera novela: “Lotería Solar”. Es un común decir que el escritor era esquizofrénico ya que, como sucede en “Ubik” o en “Fluyan mis lágrimas dijo el policía”, su literatura parece escrita por un paranoico dotado de extrañas visiones esquizoides. Muy probablemente, en el resultado final de estas novelas, tenga mas que ver el uso de alucinógenos a los que el autor era adicto que a una presunta enfermedad mental. Sea como fuere, lo cierto es que Dick es uno de los grandes autores del siglo XX.

Una de las mayores virtudes de Dick es que produjo ciencia-ficción seria y, sobre todo, asequible para el gran público. Fue un escritor consistente, brillante y de los más originales del género. Curiosamente, es un autor mucho más apreciado en Europa que en los propios Estados Unidos, como lo demuestra el hecho que para muchos europeos él es el escritor de ciencia-ficción por excelencia, en detrimento de otros ilustres como Asimov, Clarke o Bradbury. Philip K. Dick murió en 1982 de un fallo cardiaco a la edad de 53 años, dejando un libro inacabado y, sin duda, muchas ideas sin desarrollar. Tampoco llegó a ver el estreno de Blade Runner (basada en el cuento “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”), la primera adaptación de un relato suyo al cine.

Desde el momento de su muerte, muchos han sido los directores y guionistas que han recurrido a la obra de Dick para buscar buenas ideas que aplicar a sus películas. Desde 1984 hasta la fecha hemos podido ver como con mayor  (Desafío Total) o menor fortuna (Impostor, Screamers) llegaban a la gran pantalla diversos títulos basados en relatos de Dick. Con estos antecedentes no nos puede extrañar que un director tan inteligente e interesado por la ciencia-ficción como Steven Spielberg encontrara en el cuento “Minority Report”, un material excelente para poner en imágenes algunas de sus obsesiones como cineasta: la pérdida de la inocencia, las inquietudes sobre el destino final del hombre o el enfrentamiento del sujeto individual contra el sistema, tanto ideológico como político, son constante en las películas de Spielberg que también a parecen en el ideario de Dick.

La película, en un principio, no iba a ser realizada por Spielberg, sino que fue planteada como una continuación de Desafío Total que dirigiría el mismo Paul Verhoeven. Tras desentenderse Arnold Schwarzenegger del proyecto, ésta pasó a manos de Jan (Speed) de Bont que encargó un nuevo guión al novelista Jon Coen. El escrito resultante gustó tanto a los ejecutivos de 20th Century Fox que éstos pensaron en Tom Cruise para protagonizar la cinta. Al leer la historia, la estrella americana se dio cuenta que ese era un material ideal para un director como Steven Spielberg. El realizador de Parque Jurásico aceptó de inmediato el desafío no sin antes sugerir una reescritura del guión a manos de una persona de su confianza como Scott Frank.

Con el fin de lograr el mayor verismo posible, Spielberg contrató a una treintena de científicos, arquitectos y especialistas en el futuro para que diseñaran como sería el mundo dentro de cincuenta años. La prestigiosa Industrial Light and Magic se encargaría de generar los más de 500 efectos especiales por ordenador que proporcionarían a la película un diseño visual francamente excepcional. El presupuesto de más de cien millones de dólares se nota en cada uno de los fotogramas de la película.

A la hora de seleccionar el reparto, además del ya consabido Tom Cruise, Spielberg barajó varios nombres. Para el papel de Danny Witwer, el perseguidor de John Anderton, se pensó en primera instancia en nuestro Javier Bardem, el cual renunció ante la falta de fuste dramático del personaje. Como alternativa, se contrató al irlandés Colin Farrell que acababa de protagonizar con éxito Tigerland. Para encarnar a la rastreadora Agatha se optó por una mujer joven como Samantha Morton que pudiera expresar con la mirada todas las emociones y el sufrimiento que padecen estos seres. Por último, el papel del jefe de Tom Cruise, Lamar Burgess, se puso en manos del veterano actor sueco Max von Sydow, un hombre que, interprete la película que interprete, siempre dota de personalidad y rigor a sus personajes.

El rodaje, que se prolongó durante seis meses, fue una auténtica balsa de aceite gracias a la implicación de todos los responsables en el proyecto. En septiembre, la cinta ya estaba lista para ser estrenada en los cines estadounidenses. Tras colocarse de forma automática en el primer puesto del hit parade con más de veinticinco millones de dólares en el primer fin de semana, la película ha tenido una carrera comercial muy buena en todo el mundo.

Como suele pasar con todos los films de Spielberg, la reacción de la crítica fue bastante contradictoria. Mientras los que creemos en el talento del realizador neoyorquino hemos visto en Minority Report una cinta magistral con una profundidad argumental que va mucho más allá de su presunta espectacularidad, los puristas de siempre le achacan al director una excesiva superficialidad en sus planteamientos que consideramos a todas luces injusta.

La historia

Washington DC, año 2054. John Anderton es un agente a cargo de la unidad Pre-Crimen, una división de la policía que se encarga de detener a los delincuentes antes de que hayan cometido el delito. Ello es posible gracias a una nueva tecnología que se nutre directamente de los Pre-Cogs, tres entes que yacen rodeados de una masa líquida en una sala llamada El Templo, y que cuentan con la increíble capacidad de leer y localizar la energía física generada por actos de violencia planificada (por ello, un crimen pasional, por espontáneo, es casi imposible de evitar). Las imágenes extraídas de la mente de los Pre-Cog son combinadas y analizadas por Anderton ante una pantalla, lo que le permite encontrar pistas que le lleven con exactitud y anticipación al lugar en el que se va a cometer un crimen.

Según todo los que trabajan en la organización, el sistema es perfecto y no tiene ningún margen de error. Las estadísticas les dan la razón: durante los seis años en los que el programa ha estado en activo en la capital de los Estados Unidos no se ha cometido ni un solo asesinato. Por ese motivo, Lamar Burgess, líder y fundador de la compañía, está dispuesto a que su patente sea utilizada en todo el territorio estadounidense.

A pesar de esta presunta efectividad, el Departamento de Justicia no está muy convencido de la adecuación operativa y moral del invento. Con el fin de disponer de la mayor información posible, Justicia manda a la sede de Pre-Crimen al agente Danny Witwer con la misión de estudiar con atención el funcionamiento de esa novedosa forma de capturar delincuentes. Obviamente, su presencia no es del agrado ni de Anderton ni mucho menos de Burgess.

Todo cambiará cuando en una de sus sesiones con los Pre-Cogs, Anderton ve lo imposible: él mismo cometiendo un crimen; matando a un hombre que no ha visto en su vida en un plazo máximo de treinta y seis horas. Aunque a priori todo se trate de una trampa tendida por Witwer para desacreditar a la organización, al agente no le queda más remedio que huir e intentar aclarar las cosas. En la huida, Anderton contacta con la doctora Hineman, creadora de la tecnología Pre-Cog, que le aclara algunas cosas sobre las verdaderas intenciones de su jefe, y con Lara, su ex-esposa, de la que se divorció seis años atrás tras la extraña desaparición de su único hijo.

Ante las escasas posibilidades de supervivencia y el acoso al que es sometido el agente por Witwer y sus antiguos compañeros de la unidad, a Anderton sólo le queda una solución: secuestrar a Agatha, la Pre-Cog mentalmente más potente, e intentar demostrar su inocencia con su ayuda.

Nuestra opinión

Con Steven Spielberg se está cometiendo una de las mayores injusticias críticas de todos los tiempos. Resulta a todas luces injusto que uno de los creadores más lúcidos, coherentes e inteligentes de la cinematografía mundial, sea sistemáticamente atacado por un sector de la crítica presuntamente progresista –defender que el cine minoritario que viene de Irán, China o el Congo Belga es el único bueno que se hace hoy en día está, desgraciadamente, muy de moda-, pero que demuestra ser de lo más reaccionario al negarle el pan y la sal a un creador en mayúsculas, cuyos únicos pecados han sido trabajar dentro de la industria y que sus películas dieran dinero. Hoy en día parece que hacer un cine comercial y que entretenga es un pecado mortal: ¡como si John Ford, Alfred Hitchkock o Howard Hawks, -por citar  tres genios indiscutibles de la historia del cine- no hubieran pretendido con sus películas gustar al gran público y ganar dinero con ello!

En la obra de Spielberg, como en la de cualquier otro gran cineasta, hay películas malas (Always, Hook), regulares (Jurassic Park, Amistad), buenas (ET, En busca del arca perdida), muy buenas (Tiburón, Salvad al Soldado Ryan) o simplemente magistrales (La lista de Schindler, Inteligencia Artificial): es prácticamente imposible en una filmografía de más de veinticinco títulos mantener una constante de calidad absoluta. Lo que no se le puede negar al director, como hacen unos cuantos, es su capacidad como creador de mundos propios, su personalidad a la hora de poner en imágenes los guiones que llegan a sus manos y una coherencia temática y argumental que hacen de él un creador total. Spielberg no sólo es uno de los grandes, sino que con la madurez está alcanzando unas cotas de calidad y de profundidad psicológica en sus películas fuera de toda duda. Personalmente soy de los que está convencido de que dentro de unos años un film como Inteligencia Artificial será considerado una de las mejores películas de los años noventa. Tiempo al tiempo.

Minority Report es una muestra del dulce momento que está viviendo Spielberg. Digámoslo claro: esta historia de falsos culpables y futuros inciertos es una gran película. La cinta cuenta con un guión que, aunque algo tramposo e incoherente en ciertos pasajes, sabe atrapar al espectador y con una puesta en escena insuperable, sustentada por unos efectos especiales espectaculares y puestos al servicio de la historia, y con unas interpretaciones perfectamente ajustadas a los intereses narrativos del director. Y todo ello es mérito de la persona que ha estado al frente de la producción y que ha sabido ensamblar adecuadamente los elementos con los que contaba y crear una historia apasionante y con infinidad de matices.

Uno de los mayores aciertos de la película no se encuentra tanto en lo que se ve como en todo aquello que, aunque sólo quede enunciado, genera profunda inquietud en los espectadores. A este respecto, una de las cuestiones más interesantes que nos plantea el film lo encontramos al comprobar el cambio moral que experimenta el personaje interpretado por Tom Cruise. Al principio, Anderton se nos muestra como un ser desengañado, hastiado de la vida, una persona desesperada a la que sólo su trabajo y las drogas a las que es adicto salvan de la desesperación más absoluta: su creencia en el sistema Pre-Cog es inversamente proporcional a la confianza que mantiene consigo mismo. Durante su huida, su escala de valores irá modificándose progresivamente; se dará cuenta de que la vida no es una cuestión de tantos por ciento, sino que entran muchísimas variables que ninguno de nosotros puede controlar. El camino que recorre Anderton no es sólo físico: es fundamentalmente psicológico. Esta idea está magníficamente expresada visualmente por Spielberg, que sabe hacer evolucionar el ideario del personaje a través de un juego de relaciones con las imágenes que nos muestra. En este sentido, una secuencia modélica sería la de las arañas: la ceguera del protagonista no es sólo física, es también moral; al recuperar la vista, al poder mirar el mundo con otros ojos se da cuenta de que las cosas no son como él las había considerado hasta ese momento.

Si algún pero hay que ponerle a la película, éste habría que encontrarlo en un guión algo tramposo y en un final francamente previsible. Es una lástima que, tal como hizo en Inteligencia Artificial, el director no haya querido arriesgar un poco más a la hora de plantear la conclusión de la película. Por otro lado, hay que reconocer que algunos pasajes son excesivamente confusos y que la resolución de algunas secuencias es bastante tópica y precipitada. Por último, en el saco de los contra hay que indicar la manifiesta superficialidad de algunos personajes que, como el interpretado por Colin Farrell, hubieran requerido de una mayor profundidad psicológica por parte del realizador.

Aun reconociendo que Minority Report no es una obra maestra, no podemos negar que estamos ante una gran película, ante una cinta que sabe dosificar a la perfección todos sus elementos y ofrecer un espectáculo que, además de entretenido, contiene y apunta temas lo suficientemente interesantes como para provocar la reflexión en los espectadores. Cine de calidad, cine para entretener y cine que nos hace pensar y cuestionarnos cómo son las cosas en el conjunto de nuestra sociedad: se le puede pedir algo más a una película de dos horas. Modestamente creo que no.

Visión didáctica del film

Tal como hemos señalado al principio de este artículo, Minority Report es una excelente película para ser trabajada dentro del aula. Y lo es no sólo por los incuestionables elementos que propone para el debate, sino porque las características específicas de su argumento nos permitirán aplicarla sobre varias áreas curriculares. Pocas veces nos vamos a encontrar con una cinta tan interesante como ésta, desde el punto de vista de los alumnos, y tan aplicable desde la perspectiva pedagógica. Veamos algunos aspectos concretos.

Como siempre, en primer lugar procederemos a señalar algunas cuestiones que se han de trabajar antes del visionado de la película y que ayudarán a que la optimización de la cinta sea mucho mayor. Así, antes de la proyección tendríamos que incidir sobre.

  • El tema y el concepto moral en el que se basa la película.
  • Esbozar los aspectos específicos sobre los que los alumnos han de reflexionar durante el visionado: ¿Es ético el sistema de detección de delincuentes? ¿Puede una sociedad permitirse una indefensión como esa? ¿Qué es más importante la seguridad general o el libre albedrío?
  • Comentar y analizar las motivaciones de los personajes y relacionarlas con su comportamiento.
  • Introducir la obra de Philip K. Dick y relacionarla con el sentido de la película. Hablar de otras novelas suyas que han sido adaptadas al cine.
  • Hablar del cine de ciencia-ficción y de sus posibilidades como elemento de aprendizaje dentro del aula. Dar tres o cuatro ideas sobre la obra del director Steven Spielberg.

Una vez se hayan analizado todas estas cuestiones, que consideramos fundamentales para la plena comprensión de la obra, ya podemos entrar a trabajar las áreas específicas. Como decimos siempre, será el profesor quién, en última instancia, decida que es lo que más le interesa de la ficción. Nosotros desde aquí solo podemos esbozar algunas pautas e indicios que consideramos pueden resultar útiles. Así, desde nuestro punto de vista la cinta se podría adecuar a las áreas de:

Lengua y Literatura

La película se basa en un excelente relato corto de uno de los genios de la literatura fantástica: Philip K. Dick. A partir de este hecho no sólo podemos hablarle a nuestros alumnos sobre este género y este autor, sino que podemos ir un poco más lejos e introducir a todos esos autores clásicos que, como Julio Verne, fueron precursores de este tipo de literatura. Uno de los objetivos básicos de esta actividad sería motivar a los alumnos hacia la lectura de obras que les pueden resultar asequibles y sumamente entretenidas.

Dentro del área de Lengua, una de las actividades que les podríamos plantear es que confeccionaran un relato de ciencia-ficción en el que se expresaran algunas de las ideas que aparecen en la película. La escritura de este cuento no sólo les permitiría ejercitar el uso de la lengua, sino que también ayudaría a que reflexionaran sobre algunos de los aspectos éticos y morales que aparecen magníficamente esbozados en Minority Report.

Otra actividad vendría de comparar la película con el relato y estudiar así las diferencias que se producen entre el lenguaje visual y escrito. Este ejercicio nos permitiría conocer los distintos recursos narrativos que se utilizan a la hora de contar historias.

Conocimiento del Medio Social

La película nos ofrece una visión muy específica de cómo será el futuro dentro de cincuenta años. Uno de los aspectos más curiosos es constatar como lo que han cambiado son sólo algunas cosas, especialmente aquellas relacionadas con la tecnología, pero, por el contrario, otras permanecen absolutamente igual. Teniendo en cuenta este hecho, sería interesante ver con nuestros alumnos cómo ha cambiado nuestra forma de vida en los últimos cincuenta años. Este ejercicio es sumamente válido, ya que no sólo nos centraríamos en los elementos tecnológicos, sino que también observaríamos como han cambiado los derechos, la forma de vivir y relacionarse de las personas, etc. Este ejercicio nos ayudará a ser conscientes de cómo los cambios sociales pueden ayudar a que una sociedad sea mecho mejor. La evolución del hombre no sólo viene dada por los grandes inventos, sino también por las ideas que han revolucionado nuestra forma de entender la vida.

Ciencias Experimentales

Cualquier película de ciencia-ficción, por razones obvias, nos puede dar un gran juego si la enfocamos dentro del ámbito de las Ciencias Experimentales. Y ello no sólo por que a partir de ella podemos estudiar determinados fundamentos relacionados con la tecnología, sino por que los elementos de ficción nos pueden servir para explicar leyes físicas y matemáticas. En el caso de Minority Report, podríamos analizar, desde una perspectiva absolutamente científica: si es posible que un coche circule de esa forma; si sería técnicamente viable utilizar un aparato que nos permitiera volar; si, desde el ámbito de la biología, sería posible utilizar prótesis que sustituyeran partes de nuestro cuerpo; etc. El cine de ficción permite muchas posibilidades en el trabajo de la ciencia y esta cinta no es menos.

Educación en valores

Sobre el área curricular que más y mejor podemos incidir a la hora de trabajar con esta película es dentro de la Educación en Valores. Una de las cosas más interesantes que contiene la obra de Spielberg viene dada por la innumerable cantidad de elementos para la reflexión que sus imágenes nos ofrecen. Veamos algunos de ellos.

Desde el punto de vista de la ética la cuestión está clara: ¿Es lícito esta forma de detectar y detener a los delincuentes? Son muchas las voces que desde nuestra sociedad reclama mejores medidas para evitar la delincuencia (policía más dura, videocámaras en la calle, teléfonos pinchados...), con lo que plantearnos las repercusiones que tendría un sistema como ese sería muy interesante. Este concepto nos permitiría analizar también los límites del estado de derecho, la importancia de respetar las libertades individuales y las motivaciones, de todo tipo, que pueden llevar a una persona a cometer delitos. Plantear a nuestros alumnos si existen otros sistemas más lícitos, éticos y humanos de combatir y prevenir la delincuencia nos podría dar una perspectiva interesante del problema.

Por otro lado, la cinta nos permitirá trabajar conceptos como los derechos del hombre y los límites de la libertad individual. La dicotomía entre bien común y derechos individuales es también un aspecto sobre el que tenemos que centrar nuestra atención. ¿Cuántas veces en nuestro mundo se atenta contra los derechos de la persona? Esa podría ser una buena pregunta para empezar el debate.

El tema de la autoestima también está presente en la cinta. El protagonista es incapaz de hacer frente al dolor que le produce la pérdida de su hijo y por eso recurre a la soledad y a las drogas para soportar mejor el día a día de su vida. La soledad en la que se encuentra es la que le lleva a vivir al límite y centrar su vida en el trabajo. Conceptos como el respeto a uno mismo, la solidaridad o la necesidad de ayudar a los demás se pueden intercalar con aspectos más concretos como hablar del consumo de drogas y de su prevención.

Por último, dentro de la Educación en Valores también podríamos reflexionar sobre los límites de la ciencia, aplicándolo a cuestiones relativas a nuestra realidad, como por ejemplo la clonación o determinados tipos de investigación médica. ¿Es lícito investigar y utilizar a seres humanos en medicina en pro de un presunto bien común? La figura de los Pre-Cog se podría extrapolar a otros ámbitos de la investigación científica.

Como puede comprobarse, se trata de una cinta que ofrece innumerables opciones para trabajar con el cine dentro del aula de una manera entretenida y perfectamente integrada en el currículo escolar.

Hasta aquí esta videoteca dedicada a la Infancia en la que hemos repasado las cintas más interesantes relativas a esta temática tan vinculada a la educación, en el sentido más amplio de la palabra. Films que tratan aspectos muy diversos (y complementarios) de uno de los momentos vitales más determinantes de la evolución del individuo. Esperamos que os  haya servido de ayuda y no dudéis en aplicarlo en el aula.

Nacho Jarne Esparcia

Autor: Nacho Jarne Esparcia

Nacho Jarne Esparcia es profesor de Tecnología Educativa de la Universidad de Barcelona.


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